Una reflexión de María Cambrils sobre el feminismo en 1925
- Escrito por Eduardo Montagut
- Publicado en Feminismo
Nos vamos a hacer eco en este artículo de una reflexión de María Cambrils, personaje al que regresamos con cierta frecuencia, sobre la razón del feminismo que publicó en mayo de 1925.
Antes de empezar recordemos que María Cambrils es una de las feministas socialistas más destacadas en la Historia de España, a pesar de que no ha sido conocida y valorada hasta hace bien poco, como hemos puesto de manifiesto en distintos trabajos, aludiendo a la imprescindible monografía, María Cambrils. El despertar del feminismo socialista (biografía, textos y contextos), editada por la Universidad de Valencia, y escrita por Rosa Solbes, Ana Aguado y Joan Miquel Almela.
Para María Cambrils el movimiento feminista no había sido en su origen una cruzada contra el hombre, como algunos suponían, e iniciada por mujeres “ávidas de singularizarse”. El feminismo había surgido y se había desarrollado como una demostración colectiva de disconformidad con el “rebajamiento personal” ante los Códigos Civiles de todos los Estados del mundo, es decir, contra la desigualdad que sufrían las mujeres. No había sido ni un movimiento político ni económico, sino una especie de explosión de rebeldía contra el estado de dependencia civil en el que se encontraba la mujer en relación con las libertades ciudadanas.
Las mujeres no se rebelaron solamente contra el monopolio universitario de los hombres, sino que reclamaron también su derecho al voto y al de intervenir, por consiguiente, en la acción política y administrativa, que siempre había estado reservada exclusivamente para los hombres.
Pero lo que más nos interesa en el análisis de María Cambrils era la cuestión de cómo había reaccionado la mayoría de los hombres ante estas demandas. Había habido burlas y sarcasmos (en este sentido, recordemos las múltiples sátiras de que se publicaron en Inglaterra contra las sufragistas). Muchos habían profetizado que con la conquista de los derechos civiles desaparecería el “eterno femenino”, algo que se desmentía, en opinión de nuestra protagonista, en la realidad.
En este sentido, Cambrils citaba a Juan Finot, autor de “La agonía y muerte de las razas”, que había intervenido contra los que se oponían al feminismo. Al parecer, el autor había vaticinado que en el futuro la mujer sería igual que el hombre, que el ejercicio de las “profesiones masculinas”, su emancipación social, y la libertad en todos los órdenes de la vida no privaría a las mujeres de todas las cualidades que habían hecho a la mujer “objetos deseados” del varón. La mujer dejaría de ser una “protegida” del hombre, al que necesitaba para casi todo, sino que adquiría energía y fuerza física. Por eso, la idea de la belleza femenina cambiaría, es decir que seguiría siendo hermosa, pero de otro modo.
Para María Cambrils la mujer no se masculinizaba trabajando en las profesiones que hasta el momento habían estado reservadas para el hombre, como lo demostraban en el caso español figuras como Clara Campoamor, Victoria Kent y Elisa Soriano, que ejercían la abogacía y la medicina, sin por ello “perder los encantos femeninos ni dejar de incurrir en las tonterías del amor y del noviazgo, del día de la boda (…) y del hogar familiar”.
No cabe duda que estos argumentos de Cambrils pueden llamarnos la atención hoy en día, desde una perspectiva feminista moderna, pero no debemos olvidar que estamos hablando de una época donde las luchadoras por los derechos de la mujer tenían que enfrentarse a poderosos obstáculos y uno de ellos, sin lugar a dudas, era el de la acusación que recibían de que con lo que hacían y defendían se corría el supuesto peligro de que la mujer se masculinizara.
El artículo se publicó en el número 5084 de 23 de mayo de 1925 de El Socialista, en la época en la que Cambrils escribía asiduamente al periódico obrero. Sobre su figura y obra, además del libro que hemos citado al comienzo de esta pieza, en la hemeroteca de El Obrero el lector encontrará distintos artículos.
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