Mario y La visión de Ezequiel en Florencia (Todo sobre ver un cuadro)
- Escrito por Rosa Amor del Olmo
- Publicado en Obreros por el mundo
Llevaba un pantalón de color negro, una camisa de color malva a juego con corbata y una chaqueta de pana negra. Sus cabellos grises le daban un aspecto muy agradable de madurez bien asentada y comprendida. Era en suma, un hombre muy atractivo y de complexión bastante fuerte, lo que le hacía bastante inconfundible. Cuando la miró era como si mirase cualquier cosa, era la mirada del que no ve, porque está pensando en otra cosa. Su mujer, hacía tiempo que no le dedicaba la atención que él necesitaba, no porque no quisiera sino porque sus obligaciones de "madre" la habían trastornado y ocupado todo el tiempo que tenía.
Era una chica agradable, atractiva y más joven que nuestro protagonista que ya andaba por la sesentena. Sandra su mujer aún tenía 46 años y un aspecto jovial, lo que en cierto modo es relevante a ciertas edades. Este hombre, Mario Gutiérrez como así se llama en este viaje por Florencia, se ocupaba de llevar y traer obras de arte a ciertos puntos de Europa, donde marchantes, anticuarios y subasteros adquirían dichas joyas a precio increíble. Soy amiga de Mario, es un sol.
Ese día estaba nuestro hombre en el aeropuerto esperando pacientemente su vuelo, su mujer en casa con los cinco hijos, mientras que él se debatía entre diversas ideas que le atormentaban. Se preguntaba una y otra vez por aquel sistema de vida que sí, le daba pingües beneficios, pero no siempre. Envidiaba con frecuencia la ocupación de maestra que tenía su mujer y por eso la odiaba en el fondo. ¡Pues confórmate con menos, le decía ella! -como hago yo. Él sabía que no podía conformarse con menos porque tenía muchas bocas que alimentar y quería sostener a toda su familia y hacerlo bien, por todo lo alto. Los hombres tienen que arrastrar desde que nacen esa obligación de tener que alimentar a un montón de gente que resulta ser su familia; una obligación detestable, demasiado pesada para muchas espaldas, y sin embargo, tienen que cargar con ella, sí o sí. Por esa razón dejó su puesto de diplomático, porque le tenían de un sitio a otro, en embajadas que nadie quería ir, y llegado el momento no pudo soportarlo más. Con sus contactos y su bagaje cultural, se volcó en la representación de obras de arte lo que le daba una mayor libertad de acción. El cuadro debía viajar a una exposición temporal a París.
Cuando aquel día la vida le proporcionó esa oportunidad, no lo pensó dos veces. Estaba harto de ir y venir, del hastío de la vida misma, de la frivolidad del ser en su entorno, de su incapacidad para ser feliz, de no poder "perdonar" ni comprender los porqués de la ocupación maternal de su mujer, a la que siempre encontraba cansadísima.... Estaba harto de la vida misma. El cuadro de La visión de Ezequiel de Rafael, representa a Dios rodeado por dos ángeles y por los cuatro animales simbólicos de los Evangelistas o tetramorfos. Rafael en este lienzo de tamaño bastante reducido, representó a las cuatro formas o criaturas de las que habla el libro bíblico de Ezequiel y el de Revelación. Después de que fuese llevado a París cuando formaba parte de la colección de la Galería de los Uffizi entre 1799 y 1816, terminó tras el regreso de las colecciones de pintura florentina, en la Galería Palatina del Palacio Pitti.
No lo pensó dos veces, intentaría por todos los medios, falsificar aquel cuadro y llevar la copia al Louvre. ¿Cómo lo haría? No era tan difícil para él, conociendo a excelentes pintores y tantos otros ayudantes y faranduleros de la plástica. Convencido de que esa sería una de sus tretas finales para disfrutar plenamente de la libertad y puede que de su familia, quiso antes de nada asegurarse bien, de cómo haría el cambio. Al ser el encargado de ejecutar la traída y llevada de aquella obra, lo haría a sabiendas de que nadie iba a sospechar, mucho menos la escolta que le acompañaría durante el viaje. Podía despistarlos con bastante facilidad, su inteligencia le daba para eso y mucho más. Sandra no paraba de llamarle porque sabía que urdía algún plan a escondidas y llevaba razón. Pensar en que aquel "cambiazo" saldría bien era algo imposible, pero salió bien. Con su poder de persuasión, Mario Gutiérrez logró atesorar una fortuna y poder "jubilarse" de la vida pública vendiendo aquella joya en el mercado negro, bueno, en realidad, no tan negro, a sabiendas de que todo iría bien quedó de momento satisfecho, llevó el cuadro a París y se quedó por Florencia. Nada como continuar en el lugar de los hechos para que nadie desconfíe de ti.
La visión de Ezequiel asentado de nuevo en El Palazio de Pitti es un lugar maravilloso, que impacta al visitante situado en la ribera sur del río Arno, a muy corta distancia del Ponte Vecchio que data de 1458 y que fue originalmente la residencia urbana de Luca Pitti, un banquero florentino. En 1549 fue comprado por Leonor Álvarez de Toledo y Osorio), la duquesa consorte de Cosme I de Médici, duque de Florencia y posterior I gran duque de Toscana, siendo —desde ese momento— la residencia oficial de los grandes duques de Toscana. En el siglo XIX, el palacio fue usado como base militar por Napoleón I y luego sirvió durante un corto período como residencia oficial de los Reyes de Italia. A principios del siglo XX, el palazzo junto con su contenido fue donado al pueblo italiano por el rey Víctor Manuel III de Italia; por lo que se abrieron sus puertas al público y se convirtió en una de las más grandes galerías de arte de Florencia. Hoy en día continúa su actividad como museo público, ampliado con colecciones de arte del siglo XIX y principios del XX. Florencia es un lugar tan agradable donde se respira arte y donde el visitante –no turista- ya sabe que va a lo que va: profundizar en la cultura, mimetizarse en una cronología de tiempo que cambia a lo largo del día, sus cielos, el olor…el bullicio y por fin, un cappuccino para descansar de tanto impacto que más que humano, se diría sobrenatural.
Rosa Amor del Olmo
Doctora en filosofía y letras, Máster en Profesorado secundaria, Máster ELE, Doctorando en Ciencias de la Religión, Grado en Psicología, Máster en Neurociencia. Es autora de numerosos artículos para diferentes medios con más de cincuenta publicaciones sobre Galdós y trece poemarios. Es profesora en varias universidades y participa en cursos, debates y conferencias.