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Nostalgia del absoluto. I


(Tiempo de lectura: 2 - 4 minutos)

Hace ya días, un internauta respondió a un post de un amigo en facebook escribiendo: “Dios es lo Absoluto” o algo así. Pensé por unos segundos responder con la anécdota, ya citada algunas veces, que cuenta Norberto Bobbio, de lo sucedido en el metro de Nueva York: Alguien escribió en una de sus paredes: “Dios es la respuesta”. Y al día siguiente apareció, también escrito y a modo de contestación: ¿Cuál era la pregunta? Igualmente, no hace mucho, con motivo de haber subido a mi Blog, la gran controversia sobre el marxismo entre Kautsky y Bernstein, recibí dos correos particulares (uno sin firma) atacándome duramente, por no haber defendido en mi texto, la interpretación más ortodoxa del marxismo. Ambos correos, me pareció, despedían un tufillo casi religioso, y una especie de nostalgia, por un pensamiento de lo absoluto al que continuar agarrándose. Y finalmente, hace ya unas semanas, leí los comentarios de John Carlin en El País sobre el libro “Animales de partido”, del antiguo comunista, hoy columnista del Times en Londres, David Aaronovitch.

A veces he comentado lo mucho que me hubiera gustado haber nacido y vivido, acunado por alguna filosofía de lo absoluto, a la derecha o a la izquierda. Y en cambio toda mi vida, me la he pasado bregando con lo relativo y la duda perenne. Todas esas coincidencias (comentarios en Facebook, correos personales y la reseña de Carlin) me llevaron a pensar en un librito, “Nostalgia del Absoluto”, que escribió George Steiner, el gran teórico de la literatura y de la cultura, parisino de familia judía de origen vienés, que leí hace tiempo. Lo localicé en mi biblioteca y lo estoy releyendo.

Historiadores y sociólogos están de acuerdo, a la hora de constatar una apreciable decadencia, del papel desempeñado por los sistemas religiosos formales, por las iglesias, en la sociedad occidental. Pero de esto no hace tanto tiempo. El mismo PSOE en sus inicios, se estructuró como una sociedad aparte, como una religiosa contra religión. Pablo Iglesias pregonaba aquello de que allá donde hubiera una iglesia, debía surgir una “casa del pueblo”. Y aún recuerdo muy bien mi primera visita a los compañeros de Euskadi, en compañía de Alfonso Guerra, el cual me advirtió con antelación: fíjate bien en la estructura de las “casas del pueblo” que tienen por aquí. Y efectivamente en todas, la sala principal era longitudinal, con una mesa al fondo en el centro, cubierta de un paño rojo (una especie de altar) y con las fotos de los viejos líderes: el mismo Pablo Iglesias, Largo Caballero, Indalecio Prieto, Julián Besteiro, Tomás Meabe… colgadas a lo largo de las paredes, como las estatuas de los santos en las iglesias. “El partido comunista era una iglesia - escribe Aaronovitch en su libro – su fuerza derivaba tanto de la creencia y de la fe, como del intelecto. Por un lado, estaban los ‘puros’, los que poseían la verdad absoluta, y por otro los malvados o los equivocados”.

Algunos historiadores sitúan esa decadencia de lo religioso, en el desarrollo del racionalismo científico durante el Renacimiento; otros lo atribuyen al escepticismo y el secularismo explícito de la Ilustración, con sus ironías sobre la superstición de todas las iglesias. Pero, en cualquier caso, y en mayor o menor grado, el núcleo religioso del individuo degeneró en pura convención social. Para la mayoría de hombres y mujeres pensantes, las fuentes vitales de la teología, de una convicción doctrinal sistemática y transcendente, se habían secado. Y este desecamiento, este agotamiento, dejó un inmenso vacío. Y donde existe un vacío, surgen nuevas realidades y sistemas de pensamiento, que sustituyen a las antiguas. La historia filosófica y política de Occidente durante los últimos 150 años, puede ser entendida como una serie de intentos, más o menos conscientes, más o menos sistemáticos, más o menos violentos, de llenar el vacío central dejado por la erosión de la teología. Este vacío, esta obscuridad en el mismo centro, era debida a “la muerte de Dios” (célebre e irónica frase de Nietzsche, con frecuencia mal interpretada). Y hacia estas cuestiones de cuya formulación y resolución, depende la coherencia de la vida del individuo y de la sociedad, se dirigen las grandes “antiteologías”, las “metarreligiones” de los dos siglos pasados.

Pues eso.

 

Nacido en 1942 en Palma. Licenciado en Historia. Aficionado a la Filosofía y a la Física cuántica. Político, socialista y montañero.