Besteiro y la segunda etapa en la socialización de las viviendas
- Escrito por Eduardo Montagut
- Publicado en Tribuna Libre
La segunda etapa en relación con la historia de la socialización de las viviendas se centró en la socialización en sí de la construcción.
El motor del cambio fue la existencia de intereses contradictorios entre los obreros y los empresarios de la construcción.
En la lucha entre estos dos sectores o elementos, los obreros habrían terminado por conseguir, en general, mejoras en salarios y una reducción de la jornada laboral, aunque Besteiro consideraba que no había que exagerar la trascendencia de estas ventajas, atenuadas por la naturaleza intermitente del trabajo de la construcción, y que era debida no sólo a las crisis provocadas en interés de los capitalistas, sino también por las suspensiones de labor forzadas por el curso de las estaciones o por las inclemencias del tiempo.
Pero lo que había que destacar, y siempre según Besteiro, y como fenómeno característico de la posguerra era que en la industria de la construcción, al tiempo que los trabajadores habían alcanzado ventajas económicas, se había producido una queja reiterada de los empresarios y los técnicos acerca de la disminución considerable del rendimiento de la mano de obra.
La cuestión era que se trataba de un fenómeno europeo no local, por lo que la causa debía ser común y debía buscarse en la naturaleza misma de la industria y en las características del momento. Besteiro exponía algunas opiniones de personas competentes en la materia y que se habían ocupado del problema. Al parecer, todas las opiniones coincidían en que el fenómeno tenía que ver con el descontento de los obreros por aportar su trabajo y esfuerzo a la industria privada. Y eso lo comprendía Besteiro porque en la industria privada el obrero no podía librarse de la inseguridad del cobro del jornal ni de perder las ventajas obtenidas. La única estabilidad que alcanzaba a lograr era a fuerza de estar vigilante permanentemente y en lucha constante, y eso restaba fuerzas de todo tipo para el trabajo en sí. En conclusión, esas opiniones reputadas consideraban que el único remedio a ese mal consistía en socializar la industria de la construcción por medio de cooperativas constituidas de forma democrática.
Ya desde 1919 en el Reino Unido y Alemania esta solución se estaba llevando a cabo. Las guildas inglesas y las cooperativas alemanas eran la transformación de los sindicatos de la construcción en eso, en cooperativas, conservando el carácter democrático sindical, e incluyendo las asociaciones de técnicos.
Los fundamentos sobre los que descansaba este régimen o modelo corporativo en la construcción eran dos: jornal continuo, independientemente de las contingencias que hemos referido más arriba, además de por las propiamente personales como accidentes y enfermedades, pero también por renuncia a percibir dividendos, invirtiendo las ganancias en el perfeccionamiento industrial.
En todo caso, había alguna diferencia entre los modelos británico y alemán. En el primero había menos intervención de los poderes públicos frente al segundo, el alemán, pero la base de toda cooperativa de la construcción estaba en ellos contratos de las mismas con los municipios para la construcción de viviendas.
El primer momento de la socialización de la vivienda, es decir, la posesión del terreno edificable estaría en gran parte realizado en Europa por la acción municipal, auxiliada por el Estado. El segundo momento, consistente en la organización de cooperativas de construcción, estaba en marcha.
Ahora tocaba el tercer período o momento, que veremos en otra entrega de esta serie.
Eduardo Montagut
Doctor en Historia. Autor de trabajos de investigación en Historia Moderna y Contemporánea, así como de Memoria Histórica.
Premio Mejor Aliado 2024 de la Asociación Blanco, Negro y Magenta.
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