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Textos Obreros

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Barcelona y el movimiento gay en el tardofranquismo y la transición

(Tiempo de lectura: 2 - 4 minutos)

En 1971 se fundó en Barcelona de forma clandestina, el Movimiento Español de Liberación Homosexual, la primera organización en Cataluña y en España para defender los derechos de los gays. Un grupo de homosexuales catalanes se reunían periódicamente en pisos en Barcelona. No eran reuniones lúdicas ni culturales, sino con un elevado componente de lucha, con el fin de intentar comenzar a cambiar las cosas. En este universo fue clave la figura de Armand de Fluvià, un verdadero especialista en las genealogías catalanas, pero que también desarrolló un intenso compromiso por la causa de los gays. Fue uno de los fundadores del Movimiento, como también del Casal Lambda. Fluvià conocía la realidad reivindicativa fuera de España, especialmente en Francia a través de la revista Arcadie, y también sabía de las revueltas de mayo de 1968 en New York, especialmente de los disturbios generados en Stonewall cuando los gays se cansaron del acoso policial.

Los movimientos vecinales en Barcelona

(Tiempo de lectura: 2 - 4 minutos)

Entre los años cincuenta y sesenta Barcelona creció de forma evidente, acumulando un fenómeno de barraquismo o de chabolismo, como se denominaba en otros lugares, muy acusado. Se calcula que podría haber ya en la segunda mitad de los años cincuenta más de un centenar de núcleos de barracas, ocupados por los inmigrantes que vinieron desde otros lugares de España con la ilusión de mejorar sus vidas, ante la imposibilidad de hacerlo en sus regiones. En realidad, el fenómeno de las barracas es anterior, comenzando con el siglo XX, pero ahora esos poblados se desbordaron en el Somorrostro, el Campo de la Bota, la Barceloneta y Montjuïc. Pero, además, nacieron otros nuevos, los del Carmelo, la Perona y la Verneda. Además, aparecieron en los barrios del Guinardó, Can Dragó, Camp del Arpa, Sant Martí, Sants, Gracia, la Taxonera, Sant Gervasi y Collblanc.

La protesta de las mujeres en la Barcelona de la Gran Guerra

(Tiempo de lectura: 3 - 6 minutos)

Aunque lejos de las trincheras y los cañones, el pueblo barcelonés, como el del resto de España, sufrió las consecuencias de la guerra con una desorbitante inflación que impedía a la mayoría poder comprar lo imprescindible para comer. En toda España hubo muchas protestas, huelgas, huelga general en un día de 1916 y, por fin, la huelga general de 1917. En estas protestas, por lo demás, las mujeres tuvieron un gran protagonismo. La misma Barcelona vivió una de las protestas más sonadas de toda España y liderada exclusivamente por mujeres humildes, hartas de los abusos de los elevados precios.

La difícil vida del campesinado catalán de la Alta Edad Media

(Tiempo de lectura: 2 - 3 minutos)

Los campesinos antes del año 1000 eran en su gran mayoría libres y propietarios de sus alodios, es decir, de pequeñas propiedades. La repoblación, según el procedimiento de la aprissio, que hemos visto en otro capítulo, había favorecido el desarrollo de estas pequeñas propiedades. La libertad que ofrecía este procedimiento, basado en que se reconocería la propiedad sobre el terreno que se ocupaba y se cultivaba durante un tiempo, había hecho que los campesinos consiguieran reunir una base estable para subsistir. En todo caso, nada estaba asegurado en aquella época porque se era muy dependiente de la climatología y la tecnología no era muy avanzada. Una mala cosecha podía arruinar a una familia, por lo que el sistema era muy frágil, y favorecía la concentración de la propiedad en manos de los poderosos.

Sobre la Federación de las Tres Clases de Vapor

(Tiempo de lectura: 2 - 3 minutos)

En 1869 nació la Federación de las Tres Clases de Vapor, agrupando a hiladores, tejedores mecánicos y trabajadores de la industria textil algodonera catalana. Participó en el Congreso Obrero de Barcelona del mes de junio de 1870, para luego protagonizar su propio congreso, que organizó la Tres Clases de Vapor con una estructura federal local de oficio, agrupado a los obreros de este sector no sólo de Barcelona, sino también de las localidades industriales vecinas. En ese momento la Federación contaba con algo más de ocho mil afiliados, siendo sus principales líderes Climent Bové, Narcís Mas y Anselm Valentí, entre otros. De esta época hay que destacar la huelga que promovió de unas quince semanas de duración en Vilanova i la Geltrú. En 1871 la mayoría de sus federaciones locales se integraron en la Federación Regional Española de la Primera Internacional (AIT). A finales de ese mismo año constituyó, junto con la Sociedad de Tejedores a Mano, la Unión Manufacturera, que se constituyó en un congreso en el mes de mayo de 1872, con asistencia de un centenar de delegados, que representaban a unos veintiocho mil afiliados. Se decidió la creación de un Consejo directivo formado por catorce miembros, con sede en Manresa.

La clase obrera en la Barcelona decimonónica

(Tiempo de lectura: 2 - 3 minutos)

En la sociedad barcelonesa del siglo XIX asistimos a una evidente proletarización de las clases populares que habían vivido en el ámbito artesanal dentro de unos gremios que se liquidaron con el establecimiento del Estado liberal, además de que esa nueva clase obrera también se nutrió de una creciente inmigración en búsqueda de puestos de trabajo en la pujante industria textil barcelonesa.

Las tensiones sociales en la Barcelona ilustrada

(Tiempo de lectura: 2 - 4 minutos)

En el último cuarto del siglo XVIII Barcelona fue escenario de algunas revueltas populares. Después del mencionado motín de 1766, habría que destacar el denominado motín de las quintas del año 1773. Este motín tenía que ver con la reforma que se planteó sobre el reclutamiento para el ejército a través de las quintas por sorteo, un cambio que en Cataluña no fue bien acogido porque hasta entonces había funcionado el sistema de voluntariado. El 4 de mayo de ese año un grupo de jóvenes entró en la catedral y tocó a somatén. La revuelta se extendió con mucha facilidad por el resto de la ciudad. Cuando un grupo de amotinados intentó salir de la ciudad recibió tiros de la guardia apostada en el Portal Nou, originando varios muertos. El Ayuntamiento decidió intervenir, enviando una queja a Madrid, y la reforma se paralizó.


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