Léon Delsinne y el paro en relación con la modernización productiva (1929)
- Escrito por Eduardo Montagut
- Publicado en Textos Obreros
En estas páginas de El Obrero llevamos un tiempo reflexionando con destacados miembros del movimiento obrero socialista de los años veinte sobre la racionalización de la producción y sus consecuencias para los trabajadores. En general, todos eran partidarios, comenzando por Largo Caballero, como vimos en un artículo monográfico, a la racionalización productiva siempre que no tuviera consecuencias negativas para los obreros. Los sindicatos debían mostrarse de acuerdo con todos estos procesos que redundaban en una mayor productividad, pero siempre tenían que estar vigilantes para que eso no supusiese un aumento del paro o la tentación de bajar los salarios. Había que adoptar medidas para hallar la posibilidad de que los trabajadores pudieran readaptarse a la nueva situación, a nuevos trabajos. Lejos quedaban los tiempos del ludismo. En ese contexto nos acercamos a la visión del belga Léon Delsinne.
Recordemos que Léon Delsinne (1882-1971) fue un socialista belga, doctor en Economía, director de la Escuela Obrera Superior, y que dirigió Le Peuple antes de la Segunda Guerra Mundial, uno de los periódicos obreros europeos más destacados. Fue un activo miembro de la Resistencia belga, y después de la contienda jugó un papel importante en el gobierno de su país y en el Partido Obrero, además de volver a Le Peuple. Entre sus libros destacan una historia del Partido Obrero Belga desde sus inicios hasta 1894, y una monografía sobre el movimiento sindical de su país.
En marzo de 1929, El Socialista publicó un artículo suyo sobre la readaptación de los obreros privados de empleo por la racionalización productiva.
La racionalización pretendía el aumento de la producción con menos materias primas y menos mano de obra, o conseguir mayor cantidad de productos con las materias primas y la mano de obra disponibles. En todo caso, parecía que generaba un ahorro de mano de obra, es decir, generaba paro, algo que, lógicamente era perjudicial para el trabajador, que, o cambiaba de región o de oficio. Pero Delsinne intentaba que se viera la cuestión desde todos los puntos de vista. En este sentido, la racionalización se conseguía, generalmente, gracias al empleo de máquinas más costosas o más sofisticadas, si se nos permite la licencia. Y esa nueva tecnología exigía trabajadores. Además, como este fenómeno implicaba reducción de precios, aumentaba el consumo y los parados podían recuperar su empleo al tener que contratarse más obreros. El problema era el intervalo de tiempo entre el despido y la nueva contratación.
La cuestión se complicaba cuando las transformaciones productivas eran a gran escala y simultáneas en distintos ramos productivos porque entonces aumentaba de forma considerable el número de parados que esperaba las consecuencias favorables de readaptación, y, además ésta sería más lenta.
Al final, según el socialista belga, la racionalización era favorable para la colectividad, pero también es cierto que afirmaba que las consecuencias inmediatas podían ser extraordinariamente duras para ciertas categorías laborales. Por eso no había que adoptar una postura expectante, no había que contentarse con el seguro de paro; se trataba de readaptar al obrero para otra ocupación.
Hemos trabajado con el número 6266 de El Socialista, de 10 de marzo de 1929.
Eduardo Montagut
Doctor en Historia. Autor de trabajos de investigación en Historia Moderna y Contemporánea, así como de Memoria Histórica.
Premio Mejor Aliado 2024 de la Asociación Blanco, Negro y Magenta.