Daniel Anguiano y las razones para ser socialista
- Escrito por Eduardo Montagut
- Publicado en Historalia
El socialismo, y el español no fue una excepción, dedicó mucho esfuerzo a la propaganda de sus ideas entre las clases trabajadoras con el propósito de fomentar la conciencia de clase en la tarea emancipadora a través de los dos programas, el mínimo y de corto y medio plazo, para conseguir llevar a cabo el final que no era otro que el que llevaba a la emancipación. En el caso español este trabajo propagandístico y didáctico fue muy intenso porque el socialismo español competía con un anarquismo muy potente entre la clase trabajadora, pero también contra los republicanos tanto de signo progresista como populista.
En este contexto repasamos un ejercicio de este tipo, realizado por Daniel Anguiano en el otoño de 1914 desde la revista Acción Socialista, a través de un artículo que publicó con el título de “Problemas que nos afectan” para demostrar que si al lector le afectaban también los problemas que iba a enunciar no podía más que militar en las filas del socialismo. Anguiano demostraba en este texto una fuerte convicción y también ese sentido pedagógico al que aludíamos.
En primer lugar, dejaba bien claro que en la vida, en la existencia, en término de Anguiano, existía un conjunto “demasiado considerable de injusticias humanas”.
Pues bien, nada más empezar con esta afirmación, realizó otra más contundente aún, ya que explicaba que quien buscase explicaciones a las injusticias, al explicárselas caería dentro de la doctrina socialista, que no era otra cosa, y no poca, siempre en su opinión, que una escrupulosa interpretación de la realidad social en sus manifestaciones materiales. Es más, si buscaba tranquilidad en su espíritu atormentado por la observación de esas injusticias, y deseaba actuar para remediarlas, terminaría por aceptar el socialismo y formaría parte del Partido. Y actuaría en su seno porque en el socialismo estaban los remedios a las injusticias.
Pero parece evidente que estas afirmaciones tenían que ser demostradas, no podían considerarse como dogmas de fe. Entonces Anguiano pasaba a ofrecer un resumen sencillo de marxismo.
El socialismo afirmaba que la sociedad era injusta porque dividía a las gentes que la componían en dos clases. Por un lado, estaba la dominante, y lo era porque poseía los instrumentos de trabajo, es decir, los medios de producción. Y, por otro lado, estaba la clase dominada, siendo la más numerosa, y que no poseía más que su fuerza vital. La miseria, la ignorancia y todas las podredumbres humanas eran producto de la sujeción económica del proletariado, de la situación privilegiada en que la organización capitalista colocaba a los que dominaban, cuyos privilegios, además, estaban garantizados por el poder político.
El socialismo, después de realizar esas afirmaciones, sentía la necesidad de hacer desaparecer el antagonismo de clases, reformando o destruyendo el estado social que lo producía. Y como ese estado social estaba sostenido por el poder público el socialismo aspiraba a la posesión del poder político por parte de la clase trabajadora, así como la transformación de la propiedad individual o corporativa de los medios de producción en propiedad colectiva, social o común.
Todo esto demostraría que el ideal socialista estaría en lucha con la realidad social presente, y que la conocía perfectamente.
Anguiano afirmaba que pensando y actuando como socialistas parecía que no se debía sentir ninguna preocupación por las modificaciones que por propia conveniencia estableciera la burguesía, y no había que preocuparse tampoco de obligarla con la fuerza y acción a modificarse. Reformada o no la sociedad capitalista continuaría manteniendo las causas esenciales de todas las injusticias, las dos clases de intereses antagónicos. Como socialistas lo esencial era la transformación de la sociedad capitalista, siendo lo demás absolutamente secundario.
Pero también era cierto que nuestro protagonista explicaba que si los socialistas, que vivían en la realidad de la sociedad capitalista se encontrarían fueran del mundo real y harían el juego a la clase dominante si dentro de esa sociedad no se ejerciera otra acción que la derivada de la propaganda del ideal. Por eso, el Partido debía actuar para obtener modificaciones mínimas consideradas necesarias para realizar en su día la aspiración final. Serían modificaciones económicas y políticas, y constituirían el denominado programa mínimo.
Hemos trabajado con el número 35 de 14 de noviembre de 1914 de Acción Socialista.
Eduardo Montagut
Doctor en Historia. Autor de trabajos de investigación en Historia Moderna y Contemporánea, así como de Memoria Histórica.
Premio Mejor Aliado 2024 de la Asociación Blanco, Negro y Magenta.