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Los movimientos vecinales en Barcelona


(Tiempo de lectura: 2 - 4 minutos)

Entre los años cincuenta y sesenta Barcelona creció de forma evidente, acumulando un fenómeno de barraquismo o de chabolismo, como se denominaba en otros lugares, muy acusado. Se calcula que podría haber ya en la segunda mitad de los años cincuenta más de un centenar de núcleos de barracas, ocupados por los inmigrantes que vinieron desde otros lugares de España con la ilusión de mejorar sus vidas, ante la imposibilidad de hacerlo en sus regiones. En realidad, el fenómeno de las barracas es anterior, comenzando con el siglo XX, pero ahora esos poblados se desbordaron en el Somorrostro, el Campo de la Bota, la Barceloneta y Montjuïc. Pero, además, nacieron otros nuevos, los del Carmelo, la Perona y la Verneda. Además, aparecieron en los barrios del Guinardó, Can Dragó, Camp del Arpa, Sant Martí, Sants, Gracia, la Taxonera, Sant Gervasi y Collblanc.

Los inmigrantes se afanaban por la noche para construir sus barracas por la noche para que estuvieran listas al día siguiente y no pudieran ser derruidas por las autoridades porque la ley no permitía derribar viviendas techadas, aunque fueran como las barracas o chabolas. No tenían agua ni luz, y se amontonaban unas con otras. Pero también es cierto que la construcción de estas barracas y la defensa de las mismas generó una intensa solidaridad entre los que las poblaban y fomentaron un espíritu de lucha común para dignificar los asentamientos y para luego reivindicar unas condiciones de vida dignas a las autoridades, un fenómeno verdaderamente nuevo en relación con los movimientos sindicales, estudiantiles o políticos que se pudieron ir desarrollando contra las autoridades franquistas.

Ciertamente, las autoridades intentaron construir vivienda, como hemos indicado. En 1939, al terminar la guerra funcionó la Obra Sindical del Hogar que construyó viviendas en Bellvitge (Hopitalet), San Ildefonso (Cornellà), en Badalona y en otros barrios barceloneses. Pero no fueron suficientes, además de levantarse con escasísima calidad. Por su parte, 1949 el Ayuntamiento barcelonés puso en marcha el Servicio Municipal para la Represión de las barracas. Había un cuerpo de inspectores acompañados por miembros de la Guardia Urbana para censar las barracas, colocando una placa en la puerta de entrada de cada una de ellas con el fin de controlar que no se hicieran más, derribando las que podían. Otra forma de evitar la construcción de las barracas fue controlar la población que llegaba a las estaciones de ferrocarril. Muchos fueron internados para devolverlos a sus lugares de origen.

Cuando se celebró el Congreso Eucarístico de 1952, las barracas de la parte alta de la Diagonal fueron derribadas, expulsando a los habitantes, y urbanizando la zona con un barrio que pasó a denominarse Congreso. Fueron trasladados a otras zonas del extrarradio.

La época de Porcioles, como hemos visto, fue la del furor constructor, así como de la más pura especulación urbanística. La calidad de las viviendas no fue mucho mejor que la de las casas construidas al terminar la guerra, además de no dotarse a los barrios de infraestructuras adecuadas.

En 1966 desaparecieron las barracas en la Barceloneta y en el Somorrostro porque se envió a sus moradores a barracones provisionales en el barrio de Santo Roco. En 1972 se levantó el barrio de la Mina, y dos años después, el Polígono Canyelles.

Fue en los años sesenta cuando nació el movimiento asociativo vecinal. Se aprovechó la Ley de Asociaciones de 1964. No era una disposición legal propia de un sistema democrático donde, como es sabido, se debe reconocer y garantizar el derecho de asociación. Nació para para terminar de satisfacer las demandas de la Iglesia para que pudiera desarrollar todo su sistema asociativo, muy vinculado, en gran medida, hacia la juventud. Pero, también es cierto que abrió un resquicio para que pudieran crearse otro tipo de asociaciones, eso sí, ni sindicales ni políticas, y dentro de un marco estricto y sometidas a la autorización de las autoridades. Y así pudieron surgir las asociaciones vecinales que se pusieron a luchar para dignificar los barrios populares y para que la población no viviera en barracas. Su empeño, entre la legalidad y la clandestinidad, fue fundamental para que la Barcelona que no brillaba tuviera visibilidad y fuera atendida por las autoridades en el tardofranquismo. En 1974 se creaba la Federación de Asociaciones de Vecinos de Barcelona.

Este movimiento vecinal puede ser considerado uno de los más originales, potentes y ejemplares en España y en Europa.

 

Doctor en Historia. Autor de trabajos de investigación en Historia Moderna y Contemporánea, así como de Memoria Histórica.

Premio Mejor Aliado 2024 de la Asociación Blanco, Negro y Magenta.

 


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