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La Fiesta oficial del Trabajo en 1931


(Tiempo de lectura: 2 - 3 minutos)

El Primero de Mayo de 1931 fue extraordinario por dos razones. Se celebró a las pocas semanas de la proclamación de la República y, sobre todo, porque fue la primera celebración como fiesta oficial. Efectivamente, el gobierno provisional, a propuesta del ministro de Trabajo, Francisco Largo Caballero, había establecido el día 1 de Mayo como Fiesta oficial del Trabajo.

La celebración de 1931 fue una manifestación de alegría democrática y socialista en todo el país. En Madrid se puso en marcha pasadas las diez de la mañana. La capital estaba llena de banderas republicanas. En la cabecera de la manifestación iban del brazo el rector de la Universidad de Salamanca, Miguel Unamuno, el ministro de Trabajo, Francisco Largo Caballero, el ministro de Hacienda, Indalecio Prieto y el alcalde de la capital, Pedro Rico. También estuvieron presentes Julián Besteiro y representantes del movimiento obrero occidental y de la OIT. La seguridad corrió a cargo de las milicias socialistas, con una niña vestida de República, es decir, con el gorro frigio y una banda tricolor, mientras que una compañera iba vestida de rojo simbolizando el socialismo. Se cantó la Marsellesa y la Internacional. Se calcula que se manifestaron más de trescientas mil personas.

Cuando la cabecera de la manifestación llegó a Presidencia de Gobierno se encontró en su balcón al presidente Niceto Alcalá-Zamora, rodeado de los ministros Albornoz, Casares Quiroga, Maura y Azaña. Una comisión presidida por Largo Caballero entró en el edificio para entregar las peticiones obreras, como se venía haciendo desde el inicio del Primero de Mayo. El documento es sumamente interesante por las propuestas presentadas: derecho al voto a los 21 años, ratificación y cumplimiento de la jornada de ocho horas, políticas para paliar el paro y contra la carestía de la vida, la construcción de casas baratas, la aprobación de una legislación a favor del cooperativismo, la reforma agraria, la repoblación forestal y una ley sobre el control sindical de las industrias. Se trataba, sin lugar a dudas, de una parte fundamental del programa político, social y económico del socialismo español.

El presidente Alcalá-Zamora se dirigió a los manifestantes resaltando la significación histórica del acto. Aludió al final del antagonismo social, a la superación del conflicto entre las reivindicaciones sociales y el poder público. Se comprometía, en la medida de las posibilidades, a atender al programa y las peticiones obreras. Largo Caballero cerró el discurso para que los manifestantes se disolvieran evitando incidentes que pudieran ser empleados por los enemigos de la República.

Las tradicionales fiestas en la Casa de Campo y la Dehesa de la Villa fueron multitudinarias.

Doctor en Historia. Autor de trabajos de investigación en Historia Moderna y Contemporánea, así como de Memoria Histórica.

Premio Mejor Aliado 2024 de la Asociación Blanco, Negro y Magenta.

 


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