Lucio Martínez Gil por las ocho horas en 1922
- Escrito por Eduardo Montagut
- Publicado en Textos Obreros
En otros momentos hemos aludido al intento por parte de las patronales de revertir la conquista de la jornada laboral de ocho horas como medio para afrontar la crisis económica de la postguerra mundial. En febrero de 1922, el destacado sindicalista y socialista Lucio Martínez Gil, publicó un artículo en El Socialista, que queremos rescatar con el fin de profundizar en este asunto, en la respuesta que se dio desde el movimiento obrero socialista. Pero, además, Martínez Gil trató otra faceta del tema al abordar el incumplimiento de la ley, pero por parte de los trabajadores.
La jornada laboral tenía poca vida en España a la altura de febrero de 1922, ya que la reforma era de 1919, y había costado mucho conseguirla, además de haber tenido que seguir luchando contra los incumplimientos de la norma. Martínez Gil, en esta línea, afirmaba que los “famosos tres ocho” peligraban, aludiendo a las ocho horas de trabajo, ocho de descanso y ocho de ocio. La burguesía deseaba terminar con esta fórmula porque quería evitar, en su opinión, que los trabajadores se instruyesen, leyesen, escribiesen, en fin, que se capacitaran.
La patronal tendría miedo de los trabajadores, y de sus esfuerzos en las conquistas sociales, y por eso intentaba contagiarlo a lo que hoy llamaríamos la clase política, y que Martínez Gil denominaba los “directores de la cosa pública”, con el fin de que estableciesen medidas represivas contra los obreros organizados.
Para el sindicalista socialista los esfuerzos que realizaban las organizaciones patronales para conseguir la abolición de la jornada de las ocho horas estaban inspirados tanto en el espíritu reaccionario propio de los patronos españoles, como en su “egoísmo nunca saciado y en su falta de aptitudes para dirigir las industrias”. En ese sentido, aludía a lo que habría expresado el propio órgano del Vaticano sobre que los empresarios españoles no estaban a la altura de su tiempo. También sacaba a colación el hecho de que al presentar ante la Junta Local de Reformas Sociales de Madrid propuestas de reforma parcial de la disposición sobre la jornada de las ocho horas, los dueños de restaurantes, pescaderías, tabernas y otros solicitaban la derogación de la jornada legal de las ocho horas por la competencia extranjera.
Pero había otro problema que a Martínez Gil le preocupaba más que el ataque de los patronos a la jornada de las ocho horas, y sobre el que quería insistir. Opinaba que los propios trabajadores contribuían en algunos casos a que se incumpliese la ley por ganar unos pocos céntimos más al día. Era consciente de la precariedad que reinaba en la mayoría de los hogares proletarios, y de la desatención social que recibían de las instituciones los trabajadores, pero dicha situación no podía justificar que los propios trabajadores se prestasen a perjudicarse trabajando más horas de las reglamentarias. Esa práctica era, además, promovida por los empresarios.
Martínez Gil quería con su artículo demostrar a los trabajadores que hacían horas extraordinarias que eso era negativo para la salud, que privaba de un tiempo valioso para instruirse, además de para el descanso reparador, porque contribuía a la explotación que se padecía, y porque ayudaba en la estrategia patronal de que siempre hubiera obreros desocupados.
El artículo cargaba contra los empresarios para demostrar a esos trabajadores que nada podían esperar de ellos. Así se interpreta su alusión a que los patronos no habían hecho nada en favor de los obreros en la pasada guerra con tantas ganancias y que, además no habían entregado ni una pequeña parte al Estado, en clara alusión a su cerrada negativa a las reformas fiscales que se plantearon sobre esos beneficios extraordinarios. Terminada la guerra los empresarios planteaban, como hemos apuntado, y siempre según la opinión de Martínez Gil, que había que trabajar más horas con el fin de ser más competitivos.
Martínez Gil estudiaba en su artículo cómo este interés de los empresarios en aumentar la jornada laboral se producía en otros países, y también cómo era la respuesta de las organizaciones sindicales. Esta parte tiene su interés porque ofrece información de la situación europea en la posguerra.
En Inglaterra las organizaciones obreras habían pactado para apoyarse por todos los medios, incluso económicos, cuando la patronal intentase imponer a los obreros una jornada superior.
En el parlamento francés se había presentado una proposición pidiendo que quedase sin efecto la ley que estableció el principio de la jornada de ocho horas como jornada máxima.
Por su parte, en Bélgica les había costado intensas luchas a los obreros asociados para conseguir la jornada de ocho horas. Lo habían conseguido recientemente, la reforma había entrado en vigor el 1 de octubre de 1921.
En Holanda la clase patronal quería evitar el cumplimiento de la ley de las ocho horas pretextando que en Alemania no se llevaba a la práctica, pero las cosas no parecía que fueran así.
Para Martínez Gil era un hecho evidente que cuanto más se habían percatado los obreros de la explotación mayor había sido su esfuerzo por reducir sus horas de trabajo. El ejemplo de Robert Owen de establecer la jornada de ocho horas en su fábrica no había encontrado imitadores, pero, en cambio, los obreros australianos en 1856 consiguieron agrupados en sindicatos hacer efectiva dicha jornada, marcando el camino a seguir por los proletarios del resto del mundo.
La jornada de ocho horas debía ser respetada, y no alterada por conseguir unos pocos céntimos. La conducta de no respetar la jornada de ocho horas contribuía a que las crisis de trabajo fueran más agudas y prolongadas, provocando que hubiera en el mercado una mayor oferta de fuerza de trabajo.
Hemos consultado el número 4069 de El Socialista, de 25 de febrero de 1922, y el Diccionario Biográfico del Socialismo Español, donde el interesado podrá conocer la intensa y extensa vida de compromiso de Martínez Gil. En la hemeroteca de El Obrero, por su parte, se podrán comprobar los acercamientos a la jornada laboral que hemos realizado en distintos momentos.
Eduardo Montagut
Doctor en Historia. Autor de trabajos de investigación en Historia Moderna y Contemporánea, así como de Memoria Histórica.
Premio Mejor Aliado 2024 de la Asociación Blanco, Negro y Magenta.