Quantcast
EL PERIÓDICO
ESP   |   AME   |   CAT      NEWSLETTER
ÚNETE ⮕

Las tribulaciones del caballero Onís


John Forsyth. / Wikipedia John Forsyth. / Wikipedia

La Biblioteca Nacional ha adquirido hace poco un libro del que fue embajador de Estados Unidos en España entre 1819 y 1823, el georgiano John Forsyth, para desempeñar más tarde con el presidente Jackson la secretaría de Estado. El libro, titulado Observaciones sobre la memoria del señor Onís relativa a la negociación los Estados Unidos fue publicado en Madrid en 1822, aunque el manuscrito original está firmado en septiembre de 1820. Para el otoño de 1820, las Cortes del trienio liberal aprobaban la ratificación del Tratado de amistad y límites entre España y Estados Unidos, también conocido como Tratado de La Florida, Transcontinental o, simplemente, Tratado Adam-Onís de febrero de 1819.

El Tratado había visto postergado su ratificación en España debido a que no reconocía las enormes concesiones de tierras a aristócratas de la camarilla de Fernando VII. Las Cortes liberales lo aprobaron sin mucha discusión, aunque algunos diputados mexicanos y cubanos cuestionaron que la frontera norte del Virreinato no quedaba bien definida y protegida, y que la cesión de Las Floridas suponía también una amenaza para las posesiones caribeñas. En cualquier caso, la enajenación de Las Floridas, incluidas en la enumeración territorial de la nación que hacía de las Españas la constitución de 1812 requería de una aprobación de las Cortes. Finalmente, Estados Unidos ratificó también el Tratado en febrero de 1821, dando el plazo de seis meses para la evacuación de Las Floridas. Para una parte de la opinión pública angloamericana la adquisición de la península no compensaba la pérdida de los presuntos derechos sobre Texas hasta el límite natural del río Bravo, actual frontera con México.

No se conoce el impacto que tuvo la publicación de las Observaciones en España, aunque coincidió con la última misión diplomática de Onís como ministro plenipotenciario en Gran Bretaña, en un momento en el que presidente americano Monroe anunciaba al Congreso el próximo reconocimiento de la independencia de Iberoamérica y la regencia del imperio mexicano daba paso a la autoproclamación como emperador de Iturbide.

Luis de Onís había sido muy criticado por la camarilla de Fernando VII, aunque obtuvo el nombramiento de embajador en Rusia a finales de 1819, para viajar finalmente al Nápoles borbónico como embajador de familia tras el triunfo del pronunciamiento liberal en marzo de 1820. Antes de salir hacia Italia había publicado una memoria de las negociaciones, tras consultar con el absolutista marqués de Casa-Irujo, anterior ministro en Estados Unidos responsable de la secretaría de Estado en el momento de la firma del Tratado, iniciadas con un saludo al restablecimiento de la Constitución. En julio de 1820, su llegada a Roma coincidió con el triunfo de la revolución liberal en Nápoles, que proclamaba también la constitución española, por lo que fue acusado sin fundamento de instigador de la revolución carbonaria. En cualquier caso, Onís había logrado el cénit de su dilatada carrera diplomática al ascender al empleo de embajador y todo lo de España fue recibido con simpatía entre los liberales italianos.

La Memoria de Onís recopilaba argumentaciones que había realizado con anterioridad en Estados Unidos en folletos bajo el pseudónimo Verus, en las que había colaborado el eclesiástico liberal madeirense, Cabral de Noroña. El segundo volumen recogía el intercambio de correspondencia con los presidentes Madison y Monroe. Contenía una descripción de la geografía humana estadounidense, con algunos juicios despectivos sobre el carácter de la población y la realidad del sistema político republicano. En cualquier caso, intentaba refutar las pretensiones angloamericanas sobre Texas, que justificaban con la irregular venta de la Luisiana por Napoleón en 1803. Onís había intentado restablecer la frontera en el río Misisipi, aunque sin llegar a denunciar el tratado anterior entre Carlos IV y Napoleón de 1800, como le indicaban en Madrid. Sin embargo, la debilidad de la monarquía hispánica y la invasión de las Floridas por los angloamericanos en 1818 habían precipitado la firma del Tratado con la esperanza de que retrasara el reconocimiento de Estados Unidos hacia los insurgentes.

Hay que tener en cuenta que el reino de España había quedado relativamente al margen del Congreso de Viena y que su objetivo principal era obtener una compensación para la desposeída reina de Etruria, hermana de Fernando VII, que finalmente obtuvo Lucca y el derecho a la sucesión en el ducado de Parma.

La Memoria de Onís saludaba al restablecimiento de la unión entre la Nación y la Monarquía con la Constitución, defendiendo la libertad de comercio en el imperio americano, como ya se aplicaba en el Caribe, y la creación de la milicia nacional. Forsyth reconocía la simpatía de Estados Unidos hacia los disidentes americanos, pero se extrañaba de que Onís acusara a su gobierno y silenciara en las mismas a Inglaterra cuando afirmaba que los británicos habían estado mucho más implicados en el apoyo a los insurgentes. Creía, no obstante, que el restablecimiento de la Constitución de 1812 convertía a los habitantes del imperio español en ciudadanos con los mismos derechos que el resto de la nación:

“La América del sur ya no es esclava y dependiente de la península, sino una parte integrante del imperio español, con derechos, privilegios y facultades iguales en todo a los de su hermana europea”.

