La escasa utilidad del pacto PP-Vox
La presidenta en funciones de Extremadura, María Guardiola, dejará el pre nombre para ser presidenta sin aditivos ni colorantes, en su desnudez de autoridad como primera autoridad de la Junta de Gobierno en la ciudad de Mérida. Entre las elecciones de Castilla y León, ya celebradas, y las elecciones de Andalucía, por celebrar, se ha producido el paréntesis genesíaco que ha permitido el acuerdo de mediados de semana entre el Partido Popular y Vox, parido con dolor por el paso del tiempo con intervención de las planas mayores de ambos partidos. 61 puntos y 74 medidas tienen la culpa para el subrayado del acuerdo más esperado del presente ejercicio político. El PP se encontraba en estado de urgencia para la firma del acuerdo, pero nada comparado con la situación de auxilio institucional de la que se hallaba necesitado Vox, en medio de la encrucijada por ganarse un entendimiento de su papel en el Estado. Su parón en tierras castellanas, su presencia en Andalucía cargada de anti futuro, y el apoyo sin fisuras a la extravagancia bélica de Donald Trump con todo lo que representa e ilumina, componían una puesta en escena de la insignificancia en la derrota y la incomprensión. Es decir, que este acuerdo tiene el marchamo de lo forzado, de lo impuesto, de lo involuntario, de lo no querido.
- Publicado en Opinión
- Escrito por Antonio Campuzano