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Mayo de 1921: Un asesinato que cambió el curso de la Historia


Portada de Le Petit Journal con ilustración a página completa de la recreación del momento del asesinato del presidente Dato. Dominio público. Portada de Le Petit Journal con ilustración a página completa de la recreación del momento del asesinato del presidente Dato. Dominio público.

Resulta difícil evaluar las consecuencias de los magnicidios que los anarquistas ejecutaron contra el régimen de la Restauración. En mayo de 1921, la víctima más notable fue Eduardo Dato, presidente del Consejo de Ministros.

A la debilidad de los regímenes liberales que intentaban evolucionar hacia la democracia en la segunda mitad del XIX, hay que añadir los crímenes de los anarquistas, que asesinaron a tres presidentes del Consejo de Ministros (Cánovas, Canalejas y Dato) e intentaron en varias ocasiones acabar con las vidas de Alfonso XIII y del líder conservador Antonio Maura.

En 1874 se publicaban en Madrid cuatro periódicos partidarios de la vuelta de los Borbones. Bajo la influencia de Cánovas del Castillo, el príncipe Alfonso, futuro Alfonso XII, firmó ese año el Manifiesto de Sandhurst, en el que mostraba su disposición a convertirse en rey de una monarquía constitucional. Su proclamación como rey se llevó a cabo el 29 de diciembre de 1875, lo que supuso la restauración borbónica en España y el fin del Sexenio Democrático (1868-1874) y de la Primera República Española (1873-1874).

Después de distanciarse del militarismo y del viejo moderantismo que encarnó el Pronunciamiento de Martínez Campos, Cánovas puso en marcha el sistema de la Restauración. Para marginar y aislar al Partido Progresista Demócrata propuso un sistema bipartidista entre conservadores y progresistas que se alternarían en el poder, siguiendo el modelo británico de tories y whigs que Disraeli y Gladstone personificaban aquellos años.

El sistema político de la Restauración, que se extendió desde 1875 hasta el golpe de Estado de Primo de Rivera de 1923 (48 años: hasta ahora el periodo de parlamentarismo más prolongado de nuestra historia) se basaba en el arbitraje de la Corona, que compartía soberanía con las Cortes. Dada la desmovilización en la participación electoral y la ausencia de candidatos en muchos distritos electorales, los dos principales partidos llamados dinásticos (el Partido Liberal Fusionista de Sagasta y el Liberal Conservador de Cánovas) aceptaban el nombramiento de presidente del Consejo de Ministros por decisión del Rey, a quien se otorgaba la responsabilidad de interpretar el estado de la opinión pública.

El problema eran los fraudes electorales. Para posibilitar el bipartidismo era preciso anular al Partido Progresista por medio de procesos electorales fraudulentos apoyados en el caciquismo rural. Solamente así era factible asegurar la alternancia en el poder y conseguir la ansiada estabilidad política a costa del pucherazo. Haciéndolo, Cánovas accedió siete veces al cargo de presidente del Consejo de Ministros con Alfonso XII.

En 1921, cuando en España reinaba Alfonso XIII, la principal preocupación política era la guerra del Rif, que culminaría ese verano con el Desastre de Annual, y las huelgas y la violencia política desatada en Barcelona. El gobernador civil de la Ciudad Condal, el general Martínez Anido, era partidario de la mano dura y de la ley del talión. El 22 de enero, la violencia incontrolada y la aplicación de la “ley de fugas” elevaron el número de muertos a veintidós en un solo día. El presidente del Consejo de Ministros era Eduardo Dato.

Eduardo Dato Iradier nació en La Coruña en 1856 y muy pronto su familia se trasladó a Madrid, donde se licenció en derecho en la Universidad Central en 1876. En política, Eduardo Dato fue desde el principio un destacado orador parlamentario alineado con los conservadores canovistas. Obtuvo su primera acta de diputado en 1884, por el distrito leonés de Muria de Paredes. Repitió en esta circunscripción hasta que, en 1914, por su vínculo familiar, prefirió el distrito de Vitoria hasta su muerte.

Ilustración del asesinato en un libro de Francisco Pi y Margall. Creative Commons.

Asesinado por el anarquista italiano Michele Angiolillo, Cánovas del Castillo, presidente del Consejo de Ministros, murió el 8 de agosto de 1897 en el balneario guipuzcoano de Mondragón. Muerto Cánovas y liquidado el Gobierno de Sagasta que había presidido el Desastre del 98, Dato ocupó la cartera de Gobernación (1899-1900) en el gabinete regeneracionista dirigido por Francisco Silvela.

En 1902, Silvela le nombró ministro de Gracia y Justicia y, desde entonces, pasó a ser un referente dentro del Partido Conservador, sin que disputara el liderazgo a Antonio Maura, jefe indiscutido de los conservadores hasta 1913. Maura no hizo ministro a Dato en el “Gobierno largo” de 1907, pero le facilitó el acceso a la Alcaldía de Madrid (1907) y señaló su importancia política al facilitarle la elección como presidente del Congreso (1907-1909).

