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Transcendencia de la Revolución Francesa (IV)


(Tiempo de lectura: 2 - 4 minutos)

Como consecuencia de la Revolución francesa, las ganancias del campesinado fueron más allá, de los beneficios más tangibles. La abolición del señorío, favoreció un cambio revolucionario en las relaciones sociales rurales, expresadas en la conducta política después de 1789. La autoridad social, que muchos nobles conservaron en la comunidad rural, estaba ahora basada en la estima personal, y en el poder económico directo sobre los subordinados, no ya en las pretensiones de deferencia, debidas a un orden superior. Posteriormente, tampoco se aceptó dócilmente a nivel local, el refuerzo de poder de los notables, impuesto por Napoleón.

Algunos historiadores, han escrito sobre “la torpe avaricia de los campesinos”, al apoderarse y desbrozar, las inmensas áreas de “vacants” o “tierras baldías”, que pasaron a ser tierras comunales durante la Revolución. En este punto da comienzo la “leyenda negra” de la revolución campesina, de que el periodo revolucionario fue un auténtico desastre para el entorno natural, hasta el resurgimiento de una autoridad efectiva, bajo Napoleón y luego la Restauración. No hay duda alguna, de que se produjo un desbrozo masivo, durante el periodo revolucionario. Sin embargo, esto no hizo más que acelerar las presiones medioambientales, desencadenadas en 1760 por los decretos de Luis XV, animando al desbrozo.

Pero tampoco fueron los campesinos, los que destruyeron más bosques de los que plantaron: la pérdida de la mitad de la flota francesa en la batalla de Trafalgar, para su reposición, acabaría destruyendo unos 80.000 robles, de más de 150 años. No obstante, el régimen napoleónico, permitió que se promulgara una serie de leyes, que favorecían la reorganización del personal de la administración forestal, y el restablecimiento de una política de bosques centralizada, en una línea muy similar a la de Colbert de 1669. Estas leyes, representaron una inversión del liberalismo de los primeros años de la Revolución, cuando los propietarios de bosques privados, fueron autorizados, de forma explícita, a utilizar sus recursos a su antojo. Pero, al crear un sistema de controles centralizado y obligatorio, sobre los recursos forestales, el Estado se granjeó décadas de resentimiento, por sus intentos de acabar, con el uso colectivo de los bosques.

Hay por tanto pruebas históricas, de que la Revolución creó los fundamentos institucionales, sobre los que se desarrolló el capitalismo. No obstante ¿hasta que punto representó también, el acceso de una nueva clase al poder? A primera vista, la persistente preeminencia económica de la vieja nobleza es significativa: por lo qué, un elemento fundamental de la visón “minimalista” de la Revolución, parece innegable. A pesar de la pérdida de los derechos de señorío y de tierras, en el caso de los nobles emigrados, la mayoría de ellos permanecieron en la cúspide de la posesión de tierras, la mayor fuente de riqueza de Francia.

Pero ahora, los acaudalados supervivientes de la élite terrateniente del Antiguo Régimen, eran sólo una parte de una élite mucho más amplia, que incluía a todos los ricos, fuera cual fuese su extracción social, y abarcaba a los burgueses de la agricultura, de los negocios y de la administración. La rápida expansión de la burocracia después de 1789, derribó barreras en su reclutamiento, y ofreció oportunidades a los jóvenes burgueses más capaces. Más que en las décadas de 1780 y 1790, la clase gobernante a principios del siglo XIX, unió a los que se encontraban en la cima del poder económico, social y político. David Garrioch (Profesor emérito en la Escuela de Estudios Filosóficos, Históricos e Internacionales) ha descrito a la burguesía parisina que surgió de la Revolución, como mucho más poderosa y orgullosa.

Aquellos que tomaron la iniciativa en la creación de la nueva Francia después de 1789, fueron los burgueses, ya fueran profesionales, administrativos, comerciales, terratenientes o fabricantes. Para ellos, la Revolución representó los cambios necesarios en las estructuras políticas, y en los valores sociales dominantes, para que se reconociera su importancia en la vida de la nación. La Revolución fue su triunfo. Los valores culturales de la Francia posrevolucionaria, se caracterizarían por ser una amalgama de valores burgueses y aristocráticos, en una cultura de “notables”. Muchos nobles fueron lo suficientemente pragmáticos, como para retirarse de la vida pública y aceptar, aunque fuera a regañadientes, los cambios institucionales de la Revolución. No obstante, a pesar de la importancia que aún conservaba la nobleza más rica, sus pérdidas habían sido considerables.

Pues eso.

(Continuará)

Nacido en 1942 en Palma. Licenciado en Historia. Aficionado a la Filosofía y a la Física cuántica. Político, socialista y montañero.

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