El poder contra los gitanos en tiempos de los Reyes Católicos y los Austrias
- Escrito por Eduardo Montagut
- Publicado en Textos Obreros
Los gitanos han sido una de las minorías más perseguidas en la Historia de España. En este artículo estudiamos la persecución que sufrieron en la Edad Moderna, comenzando con los Reyes Católicos, y terminando con las disposiciones draconianas del despotismo ilustrado.
Las claves de la persecución que sufrieron los gitanos deben buscarse en el rechazo que el poder sentía por el carácter no sedentario de los mismos. Su negativa a integrarse en la vida común establecida originó que se les coaccionase por distintos medios para que lo hicieran. La vida errante era inaceptable para las autoridades, pero también lo eran las señas de identidad de los gitanos: la lengua, el vestido, las costumbres y hasta sus propios nombres. La batería legislativa contra los gitanos es extensa e intensa entre 1499 y 1783, lo que demostraría el fracaso de los intentos de asimilación a la fuerza, y la voluntad que desarrollaron para mantener sus formas de vida. Los gitanos ofrecieron una constante resistencia pasiva a esta política. También influyó en este fracaso la diversidad jurisdiccional propia del Antiguo Régimen, con distintos reinos y por la existencia de señoríos jurisdiccionales, que fue aprovechada por los gitanos que se movían constantemente por todos los territorios. Por otro lado, las guerras y revueltas en la Monarquía Hispánica no contribuyeron tampoco al objetivo del poder: Comunidades, Germanías, sublevación de Cataluña, guerra de Portugal o Guerra de Sucesión, ya que fomentaron la vida trashumante.
En el año 1499, los Reyes Católicos aprobaron una Pragmática en la que calificaban a los gitanos como “egipcianos, vagabundos, sin señas conocidas y sin vecindad”, es decir, todo lo que no toleraba la Corona, la vida errante y no estable. En la disposición se les obligaba a establecerse en el lugar donde se hallasen en ese momento, y a no viajar en grupo por los distintos reinos. Si no cumplían la ley se les expulsaría. Recordemos que, por otros motivos, hacía siete años se había expulsado a otra minoría, los judíos. El emperador-rey Carlos siguió la misma política de sus abuelos maternos, ya que repitió la Pragmática en más de una ocasión, lo que demostraría el fracaso de la política establecida. Felipe II condenó a los gitanos que no obedeciesen a galeras en el año 1560. Diez años después les prohibió que se embarcasen rumbo a América. En 1619, ya en tiempos de Felipe III, se mandó que todos los gitanos que se hallaran dispersos por los distintos reinos salieran de los mismos en el plazo de seis meses, y que no volvieran si no se asentaban en núcleos de población de más de mil habitantes, con el fin de favorecer la asimilación. Además, se prohibieron sus rasgos de identidad: traje, nombre y lengua. La diversidad no era un elemento que se valorase en la España moderna, todo lo contrario. Recordemos, por lo demás, que en este reinado se expulsó a los moriscos. Felipe IV insistió en atacar las señas de identidad de los gitanos, y les prohibió vivir en grupo, es decir, tenían que asimilarse al resto de la población. En el reinado de Carlos II se renovó lo dispuesto en tiempos de Felipe III.
Eduardo Montagut
Doctor en Historia. Autor de trabajos de investigación en Historia Moderna y Contemporánea, así como de Memoria Histórica.
Premio Mejor Aliado 2024 de la Asociación Blanco, Negro y Magenta.
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