Barcelona comenzó a padecer un grave problema de vivienda ya en los años cincuenta. Para solucionarlo se emprendió una política muy poco ordenada de construcción de viviendas baratas, muchas de ellas de protección oficial. La ciudad y su área metropolitana terminaría por absorber un verdadero aluvión de población inmigrante, principalmente de fuera de Cataluña, especialmente, cuando se inició del desarrollo económico. Pero la creación de vivienda protegida no significó que la ciudad se librara del fenómeno especulativo. En todo caso, el aumento de las viviendas se produjo en la periferia, con tres modelos distintos. Estarían los barrios de expansión suburbana, los barrios de urbanización marginal o de autoconstrucción (barraquismo) y los polígonos de vivienda masiva. Durante gran parte de la etapa franquista el desarrollo urbano no fue planificado, después de que la ciudad se había destacado en el pasado por la elaboración y cumplimiento, aunque fuera en parte, de planes urbanísticos muy elaborados y algunos muy destacables. Sí hubo, en realidad, un plan, el de Josep Soteras, conocido como el Plan Comarcal de 1953, que pretendía integrar la ciudad con los municipios colindantes, construir vivienda y evitar la especulación, pero no se llevó a cabo más que en algunos aspectos.