Barcelona en tiempos de los Austrias. I
- Escrito por Eduardo Montagut
- Publicado en Historalia
Barcelona no parecía una ciudad próspera en los inicios del siglo XVI después de lo que había sufrido en la crisis bajomedieval. En esos primeros tiempos comenzó a padecer escasez de trigo y eso generó hambre, el caldo de cultivo perfecto para que las epidemias se cebasen en la población. En todo caso, y en compensación, la Sentencia Arbitral de Guadalupe de la mano de Fernando el Católico, fue un hecho positivo para la agricultura al beneficiar a los payeses, y se produjo, además, una muy necesaria llegada de inmigrantes de la Occitania que, al menos, ayudaron a paliar las crisis demográficas periódicas.
La peste asoló Barcelona en muchas ocasiones durante la Edad Moderna. Sabemos que hubo epidemias en 1507, 1515 y 1520. No fueron episodios muy graves, pero entre 1530 y 1532 tuvo lugar una epidemia extremadamente dura, así como entre 1588 y 1589. Se sabe que en ese último año en el verano fallecieron más de tres mil personas, una cifra nada desdeñable para la época. Otra gran epidemia tuvo lugar, ya en el siglo XVII, entre 1650 y 1652, coincidiendo con el conflicto generado por la Guerra dels Segadors. La última gran peste tendría lugar en el año 1705 en plena Guerra de Secesión con diez mil víctimas, una cifra impresionante, sin lugar a dudas.
Para combatir las epidemias se intentaba controlar el acceso a la ciudad por tierra y mar, se trabajaba por garantizar los abastecimientos y se ordenaba el confinamiento de los contagiados, además de velar para que los médicos y cirujanos no se fueran de la ciudad, medidas muy parecidas a las que se establecían en casi todas las ciudades europeas en tiempos de epidemias durante la época moderna. También se extremaba la vigilancia urbana. Se recogía a los difuntos en carros para proceder a practicar entierros inmediatos y se quemaba sus ropas y pertenencias. Por fin, se buscaba la ayuda de la intervención divina con procesiones, peregrinaciones y oraciones. Si se superaba la epidemia se solía celebrar un Te Deum porque es el cántico litúrgico de acción de gracias de la Iglesia católica. La ciudad Barcelona compró en el año 1562 el Monasterio de los Ángeles Viejos para reconvertirlo en hospital de peste, pero estaba muy cerca de la ciudad, por lo que en 1651 se decidió que los contagiados fueran instalados en el Monasterio de Jesús.
Tanto en el siglo XVI como en el XVII se vivió un claro incremento del poder de los gremios y las cofradías, existentes desde la época medieval. Como es sabido, los gremios eran agrupaciones o asociaciones de artesanos de un oficio, que regulaban todo lo relacionado con el mismo, desde las materias primas hasta el proceso de producción y venta, además de atender aspectos sociales y asistenciales de sus miembros, como serían las enfermedades o los entierros. Importante era la formación y jerarquía interna a través de tres categorías: aprendices, oficiales y maestros, siendo éstos los que gobernaban estas corporaciones. Se fueron haciendo cada vez más poderosos y consiguieron en 1641 representación en el gobierno de la ciudad a través de dos consejeros.
En la época moderna fueron especialmente poderosos los gremios dedicados a la producción textil. En este sentido, fue muy importante el gremio de velers, es decir, los fabricantes de velos, telas finas de seda, que comenzaron a funcionar en el siglo XVI. Las autoridades del gremio se reunían en una sala del convento de Santa Catalina, pero, luego, en el siglo XVIII decidieron levantar su propio edificio. Por su parte, los zapateros, seguramente el oficio que antes formó un gremio en la Edad Media, se hicieron construir una casa en 1565 en la calle de la Corríbia. En la calle de la Boria los caldereros contaron con una casa en el mismo siglo XVI. Los revendedores fueron también muy importantes, pero tardaron un poco en tener una sede propia, ya que siendo un gremio medieval esperaron hasta el siglo XVII para levantar una casa en la plaza del Pi con una escultura de San Miguel en la fachada.
Aunque Barcelona no podía comerciar directamente con América porque no pertenecía a la Corona de Castilla, sí se benefició parcialmente de forma indirecta a través del comercio de cabotaje con Sevilla y Cádiz, especialmente en paños, vidrio, cuero y libros, sin olvidar los productos de origen agrario como el vino, el aguardiente y los frutos secos.
Otra vía comercial importante para Barcelona fue la reactivación de las relaciones con Zaragoza, que se convirtió en una puerta para que los productos catalanes pudieran llegar a Castilla.
Eduardo Montagut
Doctor en Historia. Autor de trabajos de investigación en Historia Moderna y Contemporánea, así como de Memoria Histórica.
Premio Mejor Aliado 2024 de la Asociación Blanco, Negro y Magenta.