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Rafael Urbano y la función de las Casas del Pueblo (1913)


(Tiempo de lectura: 2 - 3 minutos)

Rafael Urbano (1870-1924), redactor de El Socialista, fue, sin lugar a dudas, un personaje peculiar, periodista, escritor, interesado en el ocultismo, y que escribió mucho en el periódico a partir de 1913. También tuvo mucho que ver con la Escuela Nueva. A Urbano hemos acudido en varias ocasiones, como cuando explicábamos el fabianismo y el propio origen de la Escuela Nueva.

En el verano de 1913 en la sección del periódico obrero, titulada “Acción Social”, que incluyó en aquella época artículos breves, pero muy interesantes, sobre distintas materias relacionadas con el socialismo, el sindicalismo, los seguros sociales, etc., Urbano explicó a los lectores cómo debía ser una Casa del Pueblo.

Urbano era un entusiasta, sin lugar a dudas, ya que explicaba que los socialistas eran intervencionistas, tenían que, por fuerza, llevar a todas partes “el credo”, pero también demostrar la realidad del mismo. Era fundamental la cuestión de la lucha de clases, y enseñarla a las clases medias porque no querían “rendirse a la evidencia de la realidad social”.

Así pues, las Casas del Pueblo debían ser, y lo eran, en su opinión, algo más que una casa de huéspedes de los oficios. En su gran mayoría, aunque no lo quisieran algunos elementos, nos avisa, aunque no sabemos a quiénes se podía referir, las Casas del Pueblo eran instituciones socialistas, abiertas a todo el mundo, como “viveros y planteles” para la organización obrera de carácter societario y de resistencia.

Pero en la práctica eran algo más. Eran organismos que se tenían en cuenta por el prestigio que les había otorgado la acción proletaria, que se tenían en consideración por la burguesía, como representación de un pensamiento y una voluntad colectivos.El Estado se encontraba, de esa manera, con una fuerza que no había creado, pero que había subido para ponerse al habla con el mismo.

Pero debían ser algo más las Casas del Pueblo. Habían nacido por una imposición de la realidad, pero la propia realidad las empujaba a cumplir más altos destinos. Debían ser organismos intervencionistas, en propia expresión de Urbano, del proletariado cerca de la burguesía gobernante. Debían recabar las funciones de Cámaras del Trabajo, en las que las fuerzas productoras de la riqueza tuvieran su representación, voz y su intervención en el Estado.

Todas las otras instituciones, las distintas Cámaras de Comercio, Agrícolas, Industriales, de la Propiedad, etc, tenían menos realidad que las Cámaras de Trabajo, que Urbano pedía para las Casas del Pueblo. Los obreros tenían derecho a tener su representación.

El Instituto de Reformas Sociales no cumpliría lo que Urbano pedía para las Casas del Pueblo. Los conflictos laborales, los problemas del trabajo debían resolverse atendiéndose a los intereses proletarios antes que nada. Todas esas instituciones aludidas anteriormente eran, realmente, como sindicatos de la burguesía para la defensa de sus intereses. “exclusivos y excluyentes”. A los trabajadores no se les tenía en cuenta a la hora, por ejemplo, de establecer tratados comerciales, ni cuando se abrió una información pública sobre las subsistencias.

En conclusión, había que darse prisa en recabar el ejercicio de los derechos de los trabajadores. La junta directiva de la Casa del Pueblo debía pensar en la institución que dirigía para ponerse en marcha en la idea que presentaba Urbano.

Hemos trabajado, además de con el Diccionario Biográfico del Socialismo Español, con el número 1550 de El Socialista, de 21 de agosto de 1913.

Doctor en Historia. Autor de trabajos de investigación en Historia Moderna y Contemporánea, así como de Memoria Histórica.

Premio Mejor Aliado 2024 de la Asociación Blanco, Negro y Magenta.

 

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