La difícil vida del campesinado catalán de la Alta Edad Media
- Escrito por Eduardo Montagut
- Publicado en Textos Obreros
Los campesinos antes del año 1000 eran en su gran mayoría libres y propietarios de sus alodios, es decir, de pequeñas propiedades. La repoblación, según el procedimiento de la aprissio, que hemos visto en otro capítulo, había favorecido el desarrollo de estas pequeñas propiedades. La libertad que ofrecía este procedimiento, basado en que se reconocería la propiedad sobre el terreno que se ocupaba y se cultivaba durante un tiempo, había hecho que los campesinos consiguieran reunir una base estable para subsistir. En todo caso, nada estaba asegurado en aquella época porque se era muy dependiente de la climatología y la tecnología no era muy avanzada. Una mala cosecha podía arruinar a una familia, por lo que el sistema era muy frágil, y favorecía la concentración de la propiedad en manos de los poderosos.
El enriquecimiento y el creciente poder nobiliario, es decir, de quien monopolizaba la fuerza, fue en detrimento, claramente, del campesinado. Las viejas normas, las franquicias que disfrutaba el pueblo y las propias instituciones sufrieron un serio menoscabo cuando no fueron totalmente vulneradas. La presencia de los castillos como símbolo del poder de esa nueva nobleza se erigía frente a los campesinos. El poder señorial, el conocido como “ban” fue en su origen un poder de hecho, basado en el monopolio de la fuerza. En función del mismo se ordenaba y se castigaba cuando no se obedecía o se incumplía lo dispuesto.
Pero, además, los payeses (campesinos) sufrieron un enorme incremento de imposiciones basadas en un carácter territorial. Esas imposiciones eran claramente exacciones directas y bastante arbitrarias de los recursos de los payeses. Además, se establecieron imposiciones por los derechos que adquirieron los nobles en materia de justicia, y también en relación con aspectos tan personales como el matrimonio o las herencias. Los señores pudieron llegar a vender o donar sus tierras con los propios campesinos incluidos. Estaríamos claramente ante una situación de servidumbre, que se institucionalizaría en el siglo XIII, y que serían los conocidos como los malos usos y la remensa, que terminarían por generar un duro y largo conflicto entre los siglos XIV y XV. La remensa, que comenzaría a aplicarse a mediados del siglo XI, consistía en un pago en concepto de rescate que debían pagar los payeses a sus señores para abandonar la tierra. Los señores pretendían con la remensa evitar que sus campesinos pudieran abandonar libremente los predios para marcharse a las ciudades o a tierras en la conocida como la Cataluña Nueva conquistada a partir del siglo XII. Pero había más malos usos. Estaba, por ejemplo, el derecho a maltratar que los señores tenían sobre los campesinos. La Iglesia colaboró en el mantenimiento de esta situación porque llegó a amenazar con la excomunión a los que se negaran a aceptar esta situación de dura dependencia. Eran, realmente, siervos.
Eduardo Montagut
Doctor en Historia. Autor de trabajos de investigación en Historia Moderna y Contemporánea, así como de Memoria Histórica.
Premio Mejor Aliado 2024 de la Asociación Blanco, Negro y Magenta.