Zapatero y Urdangarín, dos colegas en apuros
Lo que le está ocurriendo a José Luís Rodríguez Zapatero no es muy distinto a lo que ya le había pasado antes a Iñaki Urdangarin. El pobre Iñaki, único condenado de la familia, se defendía en los periódicos afirmando algo así como que sólo hacía lo que veía hacer a todo el mundo en aquella casa (real, por supuesto). Supongamos que fuera cierto, pero alguien tenía que morir y le tocaba a él. Claro que luego hemos sabido que el suegro mantenía importantes negocios oscuros, pero no podía morir. Con irse de España durante algún tiempo, convertirse en emérito, refugiarse entre los sátrapas dictadores de la península arábiga, publicar unas memorias exculpatorias cargadas de versiones edulcoradas y entregarse a las regatas en Sanxenxo con sus amigos, ha sido suficiente.
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