EL OBRERO PERIODISMO DE DATOS
18 sept 2026 | Actualizado 11:49 CEST
PERIODISMO DE DATOS
Israel se encamina a las urnas, mientras la democracia palestina sigue en suspenso. Hamás se cierne sobre ambas
Ohad Zwigenberg/AP

Está previsto que Israel celebre sus primeras elecciones nacionales desde el ataque de Hamás del 7 de octubre de 2023 el próximo 27 de octubre.

Será la primera oportunidad que tendrán los ciudadanos israelíes de votar a favor o en contra del primer ministro Benjamin Netanyahu desde aquellos ataques y la devastadora ofensiva contra Gaza que les siguió.

Tras tres años de guerra, Hamás sigue armado. Continúa siendo la amenaza para la seguridad más inmediata para la población de Israel.

Mientras tanto, el presidente de la Autoridad Palestina, Mahmoud Abbas, ha aplazado las elecciones legislativas palestinas, previstas inicialmente para el 28 de noviembre, casi un año. Esto sigue un patrón de dos décadas de aplazamientos y cancelaciones.

La identidad y el estatus duraderos de Hamás también están en el centro del dilema democrático de la política palestina. Hamás es el único grupo político que ha ganado elecciones palestinas democráticas en lo que va de siglo.

Abordar de forma creíble y eficaz la cuestión de Hamás —tanto como organización armada como fuerza política— seguirá siendo un desafío central para los dirigentes israelíes y palestinos.

Dos décadas de democracia aplazada

Las elecciones palestinas previstas para este año habrían sido las primeras en celebrarse en 20 años. En 2006, Hamás ganó por amplia mayoría unas elecciones supervisadas internacionalmente.

El grupo formó brevemente un gobierno bajo el primer ministro Ismail Haniyeh, quien más tarde sería asesinado por Israel en 2024.

Pero Hamás se negó a desarmarse o a reconocer la legitimidad del Estado de Israel. Tampoco aceptó los términos de la Hoja de ruta para la paz de Estados Unidos.

En respuesta, Israel retuvo los fondos operativos del recién formado gobierno.

Poco después, Estados Unidos y la Unión Europea suspendieron los pagos de ayuda internacional a Hamás. En su lugar, esa ayuda se canalizaría a los palestinos a través de las Naciones Unidas y otros mecanismos.

Tras quedar financieramente incapacitado para funcionar y después de un conflicto armado con la facción palestina rival de Abbas, Fatah, Hamás se retiró de Cisjordania y tomó el poder en Gaza en 2007.

Una crisis de legitimidad de larga duración

Fatah asumió entonces el control de la Autoridad Palestina. Este organismo cuasigubernamental, que no ha sido elegido, administra desde entonces zonas limitadas de Cisjordania.

Abbas, que ahora tiene 90 años, ocupa el cargo de presidente por decreto desde que su mandato electo expiró en 2009.

Su permanencia en el poder sin un nuevo mandato electoral se ha convertido en un símbolo de la crisis de legitimidad más amplia de la Autoridad Palestina, y lo ha hecho objeto de burlas e indignación entre los palestinos de Cisjordania.

La Autoridad Palestina se ha enfrentado a acusaciones persistentes de corrupción interna. Muchos también consideran que no consigue impulsar las aspiraciones nacionales palestinas debido a sus relaciones acomodaticias con Israel.

Quizá el ejemplo más problemático de ello sea su coordinación en materia de seguridad con Israel en Cisjordania, donde casi 10.000 palestinos están detenidos o encarcelados por presuntos motivos de seguridad.

La razón que dio la Autoridad Palestina para aplazar las elecciones de este año recuerda a la de aplazamientos anteriores. Afirmó que las «condiciones políticas, de seguridad y económicas previstas» no se habían «materializado».

Los repetidos aplazamientos de las elecciones democráticas por parte de Abbas han alimentado las acusaciones de que la Autoridad Palestina no está dispuesta a afrontar la voluntad popular del pueblo palestino.

El dilema persistente de Hamás

Entre los posibles rivales a los que se enfrentaría Abbas están el muy popular, pero encarcelado desde hace mucho tiempo, Marwan Barghouti y el controvertido Mohammed Dahlan.

Sin embargo, una cuestión más fundamental es qué papel podría desempeñar Hamás en unas futuras elecciones palestinas.

