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La Guerra del Francés


(Tiempo de lectura: 2 - 4 minutos)

La Guerra de la Independencia, conocida en Cataluña como la Guerra del Francés, tuvo una evidente repercusión en Barcelona.

El 13 de febrero de 1808 el general Duhesme ocupó Barcelona, dentro del plan de Napoleón a raíz del Tratado de Fontainebleau que permitía la entrada de las tropas francesas para invadir en su momento a Portugal. Como es sabido, la salida de los últimos miembros de la familia real desde Madrid a Bayona para tratar sobre el futuro de la Corona española, desencadenó el levantamiento del dos de mayo en Madrid y el inicio en sí de la Guerra.

En Barcelona hubo revueltas populares que, además, tuvieron un marcado carácter social, ya que se discutía en las mismas la necesidad de pagar impuestos, como lo atestiguaría el grito de los amotinados, si no tenim rei, no hem de pagar, es decir, “si no tenemos rey, no hemos de pagar”. Cataluña fue el territorio que más tiempo estuvo bajo ocupación francesa, aunque debe ser matizada esta afirmación porque la ocupación efectiva fue evidente en las ciudades, comenzando por Barcelona, pero no tanto en el ámbito rural. Así por ejemplo, las tropas francesas en la capital catalana no solían pasar la línea del Llobregat, lo que generaba un estado casi permanente de tensión y guerra. En este sentido, también hay que reseñar que el grado de rechazo a los franceses fue muy alto, seguramente el más alto de toda España. En el caso de las clases populares, además de albergar un sentimiento tradicional antifrancés, fruto de la relativa cercanía y de los agravios seculares, se unía época de de crisis económica muy evidente, que propició la creencia de que el rey ausente, el que luego sería conocido como el Deseado, es decir, Fernando VII podía devolver la prosperidad perdida. La Iglesia catalana contribuyó, además, a fomentar un aire de guerra santa o cruzada contra los franceses.

En todo caso, en Cataluña y en Barcelona también se produjo el fenómeno de los afrancesados, es decir, de los que aceptaron el cambio de régimen, ya fuera por oportunismo, ya por convicción al creer que la nueva situación favorecería la implantación de las reformas moderadas que no se habían podido llevar a cabo con los Borbones. Entre los afrancesados más destacados y convencidos estuvieron Tomàs de Puig, Josep Garriga, que fue diputado en Bayona y comisario de José I en Cataluña, Josep Pujol i March, responsable del Diario de Barcelona, y Melchor de Guàrdia.

En noviembre de 1808 la ciudad fue asediada por el general Juan Miguel de Vives con al apoyo desde el mar de la marina británica, que efectuó un bombardeo sobre la misma el día 19. Pero los franceses repelieron el sitio gracias a los refuerzos de Saint-Cyr, en las batallas de Cardedeu y Molins de Rey a mediados de diciembre. La ciudad, por lo tanto, siguió en manos francesas.

El 9 de marzo de 1809 la ciudad estuvo a punto de ser liberada por el guerrillero Juan Pablo Clarós, pero un temporal impidió intervenir a la flota británica, imprescindible para la liberación. El día 12 de mayo estaría, por su parte, el denominado complot de la Ascensión con el fin de organizar una sublevación, pero uno de los conspiradores traicionó la operación y se desbarató el plan, con ajusticiamiento de algunos detenidos. Se dio la circunstancia de que el día de la ejecución algunos barceloneses repicaron las campanas llamando a somatén, siendo detenidos y ejecutados.

La ocupación francesa de Cataluña se completó en 1811. El 26 de enero de 1812, a los pocos días de la conquista de Valencia por parte del mariscal Suchet, Napoleón promulgó un Decreto por el cual Cataluña era incorporada al Imperio francés, aunque en la disposición no se empleaba el término de anexión. Cataluña fue dividida en cuatro departamentos, siendo Barcelona capital del denominado departamento de Montserrat.

La retirada de Madrid por parte de José I en 1813, el avance del ejército anglo-portugués al mano de Wellington y la decisiva Batalla de Vitoria en junio, precipitaron el final de la ocupación francesa en España. En agosto de 1813 un ejército hispano-inglés tomaba Tarragona y se iniciaba el sitio de Barcelona, defendida por el mariscal Suchet. Después se hizo cargo de la defensa de Barcelona el general Habert. Consiguió mantener el dominio de la misma aún después de la caída de Napoleón en abril de 1814. Las tropas francesas abandonaron la ciudad el 28 de mayo, cuando Fernando VII llevaba ya dos semanas en Madrid.

Mientras duró la ocupación francesa hubo catalanes que contribuyeron al proyecto de cambio que se formuló en las Cortes de Cádiz. Al menos, quince diputados de las mismas fueron catalanes, y dos de ellos naturales de Barcelona, Antoni de Capmany y Ramón Lázaro de Dou.

Doctor en Historia. Autor de trabajos de investigación en Historia Moderna y Contemporánea, así como de Memoria Histórica.

Premio Mejor Aliado 2024 de la Asociación Blanco, Negro y Magenta.

 


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