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Mecánica cuántica. Los Cuantos. X


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Los osciladores de Max Planck, le obligaron a dividir la radiación de energía, de un modo que pudiese proporcionarnos los “chunks” (trozos) correctos de hv. Él no creía que la energía de la radiación, se hallase dividida realmente en “cuantos”, sino tan solo, que ese era el modo en que sus osciladores, podían recibir y emitir energía.

“¡Caballeros!” dijo Planck, a las 5 en punto de la tarde del viernes 14 de diciembre de 1900, a los miembros de la Sociedad de Física Alemana, que estaban sentados en la sala de actos, del Instituto de Física de la Universidad de Berlín. Frente a él se hallaban, cuando empezó su conferencia “Sobre la teoría de la ley de distribución, de la energía del espectro normal”. “Hace varias semanas – prosiguió – tuve el privilegio de llamar su atención, sobre una nueva ecuación que parecía, en mi opinión, adaptarse a la ley de la distribución de le energía radiante, de todas las regiones del espectro” y, luego esbozó la física, en la que parecía asentarse su nueva ecuación.

Al finalizar el encuentro, todos sus colegas le felicitaron. Del mismo modo que Planck consideraba la introducción de los cuantos, es decir, de los paquetes de energía, como un “supuesto puramente formal”, en el que, “realmente no he pensado mucho”, lo mismo pensó, ese día, todo su auditorio. Todos creían que no era más que el habitual recurso teórico, un nuevo malabarismo matemático, que no tenía un verdadero significado físico y, solo servía como paso intermedio provisional, en el camino que conducía a la respuesta correcta. Lo que siguió impresionando a sus colegas, fue la exactitud de su nueva ley de la radiación. Nadie, ni siquiera el mismo Planck, pareció prestar mucha atención, a los cuantos de energía.

A primera hora de la mañana, Planck salió de su casa con Erwin, su hijo de 7 años. Padre e hijo se encaminaron, hacia el cercano bosque de Grunewald, uno de los pasatiempos favoritos de Planck, que disfrutaba paseando con su hijo. Erwin recordó posteriormente que, mientas caminaba con su padre, éste le dijo: “¿Sabes que hoy he hecho un descubrimiento un importante como el de Newton?” ¿Es posible que, después de todo, Planck se diera cuenta de las implicaciones de los cuantos? ¿O lo que estaba tratando de transmitir a su joven hijo, no era más que la importancia, de su nueva ley de la radiación? Algunos historiadores de la ciencia, no creen que fuera nada de todo ello, sino tan solo una expresión de alegría, por haber descubierto, no una, sino dos, constantes fundamentales: k (a la que denominó “constante de Boltzmann”) y h (a la que los físicos acabarían denominando “constante de Planck”). Se trataba de dos constantes físicas y eternas, de dos absolutos, por tanto, de la naturaleza.

Planck reconoció su deuda con Boltzmann. Después de bautizar a k con el nombre del austriaco, Planck también propuso, en 1905 y 1906, a Boltzmann para el premio Nobel. Pero entonces ya era muy tarde, porque la salud de éste era muy frágil: padecía asma, migrañas, problemas de visión y angina de pecho. Aunque ninguna de esas dolencias, resultaba tan debilitadora, como los ataques maniaco-depresivos que padecía. En 1906, mientras se hallaba de vacaciones en Duino, cerca de Trieste, Boltzmann se ahorcó. Tenía 72 años.

Pues eso.

(Continuará)

Nacido en 1942 en Palma. Licenciado en Historia. Aficionado a la Filosofía y a la Física cuántica. Político, socialista y montañero.