Capitán Richard F. Burton y los EE. UU. I
- Escrito por Emilio Alonso Sarmiento
- Publicado en Historalia
Richard F. Burton había publicado un texto magnífico “Zanzíbar: dos meses en el este de África”, se había hecho un nombre y quizá, estaba a punto de perderlo. John H. Speke estaba a punto de emprender una segunda exploración ¡sin Burton! Pero en compañía de otro oficial – James Augustus Grant – posiblemente mucho más significativa que la primera. Y, por si fuera poco, los Arundell se oponían en redondo a que Burton desposara a su hija.
Isabel estaba desesperada. Su hermana trató de consolarla, “pero entonces un propio llamó a la puerta y entregó una nota, con aquella caligrafía tan conocida como amada por ella. “Supe cuál iba a ser mi destino y, tras una honda inspiración abrí el sobre”. Burton había vuelto a desaparecer sin decir palabra. “Hube de guardar cama durante una larga temporada”, escribió Isabel, “presa de no pocos delirios”.
Es posible que la acción de Burton fuese un tanto precipitada, pero no carecía de razones. Había llegado a un callejón sin salida en todos los sentidos. Parece haberse dedicado a la bebida en grandes cantidades, cosa que hizo en exceso, al menos de cuando en cuando, siempre que se sintió bajo una dura presión. Había mantenido una nutrida correspondencia con Steinhauser, el cual había dicho por escrito a Burton: “vente conmigo a beber hasta hartarnos por toda América”.
Beber por toda América, de cabo a rabo, no le pareció una solución tan pobre al problema de Arundell y, a otras cuestiones que también le obsesionaban. “Por eso contesté afirmativamente”, escribió Burton.
Su viaje a los EE.UU. encierra muchos misterios todavía por resolver. Burton había obtenido, sin mayores complicaciones, una prórroga de su permiso – es posible que Milnes le echara una mano en ello - y por eso pudo tomar la improbable e inesperada decisión de marcharse a los EE.UU. La cuestión de Norteamérica no había aparecido previamente, en los pensamientos publicados por Burton, al contrario de los viajes emprendidos por Arabia y África; asimismo, no existía una Meca ni un Nilo por descubrir. Norteamérica no era entonces una tierra exótica para los ingleses. Las tribus indias supervivientes se hallaban, bien en condiciones muy empobrecidas y deterioradas, o bien en guerra contra el gobierno federal y los colonos. Burton iba a manifestar muy poco interés por las lenguas de los indios, aunque sí le fascinó el lenguaje de signos de algunas tribus. Más tarde anunció que en realidad deseaba ver a los mormones que, años antes, tras ser perseguidos por toda Norteamérica, se desplazaron desde el estado de Nueva York hasta Utah, asentándose en torno a Great Salt Lake.
Pues eso.
(Continuará)
Emilio Alonso Sarmiento
Nacido en 1942 en Palma. Licenciado en Historia. Aficionado a la Filosofía y a la Física cuántica. Político, socialista y montañero.