Talleyrand. La Venus suplicante. III
- Escrito por Emilio Alonso Sarmiento
- Publicado en Historalia
Tras una estancia en Londres, durante la cual le pagaron “el alquiler” dos inglese muy ricos, Madame Grand se instaló en París en 1782. Vivía fastuosamente en el faubourg Saint-Honoré y no tardó en convertirse en una figura habitual, en los salones literarios de moda. Estaba abonada a la ópera, a los Italianos y al Théâtre Français, y su casa fue redecorada de arriba a abajo, por el equipo de artesanos que trabaja para el conde de Artois. ¿Quién pagaba todo esto? ¿El oro inglés, como sospechaban los miembros del Directorio? Emmanuel de Waresquiel, el famoso historiador, nos dice que “no se la puede considerar una prostituta, ni siquiera de lujo, como lo fue la futura Mme de Barry al principio de su carrera. Era una mujer libre e independiente, algo que no le impediría tener protectores según sus gustos, sus necesidades y su humor”. Otros historiadores menos piadosos, no dudan en presentárnosla como una courtisane de altos vuelos.
Cuando acudió en busca de refugio a la mansión del exobispo Talleyrand, tenía 36 años, pero seguía poseyendo una belleza considerable. No se divorció de su marido hasta el 18 de germinal del año VI (7 de abril de 1798). El divorcio le permitió casarse 4 años después con Charles-Maurice de Talleyrand-Périgord, con quien llevaba conviviendo ya casi 5. El matrimonio (civil), impuesto por Napoleón, tuvo lugar en París el 23 de fructidor del año X (10 de septiembre de 1802). El pacato conde Louis-Mathieu Molé (1781-1855) lego ministro de Asuntos Exteriores y presidente del Consejo bajo la monarquía de Julio, explicaba casi con asco, la relación existente entre ambos de este modo: “El poder que ella tenía sobre él era tan repugnante, que solo se le podía asignar el más carnal de los orígenes”. La “esclavitud sexual” de que nos habla Bertolt Brecht, en una de sus mejores canciones.
Fue el único coup de foudre, que se sepa, que “tumbó” a Talleyrand a lo largo de su vida, una auténtica excepción, que no tiene nada que ver con sus relaciones sentimentales con otras mujeres a las que admiró y amó a lo largo de su carrera, que fueron muchas. Mme Grand se quedó en su casa y allí estuvo viviendo doce años seguidos, aunque muy pronto dejó de contar por completo, para el hombre que la había acogido. No siquiera se refiere a ella en sus memorias. Y, sin embargo, no pudo impedir que se convirtiera en la anfitriona de su hogar. Desde muy pronto destacó en el desempeño de tan importante papel (¡su pareja era el ministro de Exteriores de Francia!) Cinco años después se convertiría, además, en su legítima esposa, primero civil, después in facie ecclesiae.
Pues eso.
(Continuará)
Emilio Alonso Sarmiento
Nacido en 1942 en Palma. Licenciado en Historia. Aficionado a la Filosofía y a la Física cuántica. Político, socialista y montañero.