El ministro americano ponía en duda la neutralidad de las observaciones de Onís debido a lo reciente que estaban las negociaciones del Tratado, así como su práctico desconocimiento del idioma inglés. Alegaba que el no reconocimiento de su misión plenipotenciario hasta finales de 1815 respondía a la incertidumbre del resultado de la lucha entre los bandos enfrentados en España, una actitud parecida a la adoptada por el resto de las potencias europeas salvo Gran Bretaña, a su vez enemiga de Estados Unidos y en guerra contra ella entre 1812 y 1815.

El centro de la réplica de Forsyth residía en la cuestión de las tardías concesiones de tierras de Fernando VII a miembros de la corte como Puñonrostro y el duque de Alagón, que Onís había reconocido que creía que eran posteriores al inicio de las conversaciones para la cesión de las Floridas al inicio de 1818 y que no habían sido legitimadas por su posesión y aprovechamiento.

Las Cortes españolas desecharon también las concesiones de tierras de Florida a los miembros de la corte de Fernando VII en 1820, pero la publicación de las Observaciones del estadounidense en 1822 reavivaba la cuestión y la enemiga hacia Onís de la camarilla absolutista.

Por su lado, la misión de Onís en Nápoles en 1820 y hasta la entrada de las tropas austriacas en el reino borbónico italiano en marzo de 1821, añadía un elemento más de presunta complicidad del diplomático con los revolucionarios, pues, entre otras cosas, había protegido a varios políticos que se exiliaron y el general Pepe también publicó una memoria que reconocía el mérito del español en la protección de los liberales napolitanos. El absolutista marqués de Casa-Irujo, embajador entonces en París, que tanto había tenido que ver con la denuncia en 1803 de la venta napoleónica de La Luisiana y la firma del Tratado de 1819 en sus sucesivas calidades de ministro en Estados Unidos y secretario de Estado, controlaba la correspondencia de Onís desde Londres.

Por último, la última misión de Onís en Londres en 1821-1822 y su propuesta para que se reconociera la independencia de parte del imperio español en América, creyendo que era inútil el nuevo envío de comisionados liberales para entablar conversaciones que no reconocieran la emancipación, le había enfrentado a los secretarios de Estado tanto doceañistas como exaltados, a Martínez de la Rosa y San Miguel. En octubre de 1822 una licencia para tomar las aguas en Francia con su hija menor fue completaba con la exoneración de su puesto como ministro y enviado plenipotenciario ante la Gran Bretaña. Poco después, los británicos reconocerían de hecho a los nuevos países insurgentes, mientras que sus aspiraciones a un marquesado denominado Torre Onís de Nueva España eran contradictorios con la nueva realidad del imperio de México que, enseguida, abrogada la constitución española, daría lugar a una república.

En suma, el caballero Onís que había sido siempre un reformista ilustrado y realista moderado, formado en una cultura política preliberal, se encontraba enfrentado tanto a los liberales como a los absolutistas, en tierra de nadie. No debe extrañar que terminara expatriado junto a su hermano afrancesado en Montauban hasta su retorno a España en el otoño de 1826, poco antes de su muerte.

Por su lado, Forsyth, saldría de España en marzo de 1823, poco antes de la entrada de los cien mil hijos de San Luis, para volver a su puesto de senador y desempeñar con su amigo el presidente Jackson la secretaría de Estado en el tiempo del reconocimiento de la secesión de la república texana en 1836, por la que tanto había porfiado Onís para preservar en el virreinato de la Nueva España.

Curiosamente, al hijo del español, diplomático jubilado y efímero secretario de Estado en 1840, Mauricio Carlos, le sería propuesta una embajada en México o Estados Unidos en 1841 por la regencia de Espartero en un momento de pleno conflicto por Texas, como si la cuestión respecto a España fuese una herencia de familia.

Abdón Mateos López (Madrid, 1960) es un historiador español. Catedrático de Historia Contemporánea en la Universidad Nacional de Educación a Distancia (UNED) en Madrid, dirige el Centro de Investigaciones Históricas de la Democracia Española y la revista semestral Historia del Presente. Fundador y presidente de la Asociación de Historiadores del Presente desde el año 2000.

Desde el año 2007 es responsable en la UNED de la Cátedra del exilio. En el año 2008 obtuvo la acreditación nacional de Catedrático de Historia Contemporánea. En el año 2009 obtuvo un segundo año sabático en Roma en la Universidad LUISS, financiado con la convocatoria nacional de Movilidad, y la Universidad de Las Palmas.

Actualmente dirige el proyecto de la Cátedra del Exilio (2011-16, patrocinado por el Banco de Santander) Emigrantes y exiliados en América después de la guerra civil. La construcción de una ciudadanía democrática, así como el proyecto de investigación del Ministerio (2012-16) "Historia del PSOE. Construcción del partido y reformismo democrático, 1976-1990".

Fue secretario general de ASU en Madrid.

Ha publicado recientemente Historia del PSOE en transición. De la renovación a la crisis (Madrid, Sílex, 2017).

Periodismo riguroso y con valores sociales
Necesitamos tu apoyo económico para seguir contando lo que otros no cuentan. Para donar haz clic en el botón "COLABORA" de abajo. Muchas gracias por tu apoyo.
Slider