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La cuestión de los niños en las calles en la España de los años veinte


En la segunda mitad de los años veinte se discutió sobre el comportamiento de los niños en las calles. Los Ayuntamientos se empeñaron en castigar las acciones y travesuras niños y adolescentes con multas y sanciones que debían pagar los padres. Pues bien, los socialistas plantearon la cuestión desde otro punto de vista. Sin dejar de admitir que, en ocasiones, había bandas de chavales que contravenían los “preceptos de la policía urbana”, la responsabilidad de estas acciones no podía imputarse a quienes carecían de medios para ejercer la vigilancia y cuidados necesarios sobre los hijos. Había, por lo tanto, otra lectura, que buscaba las causas de estos comportamientos y soluciones que no pasaban por reprimir.

El Socialista afirmaba que los ediles condenaban a los hijos de los pobres a permanecer encerrados en sus viviendas que, como era notorio, carecían de las comodidades y del espacio necesario para poder vivir adecuadamente, y menos los niños, además de negarles las ventajas del aire libre, hacinados en viviendas insalubres. Pero en España faltaban parques infantiles, un tema que hemos tratado, en cierta medida, en otro trabajo en El Obrero, y también se carecía de escuelas. Por su parte, en los jardines existentes predominaba el alambrado, es decir, era muy difícil poder jugar.

Otro problema tenía que ver con los hechos de gamberrismo que se producían en los tranvías, el medio de transporte más común en las ciudades españolas (solamente Madrid contaba con Metro), protagonizados por chavales de entre diez y catorce años que recorrían la ciudad cumpliendo mandados de comercios, oficinas, etc.. para sacar con que aligerar las cargas de sus hogares, y que tampoco iban a la escuela.

Para los socialistas se trataba de una cuestión de educación ciudadana, pero no de represión de los jóvenes. El problema residía, no sólo en la falta de escuelas y parques, sino también en que la calle era una mala escuela para los chicos. Se aludía como en Carnaval y en Navidad se multiplicaban las escenas de “incultura”, aunque no hacía falta esperar a celebraciones de las fiestas tradicionales. En cualquier día era fácil ver escenas lamentables protagonizadas por jóvenes ya mayores o por hombres alcoholizados. Eran malos ejemplos para chicos que imitaban esos comportamientos saltando sobre el tope de un tranvía, recortando “toreril y graciosamente a los autos y permitirse extravagancias y cosas respetables” No se quería justificar estas conductas, pero sí había que comprenderlas y disculparlas, señalando las causas de un mal que se quería combatir solamente a golpe de castigos.

En España se había descuidado la urbanidad por parte de quienes tenían responsabilidades de gobierno en las ciudades. La solución pasaba por el maestro de la escuela, pero, eso sí, si los chicos fueran a la misma diariamente, y sin castigos y amenazas, sino por la persuasión, por la educación, para indicarles que sus juegos debían desarrollarse en espacios acondicionados (los parques), pero si los Ayuntamientos los habilitaran para las expansiones de los chicos.

Los niños españoles, casi todos ellos obreros, no tenía parques propios, como hemos señalado, ni disponían de recursos para salir de la ciudad a expansionarse. Era deber municipal que se les procurase espacios libres, no alejados en demasía de sus domicilios, donde sin peligro para ellos, ni molestias para el vecindario, pudieran dar rienda suelta a sus impulsos.

Y a los chicos, que por necesidad de sus cometidos tenían que estar en la calle, se podrían buscar otros métodos para hacerles comprender el riesgo que corrían colgándose de los tranvías y otros vehículos, aunque lo que realmente había que hacer era procurar que no tuvieran que trabajar hasta que no alcanzasen la edad señalada para hacerlo.

La ejemplaridad de los castigos que se intentaban aplicar era nula. La solución pasaba por la educación, por procurar espacios propios para los niños y adolescentes, y porque no tuvieran que trabajar a edad tan temprana.

Hemos consultado el número 5467 de El Socialista del mes de marzo de 1927.

Doctor en Historia. Autor de trabajos de investigación en Historia Moderna y Contemporánea, así como de Memoria Histórica.

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