Los social-revolucionarios rusos. Primera Parte
- Escrito por Eduardo Montagut
- Publicado en Textos Obreros
Uno de los principales partidos de la Revolución rusa fue el Partido Social-Revolucionario, cuyos miembros eran denominados eseristas. El Partido desaparecería con el triunfo definitivo de los bolcheviques.
El Partido recogió la tradición populista o naródnik. El proceso que desembocaría en la creación del Partido fue complejo. Por un lado, había un grupo en Járkov en 1900, y que se uniría con otros grupos menores al año siguiente formando un comité y poniendo en marcha una publicación, Rusia Revolucionaria, que se editaba en Suiza por Víctor Chernov, que terminaría siendo el principal líder del Partido. Por otra parte, en Berlín confluyeron dos grupos del exilio, la Unión de Socialistas Revolucionarios y el Partido de los Socialistas Revolucionarios. Pues bien, en 1902 estas dos tendencias terminarían por cuajar en el Partido Social-Revolucionario. Ingresaría en la Segunda Internacional en ese mismo año.
El populismo ruso del siglo XIX se centraba en el campesino y el campo. Para los populistas el pueblo ruso esta formado en su inmensa mayoría por campesinos y, por lo tanto, había que luchar en su favor, en que pudiera acceder a la tierra. Los eseristas se inspiraron en esta ideas pero también es cierto que comprendieron la necesidad de que los obreros estaban creciendo en Rusia, y el concepto de pueblo ruso debía ser más ampliado.
El programa del Partido nunca estuvo muy estructurado, a diferencia de lo que ocurría en el ámbito socialdemócrata. Los eseristas defendían el establecimiento de una fase intermedia revolucionaria, pero no aparecía claramente como socialista ni, por supuesto, sería una dictadura del proletariado. Se propugnaba la socialización de la tierra, no la nacionalización de la misma. El proceso de colectivización debía ser democrático, sin empleo de la fuerza y sin coacciones. Las tierras expropiadas a los terratenientes se debían repartir en usufructo a los campesinos y sus comunidades. Todo esto separaba radicalmente a los eseristas de los bolcheviques.
Tampoco se abogaba por la nacionalización de los medios de producción en el ámbito industrial o, al menos, no al principio, aunque se podría llegar a ese objetivo en el futuro. En realidad, se defendía un programa reformista en favor de los trabajadores de tipo socio-laboral: mejores salarios, menor jornada laboral, seguros sociales, y participación obrera en la dirección y gestión de las empresas.
En lo político se pretendía el fin de la autocracia rusa y el establecimiento de una república descentralizada a través del federalismo, además de reconocerse el derecho a la autodeterminación.
Seguiremos.
Eduardo Montagut
Doctor en Historia. Autor de trabajos de investigación en Historia Moderna y Contemporánea, así como de Memoria Histórica.
Premio Mejor Aliado 2024 de la Asociación Blanco, Negro y Magenta.
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