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Regino González y el fomento del cooperativismo


(Tiempo de lectura: 2 - 3 minutos)

En un artículo anterior expusimos ya la intensa vocación cooperativista de Regino González. En este sentido, debemos recordar que fue un empleado de seguros, miembro destacado de las Juventudes Socialistas, y redactor de El Socialista, que se vinculó al cooperativismo, especialmente a través de las páginas del periódico, pero también en la UGT. En marzo de 1926 publicó en dicho periódico un interesante artículo sobre la importancia de la difusión y formación de la cooperación a través de la educación, ofreciéndonos información sobre cómo la Primera Guerra Mundial había fomentado el cooperativismo. Ya lo estudiamos en El Obrero, como hemos aludido.

Pues bien, en octubre de ese mismo año volvió a la carga, insistiendo que desde el propio periódico obrero y desde otras publicaciones había proclamado que no había que perder más tiempo en lamentarse de que en España no se contara con una organización cooperatista que pusiera al movimiento obrero a la altura de lo que existía en otros países. Analizar los textos de González tiene su interés porque era un verdadero experto en la materia, y conocía muy bien la realidad española, especialmente los problemas que aparecían a la hora de constituir cooperativas.

González había explicado en un sinfín de ocasiones que en aquellos lugares donde hubiera una organización de la UGT o una Agrupación Socialista debían ponerse de acuerdo unos cuantos compañeros, sin necesidad de que el número fuera muy alto, para poner en marcha una cooperativa, a través de una comisión organizadora que se dedicara a recaudar las aportaciones, la redacción de un reglamento y dar los primeros pasos para la constitución de la organización.

González era consciente de que en muchos lugares la idea de la cooperativa estaba en la mente de algunos, pero había dos razones que impedían que dieran el paso efectivo para la constitución de una cooperativa. La primera de ellas tenía que ver con el número. Había socialistas que consideraban que eran pocos para llevar a cabo el proyecto. Pero, además, pensaban, como segundo factor, que los tiempos de crisis y penuria entre los medios obreros imposibilitaban ponerse en marcha.

Eran dos errores, para nuestro protagonista. Ya había explicado en su texto que no era necesario ser muchos para constituir el núcleo coordinador, la comisión organizadora. Y para refutar esta idea exponía varios casos concretos. Así pues, aludió a la situación de Manzanares, en La Mancha. Al parecer, habían sido cinco personas que se habría puesto de acuerdo para poner en marcha una cooperativa de consumo, a mediados de julio de 1926. Dos meses después constituyeron legalmente la Cooperativa de Consumo Socialista Obrera de Manzanares.

Pero, además, González aludía a la cooperativa pionera en el mundo, la de los tejedores de Rochdale en el siglo XIX, que fue fundada por 28 personas. También expuso el caso de la Vooruit de Gante, modelo del potente cooperativismo belga.

Al final, todo era un ejercicio de voluntad.

Pero tampoco valía el argumento de la miseria o crisis. Si las cooperativas eran organizaciones para aliviar los agobios que sentían los trabajadores, cuando aquellos se agudizaban eran más necesarias que nunca. En este sentido, volvió a recordar el ejemplo de los tejedores de Rochdale. Aquella cooperativa se había creado en una época de intensa miseria entre los trabajadores británicos.

Hemos trabajado con el número 5531 de El Socialista, de 27 de octubre de 1926.

En la Hemeroteca de El Obrero podemos encontrar la referencia anterior a Regino González.

Doctor en Historia. Autor de trabajos de investigación en Historia Moderna y Contemporánea, así como de Memoria Histórica.

Premio Mejor Aliado 2024 de la Asociación Blanco, Negro y Magenta.

 

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