La generación Yayo
- Escrito por Rosa Amor del Olmo
- Publicado en Opinión
En un mundo donde la juventud a menudo se asocia con la rebeldía y la búsqueda constante de novedades, los Yayos destacan por su enfoque distinto. Son esos jóvenes y jóvenas que no tienen edad aparente pero sí que tienen algunos denominadores comunes de comportamiento. No encajan en ningún sitio desde que son adolescentes ¿por qué?
Son como abuelos, pero en el mejor sentido de la palabra, no porque sean ancianos, sino porque llevan consigo la sabiduría y el conocimiento de generaciones pasadas. La música, la lectura, la filosofía, y un amplio espectro de temas parecen estar a su alcance. Saben de todo un poco y disfrutan cuando las cosas siguen el curso que consideran correcto.
Esta peculiar generación no es fácil de entender, y es que se resisten a encajar en los moldes preestablecidos. Mientras algunos de nosotros nos definimos por nuestras afiliaciones políticas o nuestras elecciones dietéticas, los Yayos desafían las expectativas. Si te consideras un socialista de toda la vida, ellos pueden sorprenderte casándose por la iglesia en el mismísimo Vaticano con su amiga de la infancia, o si eres un carca que flipas, entonces te sorprenderán trayendo a cenar a su amigo, quien se quedará a cenar con su pijama de cuadros, sus zapatillas de franela y su orinal. Eso sí, hablarán de temas tan cultos, que ni te vas a enterar. Están a la última en lo que se refiere a exposiciones, arte, últimos conciertos, críticas de estos…lo saben todo. Si te contentas con cualquier comida sin darle demasiada importancia, es probable que ellos surjan de la nada, armados con conocimientos sobre nutrición y alimentos saludables después de haber devorado veinte series de MasterChef.
¿Por qué los Yayos son así? La respuesta no es simple. Tal vez buscan un equilibrio en un mundo que a menudo parece estar fuera de control. O tal vez, al abrazar la sabiduría y los placeres de generaciones anteriores, intentan encontrar la autenticidad en una sociedad cada vez más digital y efímera. Lo cierto es que los Yayos nos desafían a mirar más allá de las etiquetas y a apreciar la diversidad y complejidad de las personas, independientemente de su edad.
En un mundo donde la juventud es elogio y a menudo se asocia con la rebeldía y la búsqueda constante de novedades, los Yayos destacan por su enfoque distinto. Por supuesto, sus mejores amigos no bajarán de los 50 años, que en general, suelen ser los tuyos. ¡Pues sabes que me entiendo mejor con tu hija que contigo! Te dirá tu amigo plasta de toda la vida. ¡es que te supera en todo! ¡Ya quisieras haber sido la mitad de listo que tu chaval!...y tú con cara de asombro, vas en busca de un buen terapeuta para ver qué pasa.
Los jóvenes Yayos son una especie de enigma adorable en el mundo actual. No van a ir de fiestón por la sencilla razón de que eso es “para otros” no te van a decir que es “para otros” porque te lo puedes tomar como quieras, no es “para ellos”. Es como si perdieran el tiempo, como si el desenfreno cafre no entra en su medida e introvertida forma de actuar. Eso sí, que no les dé el venazo que te demostrarán que son capaces de exhibir sus 20 años y te has caído con el equipo. Como esos personajes entrañables de una película de ciencia ficción que desafían todas las normas, estos jóvenes eternamente sabios y desconcertantes son como un puñado de abuelitos y abuelitas atrapados en cuerpos juveniles. A veces, da la impresión de que viajaron en el tiempo desde una época pasada solo para confundir a todos los que los rodean. A ti mismo que es has sido liberal de toda la vida y que si dices que Ayuso es gilipoyas, te cae una chapa encima que te vas a enterar para siempre.
¿Te imaginas a un Yayo haciendo un puzzle en un sofá mientras escucha música clásica en vinilo? No es raro. Tienen una inclinación por lo "vintage" que es realmente encantadora. En lugar de sumergirse en las tendencias de la música actual, pueden sorprenderte citando a compositores clásicos como si fueran sus amigos de toda la vida, ¿por qué? Porque también conocen sus vidas en detalle.
Además, son como bibliotecas ambulantes. Su conocimiento abarca desde filosofía hasta literatura, y no dudan en compartir sus pensamientos profundos en medio de una conversación casual sobre el clima. Pueden hablar de Nietzsche mientras toman un café o de Virginia Woolf mientras esperan el autobús.
Suelen tener un estilo de vestimenta distintivo que se caracteriza por su amor por lo retro y lo clásico, aunque puede variar según el momento. Su ropa a menudo parece una mezcla ecléctica de décadas pasadas y toques modernos, todo ello, elegante. Les gusta usar prendas vintage, como chaquetas de cuero, vestidos de época, camisas de botones y faldas de cintura alta. Además, pueden optar por un estilo clásico con trajes, pantalones de vestir y blusas distinguidas, prefiriendo la calidad sobre la cantidad.
Lo que más destaca de su vestimenta es su habilidad para combinar prendas de manera inesperada. Puedes ver a un Yayo luciendo una camiseta vintage con una falda moderna o un traje clásico con zapatillas deportivas. A menudo, complementan su atuendo con accesorios únicos, como sombreros, gafas de sol retro, pañuelos y joyas antiguas y una multitud de perfumes buenísimos que nadie sabe de dónde los sacan. He preguntado a algunos y me dicen que los traen de Dubai. ¡Bien!
En cuanto a colores, los Yayos suelen preferir tonos terrosos y colores más suaves, como marrones, grises y tonos suaves de azul y verde. A pesar de su estilo clásico y retro, valoran la comodidad y optan por prendas holgadas o tejidos suaves, abrigos largos, boinas francesas. En cuanto al calzado, eligen zapatos cómodos y clásicos, como mocasines, botas o incluso zapatillas de estilo vintage, pero es difícil verlos desaliñados. Ellos padecen esa “audiencia imaginaria” que todo joven tiene, pero también todo abuelo. Piensan que todo el mundo les observa y mira.
Así que, aunque estos Yayos pueden resultar desconcertantes a primera vista, no hay duda de que añaden un toque mágico y cariñoso al mundo. Son una fuente constante de sorpresas y, en última instancia, nos recuerdan que la edad es solo un número y que la vida está llena de posibilidades infinitas.
Rosa Amor del Olmo
Doctora en filosofía y letras, Máster en Profesorado secundaria, Máster ELE, Doctorando en Ciencias de la Religión, Grado en Psicología, Máster en Neurociencia. Es autora de numerosos artículos para diferentes medios con más de cincuenta publicaciones sobre Galdós y trece poemarios. Es profesora en varias universidades y participa en cursos, debates y conferencias.
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