La frustrada reforma liberal en el absolutismo: Martín de Garay
- Escrito por Eduardo Montagut
- Publicado en Historalia
Martín de Garay se encargó en el Sexenio Absolutista de las cuestiones hacendísticas y planteó una reforma que estableció un sistema mixto impositivo (imposición directa e imposición indirecta) y con características liberales porque era consciente de que una vuelta a un sistema fiscal propio del Antiguo Régimen era inviable a tenor del extraordinario déficit público después de la Guerra de la Independencia y con los procesos de emancipación americana reanudándose, con la consiguiente finalización de la llegada de recursos del continente americano, con la plata como principal de todos ellos.
El economista Martín y Garay había sido secretario de la Junta Suprema en 1808 y en ese puesto había demostrado su valía en cuestiones internacionales, en especial con los británicos. Además, estuvo en la Comisión de Cortes para su convocatoria en 1810 y perteneció en Cádiz al Consejo de Estado. Era de ideas liberales y fue amigo de Jovellanos cuando ambos se encontraban en la Junta Suprema. Sobrevivió al regreso del absolutismo y fue protector del Canal Imperial de Aragón, consiguiendo que volviera a tener importancia después de muchos años de abandono. Curiosamente, fue nombrado ministro de Hacienda por Fernando VII seguramente por su valía y porque los problemas hacendísticos eran tan graves que necesitaban un experto para evitar la bancarrota. El nombramiento se produjo en 1816.
Martín de Garay fue un político con alturas de miras y gran defensor del interés público sobre el individual, es decir, que, aunque inspirado en las ideas liberales, no era, en sí un individualista, y pensaba en términos de justicia equitativa fiscal en beneficio del Estado. En realidad, defendió un evidente intervencionismo del Estado, pero contra los privilegios fiscales y sociales en favor de la población en general.
Elaboró dos memorias. Un de ellas trataba de la solución de los problemas de Hacienda y otra acerca del crédito público. Fue el primer político español con una idea global de las finanzas públicas y de un sistema total de reformas. Sus objetivos pasaban por reducir el gasto público y aumentar los ingresos, estableciendo una contribución general que sustituyese la variedad de impuestos existentes. El sistema, como hemos indicado, era mixto, es decir que combinaba la única contribución que dependía de la riqueza personal, con una fiscalidad indirecta sobre los derechos de puertas de las ciudades más prósperas y destacadas.
Pero la lucidez del ministro reformista se topó con la cerrazón de los estamentos privilegiados que no habían pretendido terminar con la Revolución liberal iniciada en Cádiz para aceptar el fin de su posición especial en materia fiscal. Además, en 1820 se entró en una etapa de depresión económica mundial. La reforma tributaria no prosperó, por lo tanto. Martín de Garay dejó de ser ministro en 1818. En todo caso, es indudable que los planteamientos del ministro no cayeron en saco roto porque en los mismos se inspiró la futura reforma liberal en tiempos de la Década Moderada del reinado de Isabel II.
Antes, Luis López Ballesteros, en cierta medida discípulo de Garay, pensó en la necesidad de potenciar los impuestos directos de producto. Por otro lado, este ministro recuperó la idea del presupuesto, aunque, al encontrarnos en una época absolutista sin el carácter de público y de fiscalización, algo que no tendría lugar hasta el establecimiento definitivo del Estado liberal.
Eduardo Montagut
Doctor en Historia. Autor de trabajos de investigación en Historia Moderna y Contemporánea, así como de Memoria Histórica.
Premio Mejor Aliado 2024 de la Asociación Blanco, Negro y Magenta.