En el Congreso de la UGT del año 1968 se tomó la resolución de que debía organizarse un homenaje a Andrés Saborit. Era evidente que Saborit había sido un personaje clave del movimiento obrero durante muchos decenios, tanto en el sindicato como en el partido.
Saborit contestó a la notificación del homenaje. Dicha contestación se publicó en Le Socialiste en su número del 12 de diciembre de 1968. La contestación llevaba fecha del 15 de octubre de 1968 desde Ginebra. Debemos recordar que en 1950 dejó sus cargos orgánicos por problemas de salud y pasó a residir en Ginebra, aunque llegaría a presidir el Congreso de Toulouse del PSOE del año 1970.
Saborit agradecía el acuerdo adoptado, pero también expresó que no aceptaba homenajes en vida y recordaba que siempre se había opuesto a que se hicieran en favor de los demás. Hasta que un hombre no hubiera terminado definitivamente sus actuaciones en el movimiento obrero era “peligroso solidarizarse con él”.
Nosotros interpretamos la negativa de Saborit por modestia, y porque un miembro del movimiento obrero no debía esperar homenajes. Pero la afirmación del peligro nos ha hecho reflexionar mucho. Es curioso, pero en masonería existiría un principio que dice que, al igual que no se debe criticar a un hermano tampoco se le debe ensalzar. No se si los motivos para evitar elogios y homenajes en los dos ámbitos guardan algún tipo de relación, pero, quizás un sindicalista o socialista y un masón no necesitarían ese tipo de agradecimientos públicos porque estarían consagrados a ideales donde no se debía buscar el halago. La recompensa sería alcanzar o acercarse a dicho ideal.
Así pues, el gesto de Saborit nos dice mucho de lo que es el compromiso que no busca elogios. El mismo terminaba diciendo que, “nada de elogios” pero sí a seguir unidos hasta “el fin de nuestra tarea, que otros seguirán y perfeccionarán en el porvenir”. Saborit siempre es una fuente inagotable de enseñanzas.





