Los griegos. Heráclito. XXXVIII
- Escrito por Emilio Alonso Sarmiento
- Publicado en Tribuna Libre
La idea que Heráclito tiene de la “phýsis”, se antoja, por lo pronto, más compleja que la de los milesios, aunque debemos reconocer, que ambas comparten un mismo origen (los antiguos cultos agrarios griegos) y proceden de una misma intuición: la búsqueda del “primer principio” de la realidad, que, al mismo tiempo, es “principio vital”, hacedor “ex quo” y, transformador de todas las cosas. Del mismo modo, la naturaleza es para Heráclito “lo divino”, como también lo era para Tales, Anaxímenes y Anaximandro, en sentido impersonal e inmanente, nunca personal y transcendente. Todos ellos, por último, tienen una concepción esencialmente dinámica de la naturaleza, complementada con una cierta intuición, de la medida que prevalece, en cada una de sus transformaciones; sin embargo, Heráclito, a diferencia de sus predecesores, entiende que esta misma medida, no sólo esta presente en la naturaleza, sino también en el hombre, al mismo tiempo que profundiza en la idea de devenir, para intensificarla.
Para Heráclito, la naturaleza es un proceso ígneo incesante, que da lugar a todas las cosas, sin perder, por ello, su “mismidad”, en un ciclo perpetuo de acciones y retro-acciones, donde cada movimiento es inédito incluso en su repetición, es decir, donde acontece el retorno temporal, de lo mismo como otro:
“El sol es nuevo cada día”
Heráclito advierte, con una sensibilidad, más oriental que occidental, que sólo una regeneración permanente, permite conciliar en la naturaleza, las ideas de creación y destrucción, de permanencia y cambio. La naturaleza, dicho de otro modo, mantiene su identidad visible, gracias a una constante renovación invisible, posibilitada por la solidaridad, de todos sus elementos. Ahí radica el sujeto activo de la vida (como nos ha enseñado la biología), en su esencial apertura, en su carácter homeostático o auto-regulativo y, en su perpetua regeneración, lo que permite que los sistemas vivos, mantengan un fuerte equilibrio organizacional, posibilitado por múltiples reajustes dinámicos, e intercambios de materia y energía con el medio, a pesar de sus continuas pérdidas, transformaciones y renovaciones. La naturaleza es entendida en este fragmento, como aquello que “nace y muere” cada día, como aquello que se forma, al mismo tiempo que se transforma, donde nacimiento y muerte, formación y transformación, no son más que las dos caras de un mismo proceso.
La “phýsis” es “fuego”, como reconoce Aristóteles, pero no hay que olvidar, siguiendo al propio Estagirita, que sólo a partir de Empédocles, puede considerarse al fuego, como uno de los cuatro elementos naturales, junto con la tierra, el agua y el aire.
Pues eso.
(Continuará)
Emilio Alonso Sarmiento
Nacido en 1942 en Palma. Licenciado en Historia. Aficionado a la Filosofía y a la Física cuántica. Político, socialista y montañero.