Sobre la supuesta falta de líderes en el laborismo a mediados de los treinta
- Escrito por Eduardo Montagut
- Publicado en Textos Obreros
Continuamos con Harold J. Laski y su análisis del Partido laborista en vísperas de las elecciones de 1935, que comenzamos en un artículo anterior de esta sección de “Textos obreros”. Si en el anterior tratábamos sobre la supuesta división interna en el seno de la formación, ahora planteamos la supuesta falta de líderes de la misma como otra crítica que se hacía al laborismo.
Laski exponía, efectivamente, que otra crítica que recibía el laborismo era que se carecía de líderes necesarios para las tareas de gobierno. Pero eso era, a su juicio, una puerilidad. Recordaba cómo Burke había afirmado en 1790 que los “hombres desconocidos” de la Revolución francesa eran incapaces de gobernar Francia, y, sin embargo, pese a su inexperiencia, habían legislado para el mundo entero.
Los hombres que habían edificado un partido nacional, organizado las trade unions y el movimiento cooperativo, tenían el derecho de pedir la confianza de la nación como los que tanto daño habían hecho al prestigio británico en los asuntos internacionales, y se habían mostrado tan pusilánimes y reaccionarios en el de la política nacional.
Eso sí, lo que no tenía el laborismo eran líderes capacitados para dirigir el sistema en beneficio de los privilegiados porque eso, además, no le interesaba. Pero poseía todas las cualidades requeridas para la tarea de reconstruir la sociedad en interés de todos. El laborismo, en conclusión, no aspiraba a ganar la confianza de los grandes negociantes. Si lo hiciera, eso quería decir que había dejado de ser leal a la misión que tenía que cumplir.
Eduardo Montagut
Doctor en Historia. Autor de trabajos de investigación en Historia Moderna y Contemporánea, así como de Memoria Histórica.
Premio Mejor Aliado 2024 de la Asociación Blanco, Negro y Magenta.
Lo último de Eduardo Montagut
- La necesidad de los partidos socialistas: reflexionando con Delville
- Sobre el feminismo en el socialismo belga al terminar la Segunda Guerra Mundial
- El Congreso de Quaregnon para el socialismo belga
- Contra el gobierno “comunista” o las denominaciones interesadas
- El método del socialismo utópico, según Plejánov