Luis Araquistain y la posición española ante Israel: entre el pasado y el presente
- Escrito por Eduardo Montagut
- Publicado en Tribuna Libre
En enero de 1959, el ministro de Exteriores, Fernando María Castiella, visitó Damasco, procedente de Egipto. Llegó a la capital siria el 21 de enero. Allí tuvo una reunión con todos los embajadores españoles en los Estados árabes. En Siria declaró que España no reconocería al Estado de Israel mientras no fuera reconocido por los Estados árabes, y hasta anunció apoyó a Siria si era atacada por Israel. Como es sabido, no sería hasta la llegada de la democracia que España no reconocería el Estado de Israel en la Administración de Felipe González.
Luis Araquistain opinaba en las páginas de El Socialista en marzo de 1959 contra la posición del Gobierno español en relación con Israel, planteando una alternativa final.
El argumento fundamental del intelectual socialista contra la actitud oficial española se basaba en la supuesta deuda histórica que España tendría con los judíos, habida cuenta de la persecución que habían padecido en el pasado. En su extenso artículo explicaba las matanzas y destrucciones de propiedades en la Baja Edad Media, la expulsión de 1492, y el caso del ministro Manuel de Lira, en tiempos de Carlos II, sobre la admisión de protestantes y judíos en América, sin dejar de citar una actuación suya personal desde la Embajada de España de París en 1936, en plena Guerra Civil, por petición de una delegación judía para que se revocase el Edicto de 1492. También citó las gestiones que se habían hecho en la Segunda Guerra Mundial para dar asilo diplomático a judíos de países invadidos por Alemania. Además, reconocía que se habían creado, posteriormente a 1939 cátedras de lengua y cultura hebreas en algunas universidades españolas, y se había sacado una buena revista de estudios hebraicos.
Pero la posibilidad de una reparación histórica de España con Israel se había desvanecido con la posición oficial que suponían las declaraciones de Castiella. Araquistain podía comprender que hubiera alguna razón propia española para no reconocer a Israel, pero no concebía que la razón fuera que no lo hacían los Estados árabes. Eso no podía hacerlo un país que había luchado contra los árabes y que había perdido ya su protectorado marroquí. Araquistain apuntaba a que una posible razón era que no se quería reconocer a un estado democrático porque España no lo era. En todo caso, como observamos, los razonamientos de Araquistain no dejan de sorprendernos bastante desde nuestro presente, pero también, seguramente, si fuéramos contemporáneos del momento en el que se hicieron.
También nos sorprende la hipótesis final de Araquistain, pero en otro sentido, y sobre que un día árabes e israelíes podían terminar por reconciliarse, y quizás España podría jugar un papel en ese tema. En relación con lo primero hemos visto sesenta y cinco años después que ese acuerdo parece casi imposible, y lo segundo es también harto complicado, pero, no cabe duda de que fue una llamada a que nuestro país pudiera realizar una labor altruista, aunque también en clave propia española. En todo caso, si parece un comentario muy sugerente si lo vemos con lo que ahora mismo está pasando porque hace tanto un destacado intelectual quería que España asumiera ese papel de reconciliadora, sin tomar “partido de unos contra otros”.
Hemos trabajado con el número del 5 de marzo de 1959 de El Socialista.
Eduardo Montagut
Doctor en Historia. Autor de trabajos de investigación en Historia Moderna y Contemporánea, así como de Memoria Histórica.
Premio Mejor Aliado 2024 de la Asociación Blanco, Negro y Magenta.
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