Mujeres en el teatro en el Antiguo Régimen. Segunda parte
- Escrito por Eduardo Montagut
- Publicado en Historalia
En la segunda mitad del siglo XVII y principios del XVIII destacó María de Navas, nacida en Milán en 1666 y fallecida en Madrid en 1721. Aprendió a ser actriz con su padre, Alonso de Navas, y comenzó a trabajar cuando la familia llegó desde Italia a Barcelona en 1678. Su padre y ella entraron en una compañía que les llevó a Valencia. Después, María trabajó en Madrid, ya sin dependencia de familiares.
María tuvo una vida personal agitada. Se casó tres veces. El primer matrimonio fue anulado porque el marido había sido fraile. Después se casó con el actor Francisco Montero, siendo el tercer esposo, el apuntador Ventura de Castro. En todo caso, tampoco debió ser una buena relación porque a la altura de 1700 se habían separado, justo cuando decidió dejar los escenarios para entrar en un convento de Madrid.
Pero dejó la vida religiosa y decidió regresar a los escenarios como empresaria de una compañía en 1702, aunque como era mujer no podía ser autora-empresaria. Como era habitual en el mundo del teatro en relación con las actrices en aquella época, tuvo que hacer frente a distintos escándalos y libelos, provocando a María no pocos problemas.
En el siglo XVIII conocemos mucho mejor los datos biográficos de las actrices, seguramente porque su condición social mejoró, en cierta medida, en la época de las Luces. En primer lugar, contaríamos con la madrileña María Ignacia Ibáñez (1745-1771), hija del actor y autor de sainetes Bartolomé Ibáñez. Estuvo en la compañía de la actriz y empresaria María Hidalgo en el Teatro de la Cruz hacia 1768, para luego cambiar de compañía al año siguiente. En 1770 destacó como protagonista de Hormesinda, una tragedia de Nicolás Fernández de Moratín. Al parecer, muy sonado fue su romance con el militar y escritor José Cadalso que quiso casarse con ella frente al rechazo de sus amigos y del propio ejército porque por mucho que las actrices hubieran mejorado en su consideración social frente a la época barroca seguían con el estigma que les imponía la moral pacata. Al final, no se casaron. Cadalso escribió un papel para ella en la tragedia Don Sancho García, conde de Castilla, una obra que no tuvo ningún éxito.
Murió con apenas 22 años por fiebres tifoideas. Se generó toda una leyenda romántica sobre el supuesto intento de Cadalso de desenterrar a su amada, un hecho que recogió en su obra Noches Lúgubres (1798). En todo caso, aquel hecho no tuvo lugar y la leyenda la debió fomentar el propio Cadalso.
María del Rosario Fernández, la “Tirana” (1755-1803) fue, sin lugar a dudas, la actriz más famosa del siglo XVIII, inmortalizada por Goya en dos retratos, uno de 1792 y el otro de dos años después, que conserva la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando.
Al parecer, la joven sevillana se formó en la escuela de teatro que fundó Olavide en Sevilla. Con dieciocho años se trasladó a Madrid, debutando con la compañía de José Clavijo y Fajardo en el año 1773. Se casó con el actor Francisco Castellanos, el “Tirano”. Ambos viajaron a Barcelona al caer el conde de Aranda y Floridablanca recortó el dinero en 1777 en relación con las compañías de los Reales Sitios. El matrimonio se puso a trabajar para poner en marcha un teatro en la capital catalana, pero en 1780 la Junta de Teatros de Madrid reclamó a María del Rosario.
Fue actriz de comedia en la compañía de Manuel Martínez, pero su gran éxito llegó con sus papeles en tragedias clásicas. En todo caso, Leandro Fernández de Moratín lanzó una crítica muy ilustrada por lo sutil a su estilo declamatorio. También interpretó a Calderón, Racine, Goldoni y Molière.
Se jubiló como la primera dama de los teatros de la Cortes en 1794 por una enfermedad.
Antonia Zárate (1775-1811) ya se encontraría entre ambos siglos. Natural de Barcelona, aunque de ascendencia vasca, era hija de un actor y se casó también con otro actor y cantante, Bernardo Gil y Aguado. Ambos comenzaron a actuar juntos en Madrid. En 1796 nacería su hijo, el escritor y pedagogo Antonio Gil y Zárate. Trabajó en el Coliseo del Príncipe y en el Teatro de los Caños del Peral. Tuvo la suerte de ser retratada dos veces por Goya, una en vida, en 1810 y otra como retrato póstumo al año siguiente por encargo de su hijo.
Antonia Prado (1765-1830) también se encontraría entre dos siglos. No han quedado muchos datos de su origen. Hacia 1784 se la situaría en Madrid trabajando en la compañía que en ese momento actuaba en el Teatro del Príncipe donde debutó con un papel principal en El monstruo de la fortuna. Se casó con el gran actor de su época, Isidoro Máiquez que intentó mejorar su estilo y declamación pero sin mucho éxito. El matrimonio, en todo caso, no parece que fuera muy feliz. Se retiró de la escena y murió en la pobreza.
La valenciana Luisa Santamaría Moreno (1827-1883) fue actriz de zarzuela. Su familia estaba asociada al teatro y a la música. Estudió con su madre, Benita Moreno, y también estuvo como alumna interna en un colegio parisino. En 1848 regresó a España y comenzó a trabajar como tiple secundaria en compañías de ópera italianas, recorriendo medio país. En 1850 se incorporó al Teatro Real y trabajó al año siguiente en la ópera Norma. Tras su matrimonio con Juan Losada y Astray se retiró de la escena, pero por poco tiempo. Al ser consciente de las pocas salidas profesionales con la ópera y el éxito creciente de la zarzuela hacia este género se encaminó, incorporándose al Teatro del Circo. Saltó a la fama gracias a su trabajo en El estreno de una artista de Joaquín Gaztambide, que compuso más piezas para ella. Trabajó en Cádiz y en el madrileño Teatro de la Zarzuela. Estrenó obras de Cristóbal Oudrid y Emilio Arrieta. También actuó en Andalucía. Consiguió una posición afamada gracias a sus interpretaciones en zarzuelas con temas románticos e históricos.
Por fin, Balbina Valverde (1840-1910) nació en Badajoz, siendo hermana del compositor Joaquín Valverde. Al morir su padre, la familia pasó a residir en Madrid donde ingresaría en el Conservatorio. Allí pudo aprender con Julián Roma. --La recomendación de Ventura de la Vega le permitió entrar en la compañía del Teatro del Príncipe, debutando con una obra de Hartzenbusch. Se especializó en papeles de comedia y llegó a estrenar más de trescientas cincuenta obras de teatro. Emilia Pardo Bazán escribió para ella un monólogo, El vestido de boda, que estrenó en febrero de 1898. Estuvo en la inauguración y al frente del Teatro Lara donde trabajó casi hasta su fallecimiento. Su último gran éxito fue en la obra Los intereses creados de Jacinto Benavente en 1907. Su entierro, por decisión municipal, fue una procesión por los principales.
Eduardo Montagut
Doctor en Historia. Autor de trabajos de investigación en Historia Moderna y Contemporánea, así como de Memoria Histórica.
Premio Mejor Aliado 2024 de la Asociación Blanco, Negro y Magenta.
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