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Elogio de la política: reflexionando con Indalecio Prieto en 1924


(Tiempo de lectura: 2 - 4 minutos)

Indalecio Prieto realizó un elogio de la política en noviembre de 1924, es decir, a un año largo de la llegada al poder por parte de Miguel Primo de Rivera a través de un golpe de estado. Esta defensa de la política se hacía frente a los que sentían fobia por la misma y consideraban que la nación era como una empresa industrial necesitada nada más que de técnicos para gobernarla.

Es evidente, que sin nombrar a nadie explícitamente, Prieto combatiendo el populismo triunfante basado en que los males de España provenían de la política desarrollada en el sistema de la Restauración, y que en aquella época se denominaba como viejo régimen. En este sentido, es muy recomendable la lectura de la reciente monografía sobre Miguel Primo de Rivera del historiador Alejandro Quiroga Fernández de Soto, y que lleva el significativo subtítulo de “Dictadura, populismo y nación”. En dicho libro se demuestra que el general fue el primer eslabón de una larga historia en defensa del populismo para justificar una visión y actuación políticas extremadamente conservadoras y autoritarias, teñidas siempre de un acusado nacionalismo españolista, y que serían, como bien sabemos, llevadas al paroxismo con el franquismo, renaciendo en nuestra España actual de la mano de las posturas extremas y no tan extremas en las derechas políticas y mediáticas españolas.

Pues bien, Indalecio Prieto no defendió el régimen de la Restauración, no podía hacerlo siendo socialista, y en el artículo que publicó en aquel otoño en El Imparcial, y luego recogido en El Socialista, hizo un repaso muy crítico a aquella etapa histórica, pero defendió al parlamento como una institución superior en capacidad y moralidad a los demás órganos del Estado, además de que el tipo medio del político español no era peor que los representantes de otros sectores de la actividad nacional. Verdad era que el sistema tenía muchos vicios, deteniéndose en el institucionalizado fraude electoral, pero no vedaba al mérito. Era posible que la política no atrajese a hombres de valía, pero para la política era necesario ante todo vocación. No se podía cargar solamente contra los grupos gobernantes sino también con la indiferencia española como responsable del alejamiento, que Prieto llegó a calificar de cobarde de la intelectualidad.

Pero, además, la política, y esto es lo que más nos puede interesar en clave actual, no sólo necesitaba vocación sino una aptitud especial, no estando vinculada de modo expreso con títulos académicos ni con competencias científicas, por lo que era sorprendente que se defendiese que debía haber gobiernos de técnicos. Era evidente que ingenieros, médicos y profesores podían ser excelentes gobernantes, pero no por su técnica o saber, sin por su vocación y aptitudes políticas. Un gobierno de técnicos sin emoción política era el caos, porque los técnicos serían gente de “peligrosa unilateralidad” y el arte de gobernar necesitaba, como base, una visión de conjunto.

Sumamente sugerente nos parece la afirmación de que los que sentían fobia por la política defendían que la nación era una empresa industrial que solamente necesitaría una gestión técnica, como anunciamos al principio de nuestro artículo. Piense el amable lector que esto lo estamos escuchando desde hace un tiempo desde distintos ámbitos de la derecha, desde la más extrema hasta la más aparentemente liberal, fustigando, a la clase política en general, y a la política como algo muy malo, calando en amplios sectores de opinión. Los males de España provendrían, en gran medida, de nuestros políticos.

Para gobernar eran necesarios otro tipo de hombres y, sobre todo, el libre juego de la opinión. Si se había de apelar a “ficciones grotescas” como la de gobierno de técnicos, era mejor haber seguido como se estaba, en una clara alusión al momento histórico con una crítica velada al supuesto apoliticismo de Miguel Primo de Rivera, pero sus ideas pueden ser interpretadas en clave actual.

Todos los que defendemos visiones progresistas sabemos que detrás de la defensa del ideal tecnocrático siempre se enmascaran soluciones extremadamente conservadoras, cuando no autoritarias o dictatoriales. Experiencia tenemos en España, y la época de Primo es un ejemplo. Y terminamos ya, volviendo a recomendar el libro aludido porque encontrarán, además de un documentado conocimiento histórico, muchas enseñanzas de ese peligro que nos sigue persiguiendo y que no es otro que el del populismo.

Doctor en Historia. Autor de trabajos de investigación en Historia Moderna y Contemporánea, así como de Memoria Histórica.

Premio Mejor Aliado 2024 de la Asociación Blanco, Negro y Magenta.

 


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