El nacimiento de la OIT
- Escrito por Eduardo Montagut
- Publicado en Textos Obreros
La OIT fue un organismo creado en 1919 para mejorar las condiciones laborales de los trabajadores de los países miembros mediante normas y convenios internacionales, que luego tendrían que ser desarrollados en cada Estado. Sigue existiendo hoy en día.
Para constituir la OIT se tomó como base la Asociación Internacional para la Protección Legal de los Trabajadores, creada en Basilea en 1901. La constitución de la OIT tuvo lugar en la Conferencia de Washington de 1919. Su primer director general fue el socialista francés Albert Thomas. Aunque hay antecedentes más lejanos sobre la necesidad de abordar de forma internacional el mundo del trabajo, nos centraremos en los que se produjeron en la Primera Guerra Mundial. En 1916 se celebró en Leeds un Congreso de los sindicatos de los países aliados, Reino Unido, Francia, Bélgica e Italia. En el mismo destacó la figura de Léon Jouhaux, que sería luego representante de los trabajadores en la OIT, y obtendría el Nobel de la Paz en 1951. La reunión de Leeds aprobó que en el tratado de paz se debían establecer garantías para los trabajadores, en relación con la jornada laboral, la seguridad social y la seguridad en el trabajo. También aprobó una resolución para que se crease una comisión internacional con el fin de vigilar el cumplimiento de dichas disposiciones, y para organizar futuras conferencias internacionales donde se profundizaría en la legislación laboral. Por fin, abogó para crear una oficina internacional del tra bajo. Mientras tanto los sindicatos alemanes, austriacos y búlgaros se reunieron en Estocolmo y Berna con representantes sindicales de países neutrales, planteando ideas parecidas a las que se habían aprobado en Leeds. Es importante, por lo tanto, resaltar cómo los sindica tos de ambos bandos defendían básicamente lo mismo; seguramente fueron las únicas organizaciones destaca das con más puntos en común entre los contendientes, manteniendo, en nuestra opinión vivo, en cierto modo, el espíritu internacionalista, mejor que los propios partidos socialistas.
En febrero y septiembre de 1918, a punto de terminar el conflicto, se celebraron sendas conferencias en Londres, que reunieron a las organizaciones sindicales de los aliados a instancias del Partido Laborista y de las Trade Unions. De ahí salió claramente la exigencia de que los trabajadores debían tener derecho a estar representados en la conferencia de paz, pero, además, que debía celebrarse una conferencia mundial del mundo del trabajo. La American Federation of Labor, que había ganado un evidente peso desde que Estados Unidos había entrado en el conflicto, aportó varias cuestiones importantes relativas a que los principios relacionados con el trabajo debían estar incluidos en el tratado de paz.
Se llegó a un acuerdo y se reivindicó ya claramente la creación de la OIT por una Comisión permanente con encargo de convocar conferencias, como un parla mento obrero internacional que tendría el poder de adoptar resoluciones con fuerza de ley. Esa Comisión de Legislación Internacional del Trabajo fue creada por la Conferencia de Paz nada más ponerse en marcha. Tenía como misión formular propuestas para ser incluidas en el Tratado de Paz. Su composición era tripartita: gobiernos, empresarios y sindicatos. Los representantes obreros fueron Samuel Gompers (Estados Unidos), que presidió la Comisión, el belga Emile Vandervelde, George Banners (Reino Unido) y el francés Léon Jouhaux. En realidad, los sindicatos, como hemos visto en guerra, habían deseado celebrar una conferencia internacional aparte para actuar como gru po de presión, pero no desaprovecharon la ocasión para procurar cuantos avances pudieran conseguir en la Comisión.
La misma creó la Carta del Trabajo, como documento para orientar la actuación de los gobiernos y de la OIT cuando se constituyese formalmente:
-No se debía considerar la mano de obra meramente como un producto o un artículo de comercio.
-Reconocimiento del derecho de asociación.
-Pago de un salario adecuado, que permitiese un nivel de vida aceptable.
-Jornada de ocho horas o semana de cuarenta y ocho horas.
-Descanso semanal de veinticuatro horas como mínimo.
-Abolición del trabajo infantil.
-Igualdad de remuneración por el mismo trabajo.
-Trato económico equitativo de todos los trabajadores del país, tanto de los nacionales como de los inmigrantes.
-Sistema de inspección, para velar por el cumplimiento de leyes relativas a la protección de los trabajadores.
La Organización Internacional del Trabajo funcionaría como un organismo tripartito, integrado por represen tantes gubernamentales, de los empresarios y de los trabajadores.
Los primeros años fueron muy intensos, ya que entre 1919 y 1921 se sancionaron dieciséis convenios internacionales del trabajo y dieciocho recomendaciones. En 1926 se introdujo un mecanismo de control, consisten te en que cada país debía presentar anualmente una memoria informando sobre el estado de aplicación de los convenios. Estas memorias se examinarían por un Comité de Expertos, formado por juristas que, a su vez, debían presentar un informe.
Con Roosevelt, Estados Unidos ingresaría en 1934 en la OIT. Al estallar la Segunda Guerra Mundial, la OIT se instaló temporalmente en Montreal, y en 1944 se aprobó la Declaración de Filadelfia, que vendría a ser un anexo de la Constitución formal de la OIT, fijando principios y objetivos.
Eduardo Montagut
Doctor en Historia. Autor de trabajos de investigación en Historia Moderna y Contemporánea, así como de Memoria Histórica.
Premio Mejor Aliado 2024 de la Asociación Blanco, Negro y Magenta.
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