Sobre la sinceridad en un partido socialista, según Laski
- Escrito por Eduardo Montagut
- Publicado en Textos Obreros
En el artículo del intelectual y laborista Harold J. Laski sobre el partido laborista en vísperas de las elecciones y que la revista socialista española Leviatán publicó en su número del otoño de 1935, y que hemos estudiado en anteriores piezas de esta sección de “Textos Obreros”, existe un punto sobre el que queremos detenernos ahora sobre la relación entre la sinceridad y el partido.
Laski no era partidario de que el partido siguiera con su estrategia de intentar convencer al cuerpo electoral de su “respetabilidad”. El partido laborista era completamente distinto a los demás, y lo era porque era socialista. Por eso no se podían aceptar títulos y honores que otorgaba el jefe del Estado a propuesta del Gobierno, y también era fundamental luchar contra la estructura clasista del sistema de enseñanza en el Reino Unido y, por fin, tampoco se podía sentir estima alguna por la “costosísima panoplia de la Corte y todo lo que arrastra.”
El socialismo no era solamente una forma de vivir, era una modalidad de vida, y cuyos principios estaban en contradicción con el orden social imperante.
Laski consideraba que la mayor parte de los fracasos en el pasado del laborismo procedían del afán de intentar convencer a los adversarios, en vez de satisfacer a los propios. No había que tener miedo a las consecuencias de los principios propios. Ningún partido habría padecido nunca por tener reputación de ser sincero. Los laboristas no querían un mundo igual al que defenderían los adversarios. La razón de ser del laborismo era desear un mundo diferente. Si se empezaba a vivir ya la vida del mundo que se deseaba, se estaría mejor dispuesto para ello cuando, al final, se implantase.
Eduardo Montagut
Doctor en Historia. Autor de trabajos de investigación en Historia Moderna y Contemporánea, así como de Memoria Histórica.
Premio Mejor Aliado 2024 de la Asociación Blanco, Negro y Magenta.
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