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La vida y los autores: Fernán Caballero un pseudónimo de mujer


(Tiempo de lectura: 2 - 4 minutos)

Apegada al realismo balzaciano y en primer lugar he de decir -para aquellos que no la conocen- que Fernán Caballero (escritora) recurrió a un artificio que su ideario estético no admitía: adoptar un alias, con una apariencia de virilidad y españolidad, para ocultar su propio sexo y su verdadero nombre. Se llamaba, en realidad, Cecilia Bölh, y era hija de un ilustre hispanista alemán, Juan Nicolás de Faber. Era ella, de alguna forma, española por elección, aunque se había educado más en Hamburgo que en las escuelas de Cádiz a las que su padre la envió en la niñez. Este hecho marcaría toda su obra: sus asuntos, el tema de sus novelas o relaciones (como prefería denominarlo) es siempre español, pero sus textos están escritos en alemán.

Al cumplir los veinte años, Cecilia se casó con Antonio Planells, un militar español sin demasiada fortuna y destinado a Puerto Rico. Apenas seis meses más tarde quedó viuda y volvió a España; era 1818, y su regreso coincidió con el de muchos ilustrados que, tras haberse enrolado con José Bonaparte, habían pagado el pecado con un largo exilio. En 1822, Cecilia contrajo segundas nupcias con el futuro marqués de Arco-Hermoso. Comenzó para ella una vida en la que no faltaba el lujo: su casa de Sevilla se convirtió en centro de numerosas tertulias, casi todas ellas literarias (las políticas no estaban bien vistas ni por ella ni por su familia) donde se comentaban las primicias del Romanticismo europeo.

De esa época datan los primeros escritos de a autora, muchos de ellos no fueron jamás publicados, porque estaban cargados de contenido autobiográfico. No pueden haber sido textos estilísticamente muy distintos de la primera novela que escribió y publicó en alemán: Sola oder Wahreit und Sein; escrita e n1833, la novela apareció en Hamburgo en 1840 y sólo bastante más tarde se publicó su traducción castellana, con el título de Sola.

Para 1834 su estética se había despojado ya de todos los elementos que, vigentes en la época, chocaban de alguna forma con sus intenciones profundas. La familia de Alvareda, su segunda obra -firmada ya con el pseudónimo de Fernán Caballero- apareció, también en alemán, en 1834. Es una novela que podría integrase perfectamente en la corriente literaria de la novela sentimental inglesa, pero ya apuntan en ella las cualidades de la madurez: el gusto por el apunte costumbrista, la simpatía por la vida rural, contrapuesta a la agitación, tan poco aristocrática, de las ciudades. En 1835, la novelista volvió a quedar viuda y perdió a su padre, que era también su principal consejero y crítico literario. Dos años más tarde la novelista tomó una decisión que no dejó de causar un gran escándalo en la sociedad española: casarse con Antonio Arrón, dieciocho años más joven que ella y embajador de España en Australia.

A pesar del escándalo, con el tercer matrimonio comienza para la escritora el período más fecundo de su obra literaria. La novelista Fernán Caballero abandona la vena sentimental que había caracterizado a Cecilia Böhl y sus relatos adoptan el tono descarnado de los escritores costumbristas.

Pero La gaviota obra que escribió en 1945, podemos considerar la mejor obra y más conocida de la autora. En el prólogo de La gaviota, obra a la que define como relación, para evitar el término novela, Fernán Caballero confiesa por fin alguno de los principios estéticos que habían regido su obra narrativa. La preocupación de Fernán Caballero por reflejar a la sociedad en que vivía recurrió para ello a un mayor artificio: una sencilla trama, que sirve para subrayar los aspectos de la realidad que le interesaba narrar. Es una de sus obras de madurez, y en ella no faltan los tonos melodramáticos ni las digresiones moralizadoras, parte inseparable de la poética de la autora. Con todo, forma parte de ese amplio cuadro que Fernán Caballero quiso trazar, y que tiene en verdad un protagonista único: el español humilde, campesino, y sus relaciones con un medio difícil, a veces cruel, que tiende a destruir su alma y le cierra todo camino hacia la felicidad.

Viuda por tercera vez, protegida de la familia real y de los duques de Montpensier, la escritora murió en Sevilla en 1877, sin haber recibido una crítica justa de su obra literaria. El tiempo, sin embargo, ha despejado el camino hacia un entendimiento más pleno de una de las personalidades literarias más singulares del siglo XIX.

Doctora en filosofía y letras, Máster en Profesorado secundaria, Máster ELE, Doctorando en Ciencias de la Religión, Grado en Psicología, Máster en Neurociencia. Es autora de numerosos artículos para diferentes medios con más de cincuenta publicaciones sobre Galdós y trece poemarios. Es profesora en varias universidades y participa en cursos, debates y conferencias.


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