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Robespierre, ¿quién fue en realidad?


(Tiempo de lectura: 2 - 4 minutos)

¿Fue Robespierre el primer dictador moderno, inhumano, fanático, un obseso que utilizó el poder político, para tratar de imponer un ideal rígido de una tierra de “virtudes espartanas? ¿O fue un abnegado visionario y con principios, el gran mártir revolucionario, que consiguió conducir a la Revolución Francesa y a la República a un puerto seguro, ante los abrumadores reveses militares? ¿Fueron las restricciones de las libertades individuales, y las detenciones y ejecuciones masivas de la época del “Terror” (1793-1794) el precio que hubo que pagar para salvar la Revolución? ¿O fue ese año, un periodo espantoso de muertes, encarcelamientos y privaciones innecesarias?

Maximilien Robespierre, siempre ha sido una figura polarizadora para historiadores y simples lectores, pero la imagen negativa, estimo, es la que ha sido más poderosa. Pese la pérdida de vidas humanas, relativamente limitada de los años 1793-1794, en los que Robespierre formó parte del Gobierno, se han establecido paralelismos ridículos, entre su perfil y el de Mao Tse-Tung, Pol Pot e, incluso, Stalin o Hitler.

Hilary Mantel, autora de una novela destacada, ambientada en la época del Terror, ha calificado a Robespierre como “un manojo de contradicciones”, por la incoherencia de sus actitudes hacia la guerra, la pena capital, “el pueblo” y las instituciones de gobierno. “Tenía una fe militante, no en el dios cristiano, sino en un dios revolucionario bueno, que había creado iguales a todos los hombres. A juicio del crítico radical Slavoj Zizek (filósofo, psicoanalista y crítico cultural esloveno), la férrea determinación de Robespierre, sirve para condenar al capitalismo. Según él, la complacencia implícita en el título de la biografía reciente, que Ruth Scurr (historiadora inglesa y crítica de arte) ha publicado sobre Robespierre, “Fatal Purity”, subraya la incompetencia de los líderes de Occidente, ante las situaciones de crisis imperiosas.

En la actualidad, la izquierda francesa todavía ve en Robespierre, un recordatorio de lo que se ha olvidado, acerca del compromiso militante con la justicia social, ejemplificado en el discurso que, la víspera del bicentenario de 1789, pronunció en Arras (pueblo natal de Robespierre) Michel Vovelle, profesor de la Sorbona. El título de la alocución de Vovelle “¿Por qué seguimos siendo robespierristas?”, recordaba al de una conferencia pronunciada en 1920, por el máximo admirador de Robespierre, otro profesor de la Sorbona, llamado Albert Mathiez. Una premisa habitual de las biografías favorables a Robespierre, ha sido la de considerar todos sus actos, como reacciones proporcionales y necesarias, para frenar la contrarrevolución. En palabras de Janet Malcom, biógrafa de Sylvia Plath, “en realidad no me corresponde a mí, decir quien es bueno y quien es malo, quien es noble y quien es un tanto ridículo… Los muertos distinguidos, son arcilla en manos de los biógrafos”.

Se sabe relativamente poco, de los primeros treinta y un años, del total de los treinta y seis que vivió Robespierre. Y pocos biógrafos se han detenido ante semejante evidencia: lo que les atrae, son los cinco años de revolución. Las reflexiones de otros, desde las extensas descripciones, de su querida hermana Charlotte, hasta los innumerables comentarios, de personas que vivieron la Revolución, están todas teñidas, por las circunstancias en las que se redactaron.

En el momento en que estalló la Revolución de 1789, Maximilien Robespierre sólo tenía treinta y un años. Pero la mayor parte, del más de un centenar de biografías de Robespierre, tienen un carácter curiosamente inhumano, como si el personaje no fuera más que la encarnación, de un conjunto de principios revolucionarios, que pretendía hacer realidad con una rigidez cada vez mayor, a lo largo de sus cinco años de carrera política. Se le ha retratado, ya como la personificación de la dictadura jacobina, ya como el emblema de la pureza democrática. “Robespierre ha quedado cosificado en ‘ideología encarnada’, en lugar de haber ser entendido, como un joven con tantas incertidumbres con respecto al futuro, como entusiasmo ante las posibilidades, que este ofrecía” (Patrice Guennifey).

Pues eso

Nacido en 1942 en Palma. Licenciado en Historia. Aficionado a la Filosofía y a la Física cuántica. Político, socialista y montañero.

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