Los socialistas contra las huelgas violentas en 1901
- Escrito por Eduardo Montagut
- Publicado en Textos Obreros
Como es sabido, el movimiento obrero socialista siempre fue muy cuidadoso en relación con las huelgas; debían ser bien meditadas, solamente debían ser emprendidas cuando la organización sindical correspondiente fuese fuerte, contando con potentes cajas de resistencia, debían ser ordenadas y pacíficas, y solamente se declararían como último recurso. En repetidas ocasiones hemos estudiado esta cuestión en El Obrero, acudiendo al propio Pablo Iglesias. En el otoño de 1901, El Socialista volvió sobre este tema (lo hizo en multitud de ocasiones, con fines pedagógicos), criticando a los anarquistas, pero, sobre todo, a los lerrouxistas, poniendo como ejemplos huelgas del tipo que defendía el socialismo y que finalizaron con éxitos para los obreros.
En noviembre, el periódico socialista aludía al éxito de la huelga de canteros de Santander que, tras unas semanas de lucha, había conseguido que los patronos atendieran sus peticiones. Por su parte, los albañiles de Barcelona, después de una huelga no muy larga, habían alcanzado la jornada de ocho horas. Y, por fin, los obreros de la construcción de Gibraltar consiguieron romper una coalición patronal que quería terminar con la jornada laboral de ocho horas, además de obtener otras demandas.
Y todas estas huelgas fueron “pacíficas, legales, ordenadas”, como las recomendaban los socialistas, y no como las defendidas por anarquistas y lerrouxistas, afirmaba contundentemente el periódico. Se había vencido a los patronos, y no se había derramado ni una gota de sangre, ni se había detenido a ningún trabajador, además de que no se había disuelto ninguna sociedad de resistencia, una cuestión que a los socialistas les preocupaba de forma evidente, porque la organización era, si se nos permite una licencia, casi sagrada, un objetivo en sí.
Por otro lado, los trabajadores protagonistas de estos conflictos no se habían rebajado, ni habían rogado, ni se habían comportado como mendigos. Se habían mostrado “enérgicos, resueltos y altivos”. Y lo más importante, se habían obtenido ventajas: más horas de descanso, más respeto y salarios más altos.
El artículo quería demostrar con estos ejemplos que no era verdad que las huelgas pacíficas no alcanzaban nunca resultados.
Para apoyar esta tesis se aludía a párrafos sacados del periódico afín catalán, La Guerra Social, a cuenta del conflicto de los albañiles barceloneses, y donde se criticaba de forma contundente a Lerroux por su defensa de la huelga violenta, demostrando, además, en su opinión, un gran desconocimiento de los conflictos sociales, “con un romanticismo revolucionario, impropio de los tiempos actuales de luchas positivas, de cálculo, de estrategia, de cohesión, de afinidad de miras, de unión y de solidaridad obrera”. No olvidemos, para quien le pueda extrañar esta crítica a Lerroux, que estaríamos hablando de los inicios del radicalismo, muy extremista y, sin lugar a dudas, lleno de bastantes dosis de demagogia.
Hemos trabajado con el número 817 de El Socialista de 1 de noviembre de 1901.
Eduardo Montagut
Doctor en Historia. Autor de trabajos de investigación en Historia Moderna y Contemporánea, así como de Memoria Histórica.
Premio Mejor Aliado 2024 de la Asociación Blanco, Negro y Magenta.
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