El tiempo libre de los obreros franceses en los años veinte
- Escrito por Eduardo Montagut
- Publicado en Textos Obreros
Uno de los argumentos más empleados contra el reconocimiento de la jornada laboral de ocho horas fue el relacionado con el empleo del tiempo libre de los obreros. Se decía desde algunos gobiernos y ciertas patronales que los trabajadores dedicarían el aumento de horas de descanso a la taberna, a un ocio embrutecedor. Pues bien, además del esfuerzo que hizo el movimiento obrero de distinto signo por fomentar la cultura, el deporte y un ocio enriquecedor a través de las Casas del Pueblo, los Ateneos Obreros y las distintas organizaciones de tiempo libre y deporte, hemos encontrado algunos datos que desmienten aquellas afirmaciones.
A mediados de los años veinte, el Ministerio de Trabajo de Francia, a través de su servicio de estadística, publicó unos datos significativos, que los socialistas españoles sacaron, a su vez, en El Socialista, en junio de 1925, como muestra de la inexactitud de los enemigos de la reforma de la jornada laboral.
En París, los obreros que deseaban consultar obras técnicas y científicas frecuentaban la biblioteca del Conservatorio de Artes y Oficios, que pertenecía al Estado. El número de lectores durante las horas finales del día había sido de 11.878 en 1920. La cifra aumentó al año siguiente porque los lectores trabajadores ya eran 12.128, aunque era cierto que en 1923 había bajado la cifra.
Por su parte, las catorce bibliotecas municipales de la capital francesa habían prestado en 1922 casi millón y medio de volúmenes para leer. Se calculaba que la cifra era superior en un 11% a la del año 1913 antes de la Gran Guerra.
Las bibliotecas de los setenta y seis municipios de los alrededores de París habían prestado 325.933 libros en 1923, mientras que en 1913 la cifra había sido sensiblemente inferior, de 226.028 volúmenes. El aumento era, por consiguiente, de un 44%.
Las bibliotecas provinciales habían registrado un considerable aumento en los préstamos de libros para trabajadores.
Las Compañías de ferrocarriles habían organizado bibliotecas circulantes y fijas para sus obreros y empleados. Los agentes ferroviarios atestiguaban que se notaba que cada día era mayor el deseo de aquellos trabajadores por aprender y completar su instrucción, tanto general como más específica, es decir, técnica.
Como hemos expresado más arriba, estos datos servían para apoyar la argumentación socialista sobre su reivindicación histórica de la jornada de ocho horas para que el proletariado pudiera estudiar y aprovechar su tiempo con el fin de mejorar su capacitación.
Y todo esto era, en este argumento, consecuencia natural de la labor del socialismo universal, que deseaba que la clase trabajadora contara con las condiciones debidas de preparación técnica y cultural para cuando llegase el momento de encargarse de la dirección de todos los asuntos.
Hemos trabajado con el número 5094 de El Socialista, de 4 de junio de 1925.
Eduardo Montagut
Doctor en Historia. Autor de trabajos de investigación en Historia Moderna y Contemporánea, así como de Memoria Histórica.
Premio Mejor Aliado 2024 de la Asociación Blanco, Negro y Magenta.