Temores cotidianos
- Escrito por Emilio Alonso Sarmiento
- Publicado en Tribuna Libre
Fue allá por los años 70 u 80, cuando comencé a estar atento, a los escritos de Pierre Rosanvallon, historiador francés. Es seis años menor que yo, así que, por entonces, ambos éramos aún jovencitos. Por aquellos tiempos, Pierre militaba en el PSU (Partido Socialista Unificado), afiliados al cual estuvieron, también, Pierre Mendes-France y Michel Rocard. Rosanvallon fue unos de los principales teóricos de la “autogestión”, muy en boga, entonces, en ciertos círculos izquierdistas (embobados con el supuesto sistema yugoeslavo de Tito) y, muy especialmente, en el sindicato francés no comunista, de la CFDT.
Pues bien, Pierre acaba de publicar su enésimo libro: “Les épreuves de la vie”, en el que aborda, la importancia de acercar los grandes discursos, a las dificultades cotidianas, a esos obstáculos que se suelen explicar de forma estructural, pero que son bien reales para las personas normales, personas de carne y hueso. Me parece una buena forma de comenzar a comprender el mundo, desde una perspectiva sensible, y actuar en consecuencia para entender, por ejemplo, la deshumanización producida en situaciones de acoso o abuso de poder, y/o las rupturas vitales que provocan, los trastornos económicos causados por el coronavirus.
Los grandes desafíos de la humanidad, que hasta ayer como quien dice, parecían tan ajenos a nuestras vidas, ya se han incorporado, a nuestros temores cotidianos: el cambio climático y las pandemias. Conforman ya esa “caja negra”, a la que se refería Máriam Martínez-Bascuñán. Es caja de expectativas, de miedos y enfados, que no hemos sabido explicar, mediante grandes teorías o ampulosos discursos. Hasta que estallan, y los llamamos, entonces, “movimientos sociales”, el Me Too, el Black Lives Matter o los “chalecos amarillos”. Invisible para muchos, la caja negra de anhelos y miedos, parece que sí la explotan bien los populismos, que incluso la han simplificado, bajo el paraguas de la política de identidad: “Si usted es negro y esta preocupado por la brutalidad policial, eso es política de la identidad”, ironizaba el otro día Ezra Klein (periodista californiano).
La prueba del algodón del discurso político democrático, debería ser si atiende a esas grietas sociales, con un leguaje que hable de veras, sobre la vida de las personas, reconocible, entendible, para quienes lo escuchan. Y pensado para generar cohesión, y no para dividir más la sociedad. Hay grietas, demasiadas, que no se pueden abordar, bajo la óptica de ese libertarismo, soberbio y autosuficiente, del “cada uno puede hacer con lo suyo, lo que le de la gana”. O insinuando que tener una nómina y un salario, pero no poder pagar el alquiler, significa ser un fracasado. Ese discurso genera división y resentimiento, alimentando la idiota exuberancia, de quienes se sienten ganadores. Los españoles no hemos ganado a pulso, estimo, el derecho a un debate serio.
Pues eso.
Emilio Alonso Sarmiento
Nacido en 1942 en Palma. Licenciado en Historia. Aficionado a la Filosofía y a la Física cuántica. Político, socialista y montañero.