Catecismo del librepensamiento. Deberes. II
- Escrito por Eduardo Montagut
- Publicado en Tribuna Libre
Continuamos con el repaso de la obra de Fernando Lozano Montes (Demófilo), Catecismo del Librepensamiento, en su faceta de los Deberes.
“ —¿Qué debes á tus padres? —Infinito amor y obediencia. Yo no disputaré con ellos, no les replicaré; me fortaleceré en el trabajo y el ejercicio para poder auxiliarles en la ancianidad. Yo velaré de rodillas al lado de mi madre anciana y moribunda como ella ha velado tantas veces junto á mi cuna.
Procuraré acrecentar el honor de mi apellido huyendo de mancharlo con actos vituperables.
-¿Qué debes a tus maestros?
-Atención diligente, obediencia y afecto.
Consideraré la escuela, el instituto y la universidad como templos donde se presta culto á la verdad, y á los profesores y maestros como ejerciendo el m´s elevado de los sacerdocios.
-¿Qué debes al maestro de taller, al principal del comercio y a toda persona de quien dependas y en cuya intimidad vivas?
-Obligaciones semejantes á las que impone el hogar doméstico.
Yo no olvidaré que el hogar que se me abre es sagrado, y que no debo vivir en él como espía, sino como un hijo adoptivo. Yo no revelaré á nadie lo que vea y oiga en la intimidad de ese hogar.
-¿Qué debes al trabajo?
-Una fidelidad religiosa.
No adulteraré los productos, no engañaré al mercado; pondré toda mi voluntad en el trabajo, como si lo que elaboro hubiera de servirme a mi mismo.
-¿Qué debes a la autoridad pública?
-Acatamiento y obediencia. La autoridad representa el poder social y la parte debe subordinarse al todo. Aun el caso de mandarme algo injusto, lo obedeceré protestando y á reserva de reclamar más tarde contra el autor del abuso de autoridad.
Solo cuando los depositarios de la autoridad, violan sistemáticamente las leyes y los ciudadanos han agotado inútilmente todos los recursos legales para defender sus derechos, ha lugar á ejercitar el derecho de rebelión.
-¿Qué debes á tu patria?
-Todo lo que pueda prestarle en defensa de su dignidad y de su independencia.
Yo no ocultaré mi riqueza; contribuiré en la medida de ella á sostener las cargas públicas, velaré porque la nación esté bien dirigida y administrada estudiando y practicando incansablemente mis deberes cívicos, y, en caso de peligrar su seguridad, pondré á su disposición mis bienes y mi vida.
Yo prometo ser justo en el jurado, valiente en el ejército, decidido y prudente al practicar mis derechos electorales, para evitar que el Gobierno vaya á caer en manos de tiranos o explotadores.
-¿Qué debes á los extranjeros?
-Hospitalidad y auxilio. Yo me anticiparé a considerarlos como mis conciudadanos de patria futura que abrazará la tierra entera.
(Continuará)
Eduardo Montagut
Doctor en Historia. Autor de trabajos de investigación en Historia Moderna y Contemporánea, así como de Memoria Histórica.
Premio Mejor Aliado 2024 de la Asociación Blanco, Negro y Magenta.
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