De la guerra de las remensas a la “rabassa morta” en Joaquín Maurín
- Escrito por Eduardo Montagut
- Publicado en Textos Obreros
Queremos exponer en esta pieza el análisis que Joaquín Maurín realizó en Leviatán en el número de agosto de 1934 sobre la realidad el campo catalán en un trabajo que tituló “El problema agrario en Cataluña”, centrándonos ahora en el marco temporal que aparece en el título de nuestro artículo. En otras entregas ampliaremos la época.
Maurín encuadraba la guerra de las remensas en el contexto de las sublevaciones agrarias europeas bajomedievales y de comienzos de la Edad moderna. La larga lucha de los campesinos catalanes se vio recompensada con el triunfo sobre el poder señorial. El acuerdo de 1462, es decir, lo que conocemos como la Sentencia Arbitral de Guadalupe, y que puso fin a la guerra sellaría el fin de feudalismo en el campo catalán.
En el siglo XVII comenzó el desarrollo del cultivo de la vida y es el momento de la extensión del contrato de la “rabassa morta”, aunque algunos precedentes se pueden encontrar ya en la Edad Media. Pero su época de auge sería entre el siglo XVIII y el siglo XIX.
El contrato consistía en que el dueño de unos yermos improductivos los cedía a los campesinos a cambio de recibir la mitad de la cosecha. El trabajador transformaba con esfuerzo terrenos pedregosos o estériles en campos fértiles. Era un contrato verbal, establecía que duraría hasta que murieran las dos terceras partes de las cepas (recordemos que estamos hablando de viñas) de la primera plantación, es decir, a “rabassa morta”. Eran cepas que podían durar entre cincuenta y setenta años. Este hecho era fundamental porque el campesino podía disponer de la tierra durante toda su vida, y hasta algo más. Eso era un verdadero estímulo para poner a las tierras a producir. Eso permitió que las comarcas del Penedés, Vallés, Bajo Ampurdán y el Campo de Tarragona se transformaran enormemente.
Durante mucho tiempo y ya entrado el siglo XIX también los propietarios estaban contentos con este tipo de contrato porque recibían rentas sustanciosas, habida cuenta de la producción y productividad del campo. Pero los propietarios comenzaron a desear más beneficios porque, además, el valor de las tierras estaba aumentando. Eso pasaba por revisar los contratos, que debían limitarse más en lo temporal, es decir, a unos cincuenta años.
En la época del Sexenio Democrático los campesinos catalanes aprovecharon el momento para movilizarse, consiguiendo que sus reivindicaciones fueran escuchadas en las Cortes de la mano de Pi y Margall en tiempos de la Primera República. El 20 de agosto de 1873 se promulgaba una ley que declaraba redimibles a favor del cultivador los foros y la “rabassa morta”, es decir, que los campesinos catalanes habían conseguido una victoria, pero con el fin de la República también se puso término a esta reforma legal.
En los primeros decenios de la Restauración el conflicto en el campo catalán era evidente. Los propietarios, que habían defendido el cambio político, intentaron imponer su voluntad. El objetivo era terminar con el contrato de la “rabassa morta” para ser sustituido por otro de simple arrendamiento. Los tribunales fueron dando la razón a los propietarios, comenzando por la Audiencia de Barcelona. El Tribunal Supremo dio la razón a la sentencia de la Audiencia al establecer que la “rabassa” era un simple contrato de arrendamiento. El Código Civil estableció que la “rabassa” tendría una duración de cincuenta años.
Seguiremos.
Eduardo Montagut
Doctor en Historia. Autor de trabajos de investigación en Historia Moderna y Contemporánea, así como de Memoria Histórica.
Premio Mejor Aliado 2024 de la Asociación Blanco, Negro y Magenta.
Lo último de Eduardo Montagut
- La necesidad de los partidos socialistas: reflexionando con Delville
- Sobre el feminismo en el socialismo belga al terminar la Segunda Guerra Mundial
- El Congreso de Quaregnon para el socialismo belga
- Contra el gobierno “comunista” o las denominaciones interesadas
- El método del socialismo utópico, según Plejánov