En 1913, tras el asesinato de José Canalejas en 1912 a manos de José Pardiñas, y agotado el mandato liberal del Conde de Romanones, Dato aceptó el encargo del Rey de formar gobierno en lugar de Antonio Maura, que había puesto unas condiciones inaceptables para el monarca. Su primer mandato como presidente del Consejo de Ministros se produjo entre el 27 de octubre de 1913 y el 9 de diciembre de 1915.

Canalejas abatido en la Puerta del Sol delante de la Librería San Martín. Creative Commons.

Después del bienio liberal de Romanones, Dato volvió a la presidencia del Consejo entre el 11 de junio y el 3 de noviembre de 1917. En agosto de 1917 estalló en Barcelona la huelga general revolucionaria con el apoyo de los dos grandes sindicatos (UGT y CNT). Ante una crisis social e institucional de esta magnitud, Dato no dudó en recurrir al ejército para sofocar la huelga. A pesar de la represión, en el mes de octubre las protestas continuaban muy activas y el segundo gobierno de Dato gozaba cada vez de menos autoridad, lo que acabaría con su sustitución por el liberal Manuel García Prieto, puesto al frente de un gobierno de concentración nacional.

Poco duró. En marzo de 1918 se produjo una nueva crisis de gobierno. Como consecuencia, el conservador Antonio Maura formó otro gobierno de concentración nacional, que incorporaba a liberales, conservadores y miembros de la Lliga Regionalista catalana. Dato desempeñó el cargo de ministro de Estado entre el 22 de marzo y el 9 de noviembre de 1918.

En mayo de 1920, siendo jefe del Partido Conservador, Dato volvería a presidir por tercera vez el Consejo de Ministros. Durante su presidencia, el ambiente en Barcelona entre patronal y centrales sindicales alcanzó una gran virulencia. Sometido a una gran presión por parte de los industriales catalanes, Dato finalmente nombraría en noviembre de 1920 al candidato sugerido por la patronal catalana para el cargo de gobernador civil de Barcelona: el general Severiano Martínez Anido.

El 8 de marzo de 1921, con la Barcelona que retrató Eduardo Mendoza en La verdad sobre el caso Savolta y La Ciudad de los prodigios en plena ebullición, el presidente del Consejo de Ministros, Dato regresaba de una sesión en el Senado hacia su casa, próxima a la madrileña plaza de la Independencia. Desde una moto con sidecar, tres pistoleros de Barcelona que conocían la rutina del presidente tirotearon el coche y causaron su muerte.

El vehículo e n el que fue asesinado Dato. Museo del Ejército.

El magnicidio conmocionó a toda España y el Partido Conservador perdió un líder indiscutible que podría haber garantizado un periodo de mayor estabilidad. El Rey presidió en Madrid una impresionante manifestación de duelo en silencio. Como se pudo comprobar dos años más tarde con el golpe de Estado de Primo de Rivera, parecía que se enterraba algo más que a un político eminente. Era el preludio del entierro del régimen de la Restauración.

Hay que llamar la atención sobre el hecho de que en veintitrés años se produjeran tres magnicidios (tres presidentes del Consejo de Ministros: Cánovas, Canalejas y Dato) en pleno ejercicio de sus funciones y disponiendo de unas mayorías en el Congreso y en el Senado que garantizaban una cierta estabilidad. Si unimos estos tres magnicidios a las dificultades de la evolución del sistema liberal decimonónico hacia la democracia que se estaba operando desde 1913, hay que considerar que, en un ambiente de violencia política terrorista, los magnicidios eran un torpedo en la línea de flotación del régimen de la Restauración.

Salvadas todas las distancias, imaginemos que en los 43 años transcurridos entre la Constitución de 1978 y 2021 se hubieran producido tres magnicidios en España. Con seguridad, el régimen de 1978 se habría visto profundamente convulsionado. Una hipótesis de política ficción que sirve para acercarnos a entender la conmoción de 1921 del asesinato de Eduardo Dato, el tercer presidente del Consejo de Ministros asesinado en el ejercicio de su cargo, cuya muerte anticipó la crisis final de la Restauración en 1923.

Catedrático de Universidad de Biología Vegetal de la Universidad de Alcalá. Licenciado en Ciencias Biológicas por la Universidad de Granada y doctor en Ciencias Biológicas por la Universidad Complutense de Madrid.

En la Universidad de Alcalá ha sido Secretario General, Secretario del Consejo Social, Vicerrector de Investigación y Director del Departamento de Biología Vegetal.

Actualmente es Director del Real Jardín Botánico de la Universidad de Alcalá. Fue alcalde de Alcalá de Henares (1999-2003).

En el PSOE federal es actualmente miembro del Consejo Asesor para la Transición Ecológica de la Economía y responsable del Grupo de Biodiversidad.

En relación con la energía, sus libros más conocidos son El fracking ¡vaya timo! y Fracking, el espectro que sobrevuela Europa. En relación con las ciudades, Tratado de Ecología Urbana.