La Unión Dinástica y Barcelona
- Escrito por Eduardo Montagut
- Publicado en Historalia
En el año 1469 se casaron Isabel de Castilla y Fernando de Aragón. Diez años después moría Juan II de Aragón, y le sucedía en el trono Fernando. De esa manera, las dos principales Coronas peninsulares, la castellana y la aragonesa quedaban unidas relativamente. En el año 1475 ambos esposos firmaron la conocida como Concordia de Segovia, un acuerdo fundamental porque estableció que ambos gobernarían conjuntamente sus reinos, además de delimitar sus respectivos poderes. La Unión dinástica de los Reyes Católicos no significó la creación de una Monarquía unitaria y centralizada. No se produjo una unificación política de las dos Coronas, ya que cada una de ellas conservó sus leyes e instituciones propias.
Castilla superaba a Aragón en extensión territorial, riqueza y demografía; de hecho, tenía una economía más potente, basada en la exportación de la lana en estrecha relación con la Mesta, además de que muy pronto se desarrollaría la aventura americana, mientras el comercio catalán seguía en crisis, parcialmente compensado con el auge de Valencia. En cuestiones institucionales, Castilla era una Corona unida, al contrario que la Corona aragonesa, formada por otra unión dinástica de reinos. En Castilla el poder real se fortaleció con el triunfo de Isabel en la Guerra civil, en relación con la sucesión contra Juana, denominada la Beltraneja, hija de su hermano Enrique IV. Estaríamos ante una Monarquía autoritaria frente al modelo aragonés donde se mantuvo el pactismo con los fueros establecidos, así como con las instituciones que los garantizaban (Cortes, Diputaciones del General, Generalitat, Justicia de Aragón…). Esta situación no fue obstáculo para que ambos monarcas tuvieran un claro sentido de que había que fortalecer los poderes del Estado, aunque solamente pudieron alcanzarlo, en gran medida, en Castilla, pero no en los estados de la Corona de Aragón. Precisamente, en las Cortes de Barcelona de 1480-1481 se estableció el sometimiento del rey a la observancia y cumplimiento de las constituciones catalanas. Tras el duro conflicto de la Guerra civil catalana Fernando inició la política conocida como el Redreçament (reforma) que ratificaba el pactismo, y que se mantuvo durante la época de los Austrias, alejando a Cataluña de la práctica del absolutismo.
En todo caso, la nueva realidad política sí afectó, en cierta medida, a Barcelona y Cataluña. En 1484 se instauró el Santo Oficio de la Inquisición en Barcelona, nombrándose como primer inquisidor al dominico Alonso de Espina. El tribunal se estableció en el Palacio Real Mayor. En 1488 se celebró el primer auto de fe en la capital condal, y que llevaría a la hoguera a cuatro personas. Los autos de fe se celebraban en la Plaza del Rey, y luego en el Borne, y hasta en la catedral o en algunas iglesias. La hoguera se levantaba en el Canyet, extramuros de la ciudad. El establecimiento del Santo Oficio en cada uno de los territorios de la Corona de Aragón debe ser interpretado como un triunfo de la Corona porque era imponer una institución, que al final se gobernaba a través de un Consejo en la Corte, es decir, como un medio de control religioso y político. En todo caso, no fue fácil introducir la Inquisición ni en Aragón ni en Cataluña y el rey Fernando tuvo que realizar varios intentos porque su establecimiento chocaba con los fueros y libertades de estos territorios.
Cataluña también sufrió la expulsión de los judíos por el Edicto dado por los Reyes Católicos el 31 de marzo de 1492. El plazo para salir expiraba el 31 de julio de ese año. Los judíos catalanes que no se convirtieron al cristianismo, pasando a ser, en consecuencia, judeoconversos, se marcharon mayoritariamente a Italia, en Sicilia, Nápoles, Livorno y Roma. Al parecer, en la Ciudad Eterna se desarrolló una importante colonia judía catalana. En el año 1519, el papa León X otorgó a dicha comunidad el derecho a ampliar la misma y trasladar la sinagoga a un edificio nuevo. A fines de 1527 las comunidades aragonesa y catalana se unieron. Los judíos catalanes pudieron permanecer fuera del gueto cuando éste se formó en Roma en el año 1555. Todavía en el siglo XIX se censaban más de ochocientos judíos de origen catalán.
Pero también hubo muchos judíos catalanes en el Imperio Otomano, especialmente en Salónica, manteniendo su propia personalidad frente al resto de judíos sefardíes. Una tercera comunidad judía catalana se asentaría en Argel.
Por su parte, Fernando el Católico sufrió un atentado en Barcelona en el año 1492 por parte de un campesino, Juan de Cañamares, hiriéndole en el cuello. Al parecer, fue obra de un perturbado.
Un aspecto importante en el gobierno de Cataluña y de Barcelona fue la aplicación en la Generalitat y en la administración municipal de Barcelona y de otras poblaciones del procedimiento de nombramientos de cargos a través del sistema de la insaculación. El sistema fue implantado por el rey Fernando a través de los privilegios de 1498, que se ampliaron al año siguiente. La insaculación era un procedimiento basado en el sorteo al ponerse en un saco o bolsa bolas o cédulas con el nombre de los que podían ser nombrados. Las elecciones para los cargos habían generado muchos problemas y luchas intestinas en la crisis bajomedieval. Este sistema se empleó hasta la implantación del Decreto de Nueva Planta, en enero de 1716. En principio el rey Fernando intervenía en las elecciones a través del derecho de habilitación o escrutinio al estar en la preparación de las listas de los que iban a ser insaculados, aunque en 1516 este privilegio revirtió en el gobierno municipal. A finales del siglo XVI anualmente se nombraba habilitadores de los cuatro brazos o estamentos que se encargaban de supervisar los nominados y todo el proceso de insaculación.
Los Reyes Católicos recibieron en Barcelona a Cristóbal Colón cuando regresó de su primer viaje en 1493. Ese fue también el año en el que los Reyes firmaron el Tratado de Barcelona con el rey Carlos VIII de Francia, por el que se recuperaban el Rosellón y la Cerdaña, que habían sido tomados por Francia durante la Guerra civil. A cambio, se reconocieron los derechos del monarca galo sobre el reino de Nápoles, pero, como es sabido, pronto estallarían las Guerras de Italia, cuyo resultado fue la victoria de Fernando, y la reincorporación de Nápoles a la Corona de Aragón.
Ambas Coronas, la de Castilla y la de Aragón, pudieron llegar a separarse al morir Isabel porque la reina dejó en su testamento como heredera de Castilla a su hija Juana. Fernando quedaría como rey propietario de Aragón, pero actuaría como regente ante los problemas de su hija hasta la mayoría edad de su nieto, Carlos, hijo de Juana de Castilla y Felipe el Hermoso. Fernando actuaría, en efecto, como regente ante la repentina muerte de Felipe, el rey consorte. Pero Fernando se casó con Germana de Foix, sobrina del rey de Francia. Si el hijo varón de ambos hubiera sobrevivido habría sido rey de Aragón. El azar hizo que ambas Coronas recayesen, al final, en un joven Carlos, nieto de los Reyes Católicos, que vivía en Flandes, y que también llegaría a ser emperador del Sacro Imperio Romano Germánico, sin olvidar sus riquísimas posesiones de la Casa de Borgoña.
Eduardo Montagut
Doctor en Historia. Autor de trabajos de investigación en Historia Moderna y Contemporánea, así como de Memoria Histórica.
Premio Mejor Aliado 2024 de la Asociación Blanco, Negro y Magenta.