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Irlanda entre la Edad Media y la Edad Moderna


En la segunda mitad del siglo XII, en Irlanda se asistió al conflicto entre Turloch O’Connor, Aird Righ (rey supremo) y rey de Conacht y Dermot MacMurrough, rey de Leinster. Este último pidió ayuda al rey inglés Enrique II, el cual pudo someter la isla en el 1171. Enrique sofocó las revueltas ocasionadas por los excesos del feudalismo normando. Por el Tratado de Windsor (1175) se consagró al rey de Inglaterra como dominus o señor de la isla, mientras que Roy O’Connor, rey de Connacht, conservó el título nominal de Aird Right. Se inauguraba una larga época de tensiones entre las apetencias feudales inglesas y los irlandeses, que se rebelaron en varias ocasiones. Irlanda quedó desatendida por parte de Inglaterra, pero eso no fue obstáculo para que fuera disputada entre la nobleza inglesa y la autóctona.

Entre los siglos XIII y XVI se produjo un retroceso del poder inglés sobre Irlanda. El poder inglés quedó representado por un conjunto de familias aristocráticas anglo-irlandesas fieles a la Corona como los Fitzgerald o los Kildare, que dominaron la isla entre mediados del siglo XV y los años treinta del siglo siguiente. En ese momento, la cuestión religiosa vino a complicar la relación entre Inglaterra e Irlanda, habida cuenta de la ruptura de Enrique VIII con Roma. El monarca Tudor estaba preocupado por el rechazo de Irlanda a abandonar el catolicismo y a reconocer el Acta de Supremacía anglicana. Cuando se adjudicó el título de rey de Irlanda en el 1541, toda la isla se alzó. Enrique respondió confiscando tierras a los irlandeses para otorgárselas a los ingleses. Esta política fue seguida por su sucesor Eduardo VI, y hasta por la católica María Tudor. En tiempos de Isabel I, los irlandeses buscaron el apoyo español y consiguieron derrotar a los ingleses en Yellow Ford, en 1598. Pero los ingleses pudieron sofocar las revueltas, como la del Ulster (1594-1604), provocando que los condes de O’Donnell y O’Neill tuvieran que huir de Irlanda. En ese momento de cambio de siglo Irlanda se convirtió en un territorio en el que los ingleses intentaban imponerse sobre una población autóctona que siempre demostró una resistencia infatigable.

En 1641 se dio un importante levantamiento en el contexto de los conflictos entre el Parlamento y Carlos I Estuardo en Inglaterra. Cuando Cromwell subió al poder se encontró con que los irlandeses eran casi, prácticamente, independientes. En 1649, los ingleses fueron expulsados de la isla, salvo de Dublín. Cromwell decidió poner fin a esta rebelión. Desembarcó el 15 de agosto de 1649 con un poderoso ejército y se presentó como un enviado de Dios para vengar las matanzas de 1641. Su campaña militar se caracterizó por la brutalidad, dejando una huella imborrable en la memoria posterior de los irlandeses. En septiembre ya había tomado Drogheda y la población fue exterminada. El propio Cromwell comunicó al Parlamento esta conquista y cómo se había pasado a cuchillo a la totalidad de sus defensores, mientras que los pocos supervivientes habían sido enviados a Barbados. Para Cromwell esta acción podría ahorrar mucho derramamiento de sangre en el futuro.

En paralelo a la campaña militar, los ingleses expulsaron a numerosos propietarios católicos de las zonas más ricas, siendo sus propiedades entregadas a protestantes venidos de Inglaterra. En 1650, Cromwell regresó a Inglaterra, dejando en Irlanda a Ireton hasta el año 1652. Ireton se encargó de reprimir a las bandas armadas que se resistían al dominio inglés.

Cuando los Estuardo fueron restaurados en la Corona británica se aplicó en Irlanda una política menos rigurosa. En 1660 recobró parte de su autonomía y 1662 se tomaron medidas para atenuar las expoliaciones de la época de Cromwell. Pero toda esta política más conciliadora era vista por los irlandeses como insuficiente.

La Revolución, que derribó definitivamente a los Estuardo del trono inglés, no fue muy favorable para la causa irlandesa, como lo pusieron de manifiesto las leyes penales de 1702-1705.

En el siglo XVIII, la independencia de los Estados Unidos repercutió en Irlanda. En 1782, la isla vivió una serie de agitaciones y Londres decidió, temerosa de los irlandeses siguieran el camino de los colonos americanos, y necesitada de paz y de soldados, declarar autónomo el Parlamento de Dublín y la libertad de comercio, medidas que, en todo caso, beneficiaron más a los protestantes. La Revolución francesa constituyó otro ejemplo para los irlandeses que se sublevaron en varias ocasiones en la segunda mitad de la década de los años noventa, pensando que los franceses les apoyarían.

Doctor en Historia. Autor de trabajos de investigación en Historia Moderna y Contemporánea, así como de Memoria Histórica.

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