Luis Araquistáin sobre el arte social
- Escrito por Eduardo Montagut
- Publicado en Textos Obreros
En este periódico hemos tratado sobre la figura y obra del socialista británico William Morris y sus ideas estéticas. Pues bien, el intelectual y socialista española Luis Araquistáin realizó una serie de reflexiones sobre el arte y el socialismo en el número del 15 de enero de 1914 de Renovación, la publicación de las Juventudes Socialistas. El mismo llevaba el significativo título de “Se busca un William Morris”.
Para Araquistáin existían dos relaciones entre el socialismo y el arte. Por un lado, el socialismo tenía que apoderarse de la riqueza artística existente en el mundo. Por otro lado, el arte debía absorber el contenido vital del socialismo.
La primera consideración tendría que ver con la socialización del arte, de la misma manera que había que socializar la ciencia, o los medios de producción. Debían abrirse al pueblo las bibliotecas, los museos y los teatros. Ciertamente, se podría decir que ya estarían abiertos, pero no era tan sencillo. Trabajar diez horas diarias agotaba al pueblo y no permitía más que intentar descansar por el agotamiento que se padecía. La reducción de la jornada laboral era una condición indispensable para poder acceder a la cultura.
No se podría posponer la conquista del arte hasta que el socialismo conquistase las “demás fortalezas del régimen capitalista”. Se podría hacer mucho antes. Y en ese sentido, aludía al ejemplo de la socialdemocracia alemana en favor de la cultura para los obreros.
En relación con la segunda relación, esto es, la absorción del contenido vital por parte del socialismo, parecía urgente porque Araquistáin consideraba muy pobre el arte en su época, especialmente el español.
El arte grande, en realidad, era el que nacía de lo más íntimo de la sociedad, el arte que expresaba las emociones de una comunidad humana determinada. No era necesario que el arte fuera socialista, pero sí social. Lo fundamental era, como se había expresado, en que debía tener sus raíces en la sociedad. Para Araquistáin eso se habría dado en la Edad Media cuando se pintaba y esculpía en las ciudades libres para las casas consistoriales, para las casas de los gremios y para otros edificios donde se reunía el pueblo. Se construía para expresar el espíritu colectivo. Todo lo contrario que se hacía en el presente. Por fin, aludía a Tomás Meabe con su ideal de incorporar a la vida del pueblo a pintores, escultores, músicos, arquitectos, poetas, etc., por su interés en que se embellecieran las Casas del Pueblo.
Al socialismo le estaba reservada la elevación del arte a su dignidad colectiva. Por eso, pedía la aparición de “un William Morris” en el “pardo horizonte español”.
Eduardo Montagut
Doctor en Historia. Autor de trabajos de investigación en Historia Moderna y Contemporánea, así como de Memoria Histórica.
Premio Mejor Aliado 2024 de la Asociación Blanco, Negro y Magenta.
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