EL OBRERO PERIODISMO DE DATOS
18 sept 2026 | Actualizado 11:49 CEST
PERIODISMO DE DATOS
Los jóvenes europeos se despiertan

Desde que comenzó el siglo XXI, los sobresaltos se suceden. La cuestión política-social no va bien. Y Europa envejecida sin alterar su ritmo de marcha pese a que cada vez la desilusión y el descontento social abren la puerta a la ultraderecha, que se consolida paradójicamente como un partido “anti-sistema”.

Sin embargo, tanto en política como en la vida no todo está escrito, y de repente, hay una chispa que incendia las calles de Europa. Una chispa que proviene de quienes creíamos dormidos, pasivos, ausentes: los jóvenes.

Es la juventud europea quien está ahora marcando el ritmo de las protestas y denunciando que las cosas no van bien y que Europa debe despertar.

En España, vemos cómo las ciudades más importantes se convierten en acampadas de indignación ante el gravísimo problema de la vivienda. Se han celebrado manifestaciones en 54 ciudades. No poder comprar o alquilar una casa es el principal obstáculo para un proyecto de vida emancipado. Los jóvenes españoles son los que más tarde se van de casa de los padres y, como señalan los expertos, nos estamos convirtiendo en una “sociedad de herederos”; heredar la casa de los abuelos o de los padres es la única opción.

La economía española va bien, crece por encima de la media europea, los salarios han aumentado, los trabajos se han consolidado, ha caído el desempleo y se ha controlado la temporalidad. Sin embargo, las mejoras son insuficientes porque la vivienda se ha convertido en un obstáculo insalvable. No solo los jóvenes protestan porque al final la falta de acceso a la vivienda afecta a todas las edades, también los mayores como hemos visto con el dramático caso de Maricarmen. La prueba de fuego de las protestas será la huelga general del 11 de noviembre.

Es necesario señalar que la protesta y acampadas de nuestros jóvenes españoles está siendo pacífica y solo se ve enturbiada por los grupos ultras que los amenazan con insultos y violencia. Nuestros jóvenes están manteniendo una actitud ejemplar que contrasta con lo que ocurre en Francia, quienes teniendo razón, la pierden con unas formas agresivas.

En Francia, los estudiantes de secundaria lideran las protestas por el deficiente sistema educativo. Clases masificadas, profesores ausentes que no se sustituyen, edificios insalubres, problemas en infraestructuras, etc. Un deterioro grave en el corazón de Europa. Unas protestas que han ido extendiéndose por toda Francia y también por todos los estratos sociales que denuncian los recortes sociales y la enorme deuda pública.

Una protesta por la educación que se había iniciado anteriormente en Bélgica. Durante el pasado mes de junio, el Gobierno aprobó el aumento de las matrículas universitarias. Eso dio paso a unas manifestaciones que ahora se han recrudecido y aumentado, llegando a bloquear la entrada a los centros educativos. Denuncian la mala situación de las infraestructuras, la falta de profesores, las pésimas condiciones de los docentes, los salarios sin aumento, etc. De hecho, los profesores se han sumado también a las protestas estudiantiles, que desembocará en una huelga general para finales de noviembre.

El contagio a Italia saltó rápidamente. La pasada semana, Italia ha vivido una intensa ola de tensiones sociales, en las que han confluido las protestas juveniles por la educación con el enfado del sector agrícola, multiplicándose las protestas en casi toda la nación italiana. En Roma, los alumnos ocuparon el Liceo Scientifico Cavour bajo lemas contra los recortes educativos y la supuesta militarización, mientras se quemaban banderas de Israel. Las marchas se han extendido desde Génova hasta Nápoles.

En Alemania, los jóvenes protestan contra el posible restablecimiento del servicio militar obligatorio. Miles y miles de jóvenes en las ciudades de todo el país bajo el lema “No participaremos en vuestras guerras” y coreando consignas como “no queremos ser carne de cañón”. Una protesta que se inició en diciembre de 2025 y que continúa ya con la cuarta huelga escolar que se ha producido en 100 ciudades frente a un gobierno de Merz y la CDU que observa con estupor su desaparición en los gobiernos regionales ante la irrupción de la ultraderecha alemana.

Siendo estas las manifestaciones más importantes, no son las únicas.

En Finlandia se han vivido paros estudiantiles contra los recortes millonarios aprobados por el Gobierno de derecha y el Sindicato de la Educación convocó huelgas entre abril y septiembre para exigir mejores condiciones laborales.

En Polonia, mediante protestas reiteradas, los docentes exigen vincular los salarios base a la media nacional de ingresos.

En Rumanía, estudiantes y profesores protestan contra los recortes aplicados desde 2025 para reducir el déficit estatal, los sindicatos denuncian una reducción de más del 50% en los fondos para becas y en las ayudas de desplazamiento.

En Grecia, la federación de profesores de secundaria ha convocado paros diarios contra las horas extras obligatorias.

La educación pública y universal ha sido una garantía de una Europa Social y de Derechos. Y hoy, en pleno siglo XXI, Europa tiene graves goteras.

No hay coordinación, no hay consignas. Hay hartazgo y desencanto. Y un despertar juvenil y social que se multiplica, reivindicando las políticas sociales, los servicios públicos, la educación y la sanidad, la vivienda como derecho. Y, sobrevolando todas las protestas, la PAZ.

Sin embargo, hay otra parte de juventud dispuesta a enfrentarse con violencia y agresividad, con consignas nazis y banderas fascistas. ¿Acaso no sufren los mismos problemas que sus compañeros? ¿Saben lo que están gritando? ¿Conocen la dimensión de sus insultos? ¿Tienen conocimiento de lo que fue el nazismo? Los hemos visto en la Puerta del Sol el Día de la Hispanidad buscando pelear y agredir a los jóvenes acampados. ¿Por qué?

A los que tenemos memoria e información histórica nos duele pensar lo qué podría ocurrir de nuevo en Europa con la entrada de la violencia, la agresión, los bulos y las mentiras, y las consignas nazis y fascistas. Lamentablemente, a quienes más vemos gritar, chillar, alzar la mano y elevar cánticos fascistas al tiempo de buscar la provocación y la violencia es a los jóvenes contra otros jóvenes.

Hay un despertar y también un retroceso. Jóvenes contra jóvenes representando dos modelos diferentes de ver la sociedad.

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