Por parte palestina, Abbas y sus colegas no elegidos tendrían que aceptar la posibilidad de que unas futuras elecciones repitieran la victoria de Hamás en 2006.

Por parte israelí, no se podría tolerar la participación de Hamás en futuras elecciones palestinas. Sin embargo, unas elecciones que excluyeran a Hamás carecerían de legitimidad democrática.

La comunidad internacional que defiende el derecho de los palestinos a la autodeterminación y a tener un Estado se enfrenta a su propio dilema. Para muchos gobiernos, defender que Hamás participe en las elecciones palestinas es una idea poco realista. Para otros —como Australia, que designa a Hamás como organización terrorista—, permitirlo contravendría la legislación nacional.

Las lecciones de 2006 plantean otras preguntas difíciles. ¿Solo apoyarán la Unión Europea y otros donantes internacionales a un gobierno palestino que cumpla sus criterios? ¿Y si eso implica anular unas elecciones democráticas?

Tres señales de la capacidad de resistencia de Hamás

El futuro de la democracia palestina sigue siendo profundamente incierto. Pero también lo es la capacidad de Israel para hacer frente a la presencia continuada de Hamás en Gaza.

En las semanas previas a las elecciones israelíes, tres factores ilustran la importancia militar, política y organizativa que Hamás sigue teniendo.

1. Hamás sigue armado

En primer lugar, no se ha alcanzado el objetivo bélico de Netanyahu de eliminar a Hamás como entidad militar y de gobierno. Esto ocurre a pesar de la reciente presión de la Junta de Paz liderada por Estados Unidos para lograrlo como parte del plan de paz por fases para Gaza.

En agosto, Hamás anunció que estaría dispuesto a renunciar a sus armas pesadas. Pero solo lo haría cuando Israel dejara de atacar Gaza, se retirara por completo y se comprometiera a la creación de un Estado palestino.

Por supuesto, estas condiciones son inaceptables para Israel. Sin embargo, Israel sigue sin poder imponer sus propias condiciones a Hamás.

Mientras tanto, los informes indican que Hamás también ha avanzado en la reconstrucción de sus fuerzas de combate. En abril del año pasado, según se informó, Hamás había reclutado hasta 30.000 nuevos combatientes en Gaza.

2. Una oferta condicionada de renunciar al poder

En segundo lugar, Hamás ha demostrado que conserva su influencia política. En julio, Ismail al-Thwabta, director de la oficina de medios del grupo en Gaza, anunció que renunciaría a administrar Gaza y transferiría la autoridad a un organismo tecnocrático capaz de restablecer la administración civil y el gobierno en la Franja.

Israel lo rechazó calificándolo de «maniobra». Pero, en términos diplomáticos, el anuncio de Hamás era tanto una amenaza como una oferta. Hamás no transferiría la autoridad mientras Israel siguiera atacando, ni en los términos dictados por la Junta de Paz liderada por Estados Unidos.

Al anunciar que entregaría el gobierno, pero solo mediante nuevas negociaciones políticas, Hamás indicaba que todavía tiene capacidad para provocar un vacío de poder en Gaza.

Ni Israel ni Estados Unidos han demostrado que puedan llenar ese vacío.

3. Un nuevo líder, una organización que perdura

En tercer lugar, Hamás ha mantenido la continuidad organizativa pese a la pérdida de numerosas figuras de alto rango durante la guerra.

En julio, Hamás anunció que Khalil al-Hayya había sido elegido nuevo líder general del grupo, en sustitución de Yahya Sinwar, que murió a manos de Israel en 2024.

Un análisis de la BBC sostuvo que Hamás atraviesa «uno de los periodos más difíciles de su historia». Pero no es la primera vez que el grupo sobrevive a la pérdida de sus dirigentes.

Es difícil sostener que Hamás, que sigue armado y negociando después de tres años de asedio, esté al borde del colapso. La elección de al-Hayya demuestra la solidez de su estructura de liderazgo, establecida desde hace tiempo y que opera tanto en Gaza como a escala internacional, en Catar.

Esta estructura, estudiada por numerosos investigadores durante décadas, ha contribuido a la flexibilidad y la capacidad de supervivencia de la organización.The Conversation

Benedict Moleta, doctorando, Departamento de Relaciones Internacionales, Universidad Nacional Australiana

Este artículo se republica de The Conversation bajo una licencia Creative Commons.

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