No es “titulitis”
- Escrito por Eduardo Montagut
- Publicado en Tribuna Libre
Hay quien piensa que parece elitista criticar que haya políticos que no tienen realmente títulos universitarios contrastados y de universidades de verdad. Pero eso es desviar el debate político desde una posición marcadamente populista y demagógica. El problema no es ese, el problema tiene dos dimensiones más importantes. Es, en primer lugar, intentar engañar y la segunda tiene que ver con la banalidad a la que hemos llegado en política.
Primero, hemos dicho, que es engañar. Si no dices la verdad en tu currículum cuando accedes a un cargo público no eres digno del mismo porque has engañado, y esto no tiene más discusión. Da igual las explicaciones o excusas que des.
Lo segundo es más complicado. Y lo es porque constituye un mal muy extendido en nuestra sociedad y que tiene que ver con el hecho de que se piensa que con un máster o curso de dudosas instituciones educativas has conseguido formación. No es así, ni mucho menos. La formación es, como decíamos en un artículo de opinión anterior, algo muy serio que exige tiempo, dedicación, estudio y esfuerzo.
Pero, ¿entonces hay que estudiar para acceder a un cargo público? No, lo que se necesita es no mentir, en primer lugar, y luego tener voluntad de formarse cuando se está en el camino político e ir más allá de hacer pasillos, pegar carteles, estar en las redes todo el día, ser palmero de un líder y salir en programas de televisión o de radio diciendo obviedades o simplemente necedades.
Pablo Iglesias fue tipógrafo, fundó dos organizaciones fundamentales en la historia de España, escribió casi todos los días, siempre estuvo formándose y luchando para que se formaran los demás, además de ser un brillante concejal y un intensísimo diputado. Manuel Cordero fue panadero y sobresalió en el Ayuntamiento de Madrid. Largo Caballero fue estuquista y defendió y sacó adelante uno de los programas sociales más intensos de la historia de la administración española cuando fue ministro de Trabajo. Ciertamente, a su lado, hubo enormes intelectuales, como Fernando de los Ríos o Julián Besteiro, además de la figura que calificaría de mixta, de Indalecio Prieto, formado en las redacciones periodísticas. Como políticos, ¿fueron mejores De los Ríos o Besteiro que Largo Caballero o Cordero? Puede ser o no, pero no en función de su formación sino de otros factores. Los primeros pudieron estudiar y ser brillantes, los segundos aprendieron en el taller, en la calle, en las Casas del Pueblo, administrando sociedades obreras o dirigiendo agrupaciones socialistas. Pero éstos últimos siempre tuvieron la voluntad de formarse, de leer, de aprender, y, sobre todo, no engañaron con sus orígenes y profesiones, porque hasta las ponían en los carteles electorales.
En todo caso, no me gustaría terminar esta pieza de opinión dando la impresión de que solamente estoy criticando a la derecha por esta frivolidad de las formaciones. También en la izquierda existen personajes, y he tenido la triste “suerte” de conocerlos, que solamente han hecho vida de partido, sin servir comidas en un bar, poner ladrillos en la obra, cortar el flequillo a un chaval en una peluquería o prepararse las clases de la Universidad, y sí, en cambio, vivir en los pasillos de las organizaciones, intentando sobrevivir a los vaivenes de líderes y épocas, cayendo siempre de pie en los cambios.
Eduardo Montagut
Doctor en Historia. Autor de trabajos de investigación en Historia Moderna y Contemporánea, así como de Memoria Histórica.
Premio Mejor Aliado 2024 de la Asociación Blanco, Negro y Magenta.
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